1. La línea de puntos
Pedro Sánchez es el nexo de unión de los casos judiciales relativos a: la ley de amnistía, el Fiscal General del Estado Álvaro García, su mujer Begoña Gómez y su hermano David Sánchez. Si se une la línea de puntos en todos estos casos, lo que nos sale es la silueta del ‘Perro’. Aunque procesalmente no es posible, si los casos de Sánchez, Gómez y García llegaran algún día a un alto tribunal europeo, lo más probable es que quedaran en nada, que es precisamente lo que está ocurriendo con la ley de amnistía.
2. Jueces y ciudadanos
Esperada sentencia de la justicia europea: nominalmente es una sentencia sobre la ley de amnistía, pero materialmente lo es sobre la justicia española, en concreto sobre las más altas instancias de la justicia española, que convirtieron el desafío independentista primero y la ley de amnistía después en un asunto personal, es decir, pasional. A muchos ciudadanos de a pie les sucedió lo mismo, pero los jueces no son ciudadanos de a pie ni pueden dejarse llevar por las mismas fobias, emociones y prejuicios que aquellos. Muchos ciudadanos de derechas que están enfadados con Pedro Sánchez habrían condenado a Álvaro García y a David Sánchez y condenarían llegado el caso a Begoña Gómez, pero los jueces no deberían imitarlos porque si lo hacen pierden, precisamente, la confianza y el respeto de los ciudadanos de a pie: y sin ese respeto y esa confianza los jueces no son nada. Y el Estado de derecho, tampoco.
3. Animal de compañía
Lo más importante de cuanto, sin decirlo, ha dicho la justicia europea sobre la ley de amnistía es que no es en absoluto lo que la justicia española dijo, y en voz bien alta, que era. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha dicho: “La amnistía se aprobó para reducir las tensiones políticas y facilitar la reconciliación”, justo todo lo contrario de lo que gritaban los jueces que, vestidos de jueces, se manifestaron a las puertas de los palacios de justicia de España contra una ley que en ese momento ni siquiera se había redactado ni, por supuesto, aprobado. Lo que, resumiendo mucho, ha dicho el TJUE y vienen diciendo otros jueces europeos es que no, colegas españoles, no os empeñéis, que no, que pulpo no vale como animal de compañía, ni bloquear un aeropuerto vale como terrorismo, ni financiar con fondos públicos un referéndum ilegal vale como enriquecimiento personal. En todo caso, el dictamen del Tribunal de Justicia de la Unión Europea está acallando el ruido pero no acallará la furia, que no dejará de escupir sus bulos, sus hipérboles, sus injurias hasta que Pedro Sánchez no deje la Moncloa.
4. No nos moverán… o sí
El mismo tribunal europeo ha dicho también que “los Estados son libres de fijar las condiciones de una amnistía en aras al interés general” y que la ley de amnistía fue un “instrumento para apaciguar un conflicto mayor”. Las derechas siguen creyendo, en cambio, que lo que de verdad apaciguó el conflicto catalán fue la cárcel, las durísimas condenas de cárcel. Nadie las moverá de ahí… hasta que necesiten los votos de Junts, claro, que entonces seguramente dirán que lo del 'procés' fue una chiquillada sin mayor trascendencia. Dame tus votos y pelillos a la mar. ¿Amigos para siempre? Amigos para siempre.
5. Todos a la cárcel
La derecha política, mediática y judicial española piensa que hechos ilegales como el del 'procés' se solventan con cárcel, cuanta más cárcel, mejor, todos a la cárcel, como diría Berlanga; la izquierda es de la opinión de que hechos así, secundados por cientos y cientos de miles de ciudadanos de a pie, se solventan mejor echando mano del perdón, incluso cuando, como en el caso de Pedro Sánchez, quien perdona cobra por ello el premio gordo de su investidura presidencial: perdonar es un acto tan político, e incluso tan jurídico, como encarcelar. Es cierto que sin la necesidad urgente de Sánchez de contar con los votos de Junts para ser investido no habría habido ley de amnistía, pero eso no significa que siendo espurio el móvil no fueran benéficos sus efectos. Aunque acostumbre a hacerlo al revés, esta vez, al menos esta vez la historia habría escrito derecho con renglones torcidos.
6. Juzgar, mandar
La discrepancia de ciertos jueces con Carles Puigdemont no es meramente penal o procesal: es directa y obsesivamente personal. Entre ellos y el expresident que se les escapó a Europa hay algo personal. Por eso, lo más probable es que, cuando toque, esos jueces hagan todo lo posible por dilatar o entorpecer la aplicación tanto de lo decidido hoy por el TJUE como por lo que decida mañana el Tribunal Constitucional. Y es que el destino final de Puigdemont tiene que ver menos con la Ley que con el Poder, es decir, con la pregunta crucial en todo Estado de ‘quién manda aquí’. Los jueces, ciertos jueces que quisieron mandar más que el Congreso escamoteando la aplicación de la ley de amnistía, no quieren perder esta partida, como no la perdieron con el Fiscal General, ni la han perdido con el hermano del presidente, ni esperan perderla con su mujer.
Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.