El 14 de febrero es una fecha que cada persona vive un poco diferente. Conocido como el Día de San Valentín, ya se ha popularizado tanto que incluso quienes no lo celebran en pareja suelen hacer algo especial. Hay quien reserva mesa en su restaurante favorito, quien prefiere regalar flores y bombones o incluso quienes se van con amigos o familia a disfrutar de algún plan distinto.
Sin embargo, también están los que van más allá, priorizando una escapada romántica: un lugar donde el amor no sea solo una fecha, sino una atmósfera. Hablamos de Iznájar, un pueblo de la provincia de Córdoba donde el romanticismo tiene nombre propio.
Situado en plena Subbética cordobesa, este pueblo blanco declarado de Interés Turístico se asoma sereno a su embalse, como si el tiempo avanzara más despacio entre sus calles empedradas. No es solo uno de los municipios más bonitos de la provincia, sino también uno de los más románticos de Andalucía. Aquí el amor no se queda entre cuatro paredes: las parejas pasean, se fotografían y descubren rincones únicos donde cada uno encuentra su propio momento especial.
Entre castillos y leyendas: las raíces del romanticismo de Iznájar
La historia de Iznájar es un cruce de culturas que aún late en sus calles. Su nombre delata su origen árabe, posiblemente de hisn (castillo) y ashar, vinculado a una familia o linaje. Antes, íberos y romanos dejaron huellas discretas, alimentando múltiples leyendas.
En el siglo IX se vio envuelto en la rebelión de Umar ben Hafsún, una etapa convulsa que marcó a sus habitantes. Tras siglos como territorio fronterizo, fue incorporado al señorío de Diego Fernández de Córdoba, consolidando una identidad histórica que hoy se respira en cada rincón.
El Rincón del Beso
La ruta romántica comienza en el barrio de la Villa, en el histórico Patio de las Comedias. Antiguo zoco medieval y más tarde escenario teatral en el siglo XVI, hoy rebosa flores, macetas azules y paredes encaladas que reflejan la luz con una calidez especial.
En uno de sus laterales, sobre un banco de piedra decorado con azulejos andaluces, se encuentra el famoso Rincón del Beso. No hace falta un gran cartel para entender su significado: basta sentarse, mirarse a los ojos y dejar que el entorno haga el resto. Más allá de su lado “instagrameable”, transmite una sensación de intimidad difícil de explicar. Los vecinos lo cuidan con mimo durante todo el año, lo que ha llevado al patio a ganar varios premios comarcales.
El Banco de los abrazos
A pocos pasos, en la Plaza de la Torre, espera el Banco de los Abrazos. Bajo la frase “Por esos abrazos perdidos”, este banco decorado con azulejos se integra en un murete blanco salpicado de platos y macetas llenas de color. Es sencillo, pero ahí reside su encanto: un homenaje permanente al gesto universal del abrazo.
Mirador de San Rafael
El tercer punto imprescindible es el Mirador de San Rafael, conocido como el de Amores y promesas. Desde allí, las vistas al embalse y al paisaje ondulado de la Subbética son espectaculares, especialmente al atardecer.
Un azulejo recoge unos versos del escritor local Paco Quintana, y no son pocos los visitantes que sellan aquí su compromiso con un candado. Más allá del símbolo, queda la sensación de estar suspendidos entre el cielo y el agua.
Y si el sol invita a quedarse, Iznájar ofrece más miradores donde compartir silencio y horizonte: el de la Cruz de San Pedro, el de la Villa, el de las Canteras o el de las Tres Cruces. Todos comparten esa luz dorada que convierte cualquier paseo en un recuerdo especial.
Donde el agua cambió la historia de un pueblo
No podemos olvidarnos en esta completa ruta del único Embalse de Iznájar, que no se trata solo de una inmensa lámina azul. Alimentado por el río Genil, principal afluente del río Guadalquivir, este pantano —el mayor de Andalucía— transformó el paisaje y también la vida de sus vecinos. Inaugurado en 1969 y gestionado por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, logro atraer agua, energía y progres, pero también despedidas. Hoy, sus orillas cuentan historias de barcas, olivos sumergidos y un pueblo que aprendió a reinventarse mirando al horizonte.

Embalse de Iznájar (Córdoba)
Gastronomía y festividades que se viven en la calle
El romanticismo no es la única razón para visitar este rincón cordobés. La gastronomía local, el aceite de oliva virgen extra y los platos tradicionales completan la experiencia. Además, el municipio se encuentra dentro del entorno del Geoparque de las Sierras Subbéticas, un paraíso para los amantes de la naturaleza y el senderismo.
Los más activos pueden recorrer en bicicleta el tramo de la Vía Verde del Aceite que discurre junto al pueblo, mientras que en mayo el Festival de Balcones y Rincones transforma las calles en un auténtico mosaico floral.
Finalmente, en Iznájar el calendario trae múltiples festividades que ya se han convertido en parte del pueblo. Febrero arranca con la Candelaria; San Blas trae roscos bendecidos y aroma a romero; el Carnaval desata ingenio y disfraces. La Semana Santa emociona con “El Paso”, y abril invita a compartir la tradicional pavita en San Marcos. El verano comienza con la Feria Chica y culmina en septiembre con la Feria Real en honor a la Virgen de la Piedad. Navidad, el Chascarrá y el Cante de Poetas mantienen viva el alma popular durante todo el año.
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