Fusil contra fusil es una de las canciones más densas y simbólicas de Silvio Rodríguez, y también una de las que mejor condensan su forma de entender la canción política: sugerente, poética y profundamente ligada al contexto histórico sin necesidad de recurrir al nombre propio ni a la consigna directa. Escrita en homenaje a Ernesto Guevara, la canción aborda la muerte del Che desde una perspectiva colectiva, casi mítica, y convierte su figura en una idea que se propaga más allá del individuo.

El contexto en el que nació la canción

Fusil contra fusil fue compuesta a finales de los años sesenta, en un momento clave tanto para la historia de Cuba como para la trayectoria artística de Silvio Rodríguez. La muerte del Che Guevara en Bolivia, en octubre de 1967, había sacudido a la izquierda latinoamericana y al imaginario revolucionario global. En Cuba, el Che no era solo un dirigente político o militar: representaba una ética, una forma radical de entender la solidaridad internacional y la lucha contra el imperialismo.

Silvio Rodríguez, entonces un joven compositor que comenzaba a perfilar lo que después se conocería como la Nueva Trova, escribió esta canción casi de inmediato tras otra dedicada al Che. Él mismo explicó que necesitaba completar aquello que había quedado insinuado en la primera: no el nombre propio del hombre, sino el sentido último de su elección vital. En ese contexto, Fusil contra fusil nace como una respuesta artística al impacto político y emocional de la desaparición del Che, pero también como una reflexión más amplia sobre la violencia, la lucha armada y la desigualdad estructural en el llamado Tercer Mundo.

Qué dice realmente la letra de la canción

La letra de Fusil contra fusil está construida como una elegía, pero también como un relato coral. No se centra en la biografía del Che ni en los detalles de su muerte, sino en el significado de su final. Desde el primer verso —“El silencio del monte va preparando un adiós”— la canción sitúa la escena en un espacio simbólico: la montaña, el lugar clásico de la guerrilla latinoamericana, convertida en antesala de la muerte.

El “hombre de este siglo” que “se perdió allí” no es presentado como un individuo excepcional, sino como una figura representativa de su tiempo. Cuando Silvio afirma que “su nombre y su apellido son fusil contra fusil”, está renunciando deliberadamente al nombre propio para subrayar una idea: el Che encarna la decisión extrema de responder a la violencia estructural con la violencia organizada de los oprimidos.

La canción insiste en esa despersonalización consciente. El cuerpo queda “de la vida allí”, mientras lo que se eleva es el sentido de su acción. El duelo no es íntimo ni privado: “Todo el mundo tercero va a enterrar su dolor”. El luto se expresa con “granizo de plomo”, una imagen que transforma las lágrimas en balas y el llanto en combate.

Los símbolos y metáforas clave

Uno de los elementos centrales de la canción es la sustitución del nombre propio por una fórmula abstracta. “Fusil contra fusil” funciona como metáfora de una relación histórica de fuerzas: opresores armados frente a oprimidos armados. Silvio no glorifica la violencia en sí, pero la presenta como consecuencia de un conflicto previo, estructural y desigual.

La “primera cruz” que despierta la verdad sugiere el nacimiento de un martirologio revolucionario, donde la muerte del individuo inaugura una conciencia colectiva. El acto de “alzar al hombre de la tumba al sol” refuerza esta idea: no se trata de resucitar el cuerpo, sino de repartir el nombre, convertirlo en consigna, en símbolo compartido.

El uso reiterado de imágenes naturales —el monte, el viento, el sol— conecta la figura del guerrillero con un paisaje latinoamericano que actúa como escenario y como sujeto histórico.

El mensaje social, político y humano que atraviesa la canción

Fusil contra fusil articula una lectura del mundo profundamente ligada a los años sesenta y setenta en América Latina: un tiempo marcado por dictaduras, intervenciones extranjeras y movimientos armados de liberación. La canción no plantea una teoría política ni un programa, sino que enuncia una constatación: para muchos pueblos, la violencia no fue una elección estética o ideológica, sino una respuesta a una violencia previa.

Al evitar el nombre del Che y centrarse en la “conclusión extrema” a la que llega un hombre, Silvio Rodríguez desplaza el foco del héroe al proceso histórico. El Che no es solo Guevara; es una figura que se disuelve en una lucha más amplia, que continúa después de su muerte y que pertenece a muchos.

Desde el punto de vista humano, la canción también habla del duelo colectivo, de cómo una muerte individual puede condensar el dolor, la rabia y la esperanza de una época entera. No hay consuelo ni promesa, solo la afirmación de que la historia continúa en forma de conflicto.

Así hablo sobre esta canción el propio Rodríguez, El 9 de noviembre de 2011 al recibir el doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba: "Fusil contra Fusil, la segunda canción que escribí por Ernesto Guevara, la compuse sólo unos minutos después que la primera. Y es que en La Era me faltaba el nombre y el apellido de quien me había mostrado aquella forma de entender la solidaridad. Pero siempre fui enemigo de lo demasiado explícito. Por preferencias personales pensaba que las palabras de las canciones tenían que parecerse a los tropos poéticos. Por eso en Fusil contra fusil, más que a la persona, mencioné la conclusión extrema a la que había llegado un hombre: que a los fusiles de los opresores podían responder los fusiles de los oprimidos".

Dentro de la obra de Silvio Rodríguez, Fusil contra fusil ocupa un lugar central como ejemplo temprano de su manera de abordar lo político desde la poesía. No es una canción narrativa ni biográfica, sino conceptual: transforma a Ernesto Guevara en una idea que excede al personaje histórico. En el marco de la Nueva Trova y del imaginario revolucionario latinoamericano, la canción sigue funcionando como una síntesis precisa de una época, de una ética y de una forma de entender la canción como memoria histórica y herramienta de interpretación del mundo.

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