El baile de nombres en el Episcopado español después de que el papa Francisco haya nombrado a Carlos Osoro nuevo arzobispo de Madrid dejaba vacante la archidiócesis de la que era responsable hasta ahora, la de Valencia. Y si la llegada de Osoro representa el adiós a una de las voces más identificadas con la Iglesia reaccionaria como la de Rouco Varela, los movimientos también suponen que la vacante valenciana sea ocupada por Antonio Cañizares, que cuando era arzobispo de Toledo también se labró a pulso un perfil ultraconservador que azuzó algunos de los principales conflictos de la Conferencia Episcopal con el Gobierno en la etapa de Zapatero. Tras la salida de Zapatero de Moncloa y la marcha a Roma de Cañizares éste buscó un perfil menos agrio y tuvo gestos conciliadores hacia el expresidente.

Rouco se va, pero vuelve otro 'duro'
Cañizares es actualmente prefecto de la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, 'ministerio' vaticano para el que fue designado por el papa Benedicto XVI en 2006. Valenciano de Utiel, nacido en 1945, Cañizares se desplazó al Vaticano tras perder las elecciones para presidir la Conferencia Episcopal en 2005 ante Ricardo Blázquez.

"Me es familiar el valenciano aunque no lo hable"
Durante sus tiempos en Toledo Cañizares entró a menudo en asuntos políticos y teorizó profundamente sobre las raíces católicas de España y la indivisibilidad del país y de la propia Iglesia. Ahora ha demostrado que sus preocupaciones siguen siendo las mismas. En una carta dirigida a la Archidiócesis de Valencia con motivo de su nombramiento, Cañizares proclama: "No vengo a una tierra desconocida: ¡es mi tierra, Valencia!; conozco sus pueblos, ciudades, aldeas, y comarcas, conozco a sus gentes, para mí tan cercanas y entrañables, conozco sus costumbres, su historia, su cultura, con las que me identifico y que me identifican; me es familiar su dulce y propia lengua valenciana aunque por ahora no la hable, pero que espero me enseñéis vosotros a hablarla bien y pronto". También afirma que "allí donde he estado me he considerado valenciano e inseparablemente español".

El desafío de la unidad nacional
Y así presenta Cañizares su principal reto:

Vuelvo a España, insertado y enraizado en Valencia, con un gran desafío que no puedo omitir y apremia: la unidad. La unidad, en primer lugar, en la Iglesia: que seamos y estemos unidos como una piña para evangelizar y así recobrar el vigor de una fe vivida. La unidad en un proyecto común en que todos quepamos, todos aportemos, todos recibamos de esa misma unidad, sin excluir a nadie, con mano siempre tendida a todos. Es un desafío para España y también de la Iglesia que en ella peregrina