El adelanto electoral de Juan Manuel Moreno Bonilla llega tras años de deterioro en sanidad, educación y dependencia, con listas de espera récord, servicios públicos tensionados y una Andalucía que lidera el paro y la pobreza en España.
La pregunta es sencilla: ¿está hoy Andalucía mejor que en 2019? La respuesta es un no rotundo. No hay matices. Si miramos la sanidad, la educación, la dependencia, la pobreza infantil o el acceso a la vivienda, la comunidad no solo no ha avanzado, sino que ha retrocedido. Y ese retroceso tiene un responsable político claro: se llama Moreno Bonilla.
La sanidad pública es el mayor símbolo del fracaso. Andalucía es hoy la comunidad peor valorada por sus propios ciudadanos. No es una percepción puntual, es una realidad sostenida. Las listas de espera han alcanzado cifras récord: más de un millón de andaluces atrapados en el sistema, esperando una cita, una prueba o una operación. Nunca antes había ocurrido algo así.
La atención primaria está colapsada. Conseguir cita con el médico de cabecera es, directamente, una odisea. Centros saturados, agendas cerradas y profesionales exhaustos. El tiempo medio de espera supera los 9 días, el doble que hace ocho años. Mientras tanto, las urgencias funcionan al límite de forma permanente.
El déficit de profesionales agrava el problema. Andalucía está por debajo de la media nacional en número de médicos. Y en pediatría, la situación es insostenible: cerca de 500.000 niños no tienen pediatra asignado. Medio millón de menores desatendidos en un servicio básico.
Otro caso especialmente grave es el de los cribados de cáncer de mama. Las reiteradas advertencias sobre retrasos y fallos fueron ignoradas. No se actuó a tiempo. Y en sanidad, llegar tarde cuesta vidas, ¿verdad, Sr. Moreno Bonilla?
Todo ello mientras se dispara el dinero público destinado a la sanidad privada. En estos años, la Junta ha derivado miles de millones a conciertos con clínicas privadas. El resultado es evidente: se debilita lo público mientras se refuerza el negocio privado.
Y esto no es ideología. Es la vida de la gente. Afecta a cualquiera que necesite atención sanitaria.
En educación, el deterioro sigue el mismo patrón. Andalucía continúa encabezando el abandono escolar temprano en España, y los informes internacionales la sitúan por debajo de la media. Es el reflejo de un sistema que se está dejando caer.
Se han cerrado miles de aulas públicas mientras crecen los conciertos educativos. Menos escuela pública, más espacio para lo privado. Una decisión política clara.
Las familias lo sufren: comedores más caros, problemas en el transporte, centros deteriorados y barracones que siguen ahí pese a las promesas. La realidad desmiente el discurso oficial.
Especialmente sangrante es la situación del alumnado con necesidades educativas especiales. Falta de recursos, de personal y de atención. Un abandono denunciado una y otra vez.
La universidad pública tampoco se salva. Se asfixia su financiación mientras se facilita la expansión de centros privados, poniendo en riesgo la igualdad de oportunidades. Andalucía, con Moreno Bonilla, ha sido la comunidad de España donde más han crecido las universidades privadas.
La dependencia es otro fracaso evidente. Andalucía mantiene una lista de espera inaceptable. Miles de personas siguen esperando ayudas ya reconocidas. Muchas mueren sin recibirlas: solo en el último año, unas 7.000 personas fallecieron en esa situación.
Detrás de cada cifra hay familias desbordadas y una administración que no responde.
En el plano económico, los datos tampoco sostienen el relato del Gobierno andaluz. Andalucía sigue liderando el paro y la pobreza en España, incluida la infantil. El mercado laboral continúa marcado por la precariedad: alta temporalidad, salarios bajos y empleo parcial no deseado.
El acceso a la vivienda se ha convertido en otro problema estructural. Los alquileres se han disparado sin que el Gobierno andaluz haya puesto en marcha medidas de ningún tipo. La inacción también es una forma de gobernar.
Mientras tanto, muchas familias no llegan a fin de mes. Y, en ese contexto, Moreno Bonilla se ha subido el sueldo en varias ocasiones y ha incrementado el de altos cargos. Un contraste difícil de justificar.
Las bajadas de impuestos han beneficiado a las rentas más altas, reduciendo recursos para sostener servicios públicos. Es una elección política, no una casualidad.
A todo esto se suma un problema de credibilidad. Moreno Bonilla prometió no presentarse más de dos veces. Hoy aspira a una tercera. La palabra dada también cuenta.
Y conviene no olvidar que fue el primero en abrir las puertas de las instituciones a Vox en nuestro país, blanqueando a la ultraderecha en el gobierno autonómico.
En financiación, la subordinación a la estrategia de Alberto Núñez Feijóo ha perjudicado directamente a Andalucía. Se han rechazado miles de millones en recursos. Ha antepuesto los intereses de su partido, el PP, a los intereses de los andaluces y andaluzas.
Se dijo “no” a la quita de deuda propuesta por Pedro Sánchez, que habría supuesto un ahorro millonario. También al nuevo modelo de financiación y a una mayor capacidad de gasto. Decisiones que tienen consecuencias: menos recursos para servicios públicos.
Andalucía ha recibido en estos años más fondos que nunca: europeos, estatales, extraordinarios. La pregunta es inevitable: ¿dónde están? Desde luego, no en la mejora de la sanidad, la educación o la dependencia.
Lo que sí ha crecido es la propaganda. Más anuncios, más titulares, más promesas que no se materializan. Andalucía no necesita marketing. Necesita gestión.
El 17 de mayo no se vota solo un programa. Se vota un balance. ¿Ha mejorado tu centro de salud? ¿El colegio de tus hijos? ¿Es más fácil acceder a la dependencia? ¿Puedes pagar el alquiler sin ahogarte? Si la respuesta es no, el diagnóstico es claro.
Andalucía no puede resignarse a este deterioro. No puede aceptar como normal una sanidad colapsada, una educación debilitada o una dependencia bloqueada.
Andalucía necesita un cambio. Un cambio que representa el PSOE con María Jesús Montero, poniendo en el centro los servicios públicos, la igualdad y la mayoría social. Es el momento de decidir. La ciudadanía tiene la palabra. Porque si no vas, ellos vuelven.