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Opinión

Santiago Abascal se divierte con El Hormiguero

El lider de Vox salió 'humanizado' y ni siquiera tuvo que hacer dominadas sobre un foso de cocodrilos o herrar un caballo en directo

Marcos Paradinas

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El líder de Vox, Santiago Abascal, no entró a caballo en El Hormiguero. Lo hizo a pie, pero no con la precavida intención de no aplastar a Trancas y a Barrancas, porque la integridad de la vida animal no está en el frontispicio de la ultraderecha, sino para reforzar la humanidad de la que quiso presumir en su primera intervención en prime time. Humanidad. Es la palabra más repetida en redes sociales por los seguidores de Vox, que se movilizaron como nunca para copar todos y cada uno de los Trending Topic de la noche del jueves. Al parecer, sus acólitos también dudaban de la naturaleza humana de su líder, aunque seguro que tiene que ver más con la imagen monstruosa que creen que le ha construido la izquierda que con una faceta divina que se ha labrado a golpe de Instagram, que también.

Hablando de Trending Topics, que bastantes hubo anoche, la multiplicidad de la ultraderecha llegó incluso al #BoicotElHormiguero, donde la pretensión de la izquierda por poner puertas al campo acabó fracasando una vez más. Hubo quejas contra Pablo Motos, pero incluso de los seguidores de Abascal, que hasta le tacharon de Judas por abrazarle con frialdad, quizás ignorando que pocos se atreverían a buscar más efusividad ante esa camisa que pedía ayuda para contener al líder y su crossfit.

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¿Debería El Hormiguero haber dejado a Santiago Abascal en su casa? Vuelta otra vez al debate de la libertad de expresión, hasta el punto de que Otegi también se coló anoche entre las palabras más comentadas en Twitter. “¿Es que sí se puede entrevistar a Arnaldo Otegi en TVE y no a Abascal en El Hormiguero?”, preguntaban los mismos que pidieron el boicot a la televisión pública. Libertad de expresión para entrevistar a Abascal, libertad de expresión para pedir boicots.

Pero es innegable que existe una diferencia: la entrevista a Otegi se hizo en un programa informativo y con un periodista al frente. El Hormiguero es otra cosa: es un programa familiar, de humor, en prime time y con un showman al frente. Al margen de eso, si todos los políticos van a ver a Trancas y Barrancas -menos Pedro Sánchez-, no sería justo negarle ese placer entomológico al señor Abascal, por muy facha que sea. Un argumento de peso al que se agarró con fuerza Pablo Motos en su alegato de 10 minutos al inicio del programa, obviando que también se lo ofreció en las anteriores elecciones, cuando Vox no era apenas nadie. Que los niños que ven el programa cenen fascismo es discutible, pero también la erótica dialéctica que Motos le regaló a Albert Rivera en su última entrevista.

Pablo Motos no es periodista, pero anoche lo intentó, aunque fracasase en el intento. Porque ser periodista no es preguntar y repreguntar y repreguntar. El bucle no tiene sentido si la pregunta no es certera y Abascal se pudo escapar vivo de la encerrona sobre el aborto y su sueño de una Gilead ibérica, pudo presumir de tener militantes, que no amigos, homosexuales y hasta sacó pecho de haber hablado con algún inmigrante del público sin necesidad te tomar Primperán para evitar las náuseas.

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El tono periodístico se redondeó con la ausencia de juegos. No hubo magia, ni experimentos, ni Pilares Rubios en piscinas. Solo entrevista y rueda de prensa de las hormigas. Por no haber, no hubo ni actividad lúdica para el invitado. Si Pablo Casado tocó el bajo, Pablo Iglesias los timbales y Albert Rivera se subió a una moto recreativa, a Abascal le podrían haber puesto a hacer dominadas sobre un foso de cocodrilos o a herrar un caballo en directo, pero no. Nunca sabremos si fue una elección sobria del programa, una petición de la madre de Abascal -que no quería que hiciera “el ridículo”- o una exigencia del equipo de prensa de Vox. No podremos saberlo porque su gabinete tiene vetado a ElPlural.com, aunque anoche Pablo Motos solo se acordase de los vetos a los medios de su grupo. Tampoco importó, porque ahí también se le escapó Abascal vivo, en el que es uno de los mayores escándalos de nuestra democracia.

No hicieron falta juegos ni Pedroches, Jandros o Yibings, porque Abascal se divirtió. No se divirtió en El Hormiguero, pero sí se divirtió con El Hormiguero. Por mucho rictus y seriedad que pusiera Motos esquivó todas sus preguntas con un argumentario cincelado en piedra, aprovechó para encofrar su pilar más débil. Preguntado por su bicoca en el chiringuito que le puso a Esperanza Aguirre, señaló que “es una etapa de mi vida de la que no me siento orgulloso” y hasta conmovió a algún divorciado al explicar que por entonces se había mudado a Madrid tras el fracaso de su matrimonio y necesitaba el dinero. Por muy a la derecha que esté, hasta los fachas tienen corazón. Y humanidad.

Marcos Paradinas

Sobre el autor

Marcos Paradinas

Marcos Paradinas es director de Relaciones Institucionales y Producto de ElPlural.com. Es Licenciado en Periodismo y Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Carlos III de Madrid. Una doble vertiente que le llevó a dar sus primeros pasos periodísticos en Vertele, para después lanzarse a la pasión que se gestó durante su estancia en Roma: la información política. Aunque, al menos de momento, la actualidad de España no se acerca a la Italia de Berlusconi a la que dedicó su tesis final de carrera.

Su primera noticia en ElPlural.com, en 2008, fue una entrevista a Federico Jiménez Losantos como enviado especial en el juicio por injurias al que le sometió Alberto Ruiz-Gallardón. Después compaginó su estancia en Sevilla con la coordinación de la edición de fin de semana del periódico, para luego volver a Madrid como redactor jefe del periódico y encargado del cierre de la edición diaria. También ha cubierto la información del Gobierno y las ruedas de prensa del Consejo de Ministros en Moncloa.

En 2015, publicó el libro El Fin de la Homofobia (La Catarata), un ensayo sobre el avance de los derechos del Colectivo LGTBI en España durante la democracia y una radiografía de la dura situación que aún se vive en muchos países del mundo. La obra, que cuenta con colaboraciones como la del expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, fue presentada en el Ateneo de Madrid por Manuela Carmena. La entonces alcaldesa de la ciudad firmó el prólogo del libro, que describió como un “acierto” para superar “los atavismos discriminadores que impiden el desarrollo completo de hombres y mujeres”.

Al frente de la sección de Tribunales, destapó en exclusiva las grabaciones policiales de la Operación Enredadera, el caso de corrupción que acabó con el gobierno del PP en el Ayuntamiento de León, y las grabaciones a Ignacio González y Eduardo Zaplana en el Caso Lezo. En su haber cuenta también con numerosas exclusivas en casos de corrupción de carácter nacional como Erial, Púnica o Gürtel, del que cubrió su primer y mediático juicio.

Exclusivas con las que ha participado en programas informativos de máxima audiencia, como Al Rojo Vivo o Más Vale Tarde de La Sexta. También es colaborador habitual de En Jake, el debate de EITB, la televisión pública vasca, donde cada semana aporta las novedades sobre la política madrileña y en cuyas tertulias ha participado para analizar las elecciones y los grandes acontecimientos en el Congreso de los Diputados, como la moción de censura a Mariano Rajoy y la investidura de Pedro Sánchez.

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