Tras las acusaciones de presuntas violaciones sistemáticas a sus empleadas, la carrera de Julio Iglesias esta abocada a la marginación. La gravedad del asunto es enorme y es difícil escuchar a Iglesias sin poner el foco en las noticias conocidas esta semana. Al hilo de este suceso merece la pena repasar cómo el cantante español apareció en la lista negra cultural de la Unión Soviética. Un documento interno elaborado en 1985 por el Comité Regional del Komsomol—la organización juvenil del Partido Comunista— incluyó al cantante español entre los artistas considerados “no recomendables” para sonar en espacios públicos.

Lo más llamativo no es solo su presencia en ese listado, dominado por nombres del rock y el punk occidental, sino la etiqueta con la que fue clasificado: “neofascista”. En esa misma categoría figuraban también AC/DC y Sparks, una combinación tan inesperada como reveladora del tipo de censura burocrática que aplicaba el aparato soviético en plena Guerra Fría.

Según el documento, el objetivo era intensificar el control sobre las actividades en las discotecas y frenar la presencia de repertorios que, a juicio de las autoridades, contenían “composiciones ideológicamente dañinas”.

La lista fue publicada años después por el antropólogo Alexei Yurchak, profesor asociado en la Universidad de Berkeley, en su libro Everything Was Forever, Until It Was No More: The Last Soviet Generation (2006), donde reproduce y contextualiza este tipo de herramientas burocráticas usadas durante la Guerra Fría.

La lista del Komsomol ucraniano que vetaba música occidental

El listado incluía sobre todo grupos y artistas occidentales conocidos en el espacio soviético, y los encuadraba en categorías vinculadas a la censura cultural de la época, como:, “Violencia", “Punk”, “Erotismo”, “Racismo y anticomunismo”, “Propaganda antisoviética", “Distorsión de la política exterior soviética”, “Oscurantismo religioso” o “Neofascismo”.

Aunque muchos nombres correspondían al rock o al punk anglosajón, lo llamativo fue la aparición de Julio Iglesias, uno de los pocos solistas alejados de esos estilos.

La presencia de Julio Iglesias resulta especialmente singular por varios motivos. Era el único intérprete en español o lengua romance citado en ese apartado y uno de los pocos solistas ajenos al circuito del rock duro o la música punk que dominaba el listado. 

Otros artistas prohibidos por “sexo”, “violencia” o “anticomunismo”

El documento también señalaba a otros artistas por razones variadas. Entre los ejemplos citados en el listado y su clasificación figuraban:

  • Sex Pistols, por “violencia”

  • The Clash, por “punk y violencia”

  • Pink Floyd, por “distorsionar la política exterior soviética”

  • Talking Heads, por “mantener el mito de la amenaza militar soviética”

  • Judas Priest, por “racismo y anticomunismo”

  • Black Sabbath, por “oscurantismo religioso”

  • Donna Summer, por “erotismo”

El control cultural soviético y la música que entraba por el mercado negro

Pese a estos filtros, la música occidental circuló en la URSS por canales informales. Durante décadas, los jóvenes recurrieron al contrabando, a grabaciones caseras y a mercados clandestinos para acceder a discos prohibidos.

Uno de los métodos más conocidos fue el de los llamados “discos en radiografías”, un sistema artesanal que usaba placas médicas para copiar canciones, un fenómeno asociado a las escenas underground que buscaban escuchar jazz y rock.

A finales de los años 80, la familiaridad de la juventud soviética con el pop y el rock occidental era cada vez mayor, y en 1991 el concierto masivo de Metallica en Moscú se convirtió en un símbolo de esa apertura final.

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