En los últimos años hemos pasado de ver el cine de superhéroes desde una perspectiva meramente de entretenimiento a otra en la que algunos directores han parecido imprimir un cierto halo de seriedad y de profundidad, a veces incluso de pretendida trascendencia, a unos personajes que nunca antes habían disfrutado de consideración alguna, relegados a un público adolescente y poco más. En 2012, Joss Whedon tomó el reto de realizar Los vengadores, una especie de eclosión del mundo Marvel que reunía a Iron Man, Thor, Capitán América, Hulk…, juntos en una película que se relacionaba con las producciones individuales de cada personaje, siendo continuación y/o complemento de ellas, en un proyecto ambicioso que seguirá creciendo.



Whedon logró en la primera entrega combinar el desarrollo de los personajes, tanto de manera individual como en su relación como grupo, con la espectacularidad típica del producto que es Los Vengadores, en un híbrido tan extraño como interesante que apuntaba a un cineasta (que ya había perfilado muchos de sus logros en sus series televisivas) que concibe el entretenimiento de una manera muy personal, que no niega la espectacularidad ni la acción, pero que también atiende a elementos más dramáticos, también más cómicos. En Vengadores: La era de Ultrón, la continuación de aquella, Whedon ha trabajado de una manera similar, dejando a los personajes respirar, quizá con menos énfasis que en la primera, pero desarrollando un sentido de la acción absorbente.


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La apertura de la película, con un plano secuencia espectacular que presenta a todos los personajes en acción, ya nos habla de lo que podemos esperar de ella. Y cumple de principio a fin. Whedon se toma con seriedad el material con el que trabaja, pero también es capaz de desinhibirse e introducir los suficientes apuntes cómicos como para no caer en la densidad. Y aun así estamos ante una película ambigua y sombría, con puntos oscuros que mira a los personajes como superhéroes pero también desde una perspectiva, sino crítica sí, al menos, algo analítica en sus contradicciones. Enfrenta a todos ellos con sus demonios internos e incluso a alguno de ellos con su lado más oscuro, como en el caso de Iron Man, quien crea a un enemigo que es, en muchos sentidos, producto de sus ambiciones llevadas al extremo.


Pero, evidentemente, Vengadores: La era de Ultrón brilla por el espectáculo visual que supone, porque hay algunos momentos demasiados sobredimensionados y exagerados en su acumulación de acción, Whedon sabe crear un buen ritmo a lo largo de la película combinando momentos de diferente intensidad e introduciendo en la acción los suficientes elementos dramáticos que dan más densidad y sentido a la acción.


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Así, Whedon ha conseguido algo que parecía imposible, superar en todos los aspectos a la primera entrega con una película en el que sentido de la épica alcanza tanto a los personajes como a la acción, abriendo caminos en todos los personajes para una siguiente continuación tanto global como individual. Vengadores: La era de Ultrón es tanto un espectáculo en el mejor sentido de la palabra, porque asume desde el principio esa condición pero no se queda simplemente ahí, busca ir más allá.