Las masacres que están organizando Trump y Netanyahu en Oriente Medio para hacer negocio van a tener consecuencias muy negativas para la economía de los consumidores en buena parte del planeta. En España ya hemos visto cómo se han inflado los precios de la gasolina, y muy por encima, además, de lo que tendría que tocar como consecuencia del encarecimiento del crudo.
Porque siempre hay quienes intentan aprovechar la sangre, las muertes, para ganar mucho más dinero que de costumbre. Y ahora, ante lo que está pasando hay empresas que intentan recortar pérdidas repercutiéndoselas a los consumidores de una forma un poquito ilegal.
Volotea acaba de anunciar que, a partir de ahora, si sube el precio del combustible, le repercutirá el incremento al consumidor después de haber comprado el billete. Pero nos dice que no nos preocupemos, que si baja también nos repercutirá el descuento. Bueno, porque sabe que no va a bajar, evidentemente.
Es una práctica sobre la que además nos pide que hagamos un acto de fe, porque no nos cuenta qué parte del precio del billete es lo que corresponde a pagar el combustible del avión y, por lo tanto, si luego aplica una subida, tendremos que creernos también que es exactamente equivalente a lo que supone el encarecimiento del combustible prorrateado por cada uno de los pasajeros que vayan en el avión. Para colmo, la aerolínea dice que si de repente acaba el conflicto, elimina la cláusula. Es decir, que en el momento en el que por fin baje el precio del queroseno que utilizan los aviones para volar, no aplicará la bajada a los consumidores.
Así que el que quiera hacer un acto de fe y creerse lo que dice Volotea, además de asumir una cláusula abusiva, que lo haga. Nosotros vamos a hacerlo la semana que tenga dos jueves. Hemos presentado una denuncia contra la compañía ante el Ministerio de Consumo para que abra una investigación que derive en un expediente sancionador. Y, por supuesto, a cualquier consumidor al que le repercuta un incremento en el precio del billete argumentando que ha sufrido una subida del combustible, que plantee una reclamación que exija la devolución del dinero.
Evidentemente, no nos podremos negar a pagar, porque si no, no entramos en el avión. Esto es similar a lo que ocurre con el recargo ilegal del equipaje de mano: paga y después reclama. Pero reclamemos. No nos quedemos de brazos cruzados, no permitamos que las empresas jueguen siempre a ganar.
Evidentemente, una guerra, además de muertes, también trae consecuencias económicas desastrosas para muchas empresas, aunque otras se forran a costa de ellas. Pero lo que no pueden hacer es cambiar las reglas del juego con el partido iniciado, y además con fórmulas abusivas en la contratación.
El Gobierno tiene que reaccionar rápido. El ministro Bustinduy tiene que emprender de inmediato una actuación, porque si ahora es Volotea, mañana serán otras aerolíneas. Se extenderá a todo el sector y los consumidores tendremos que asumir durante meses una práctica que va a ser muy lesiva para nuestros intereses económicos, sobre todo ahora que estamos comprando billetes de avión en masa porque llegan las vacaciones en breve.
Soy Rubén Sánchez y en ocasiones veo fraudes.
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