Pocos esperábamos que la que fuera exconsellera de Emergencias el día de la DANA, Salomé Pradas, destrozara, de la forma que lo ha hecho, al que fuera su jefe y presidente de la Comunidad Valenciana, Carlos Mazón. Y es que Pradas no ha dudado en clavar el clavo que faltaba en el ataúd jurídico del expresidente.

Durante el careo con José Manuel Cuenca, mano derecha (y también izquierda) de Mazón, Pradas ha soltado dos perlas que le han dejado el camino más que despejado a la magistrada, Nuria Ruiz Tobarra, para hacer una exposición razonada solicitando la imputación del expresidente en el Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana. Lo primero que ha dicho es que el mensaje que le mandó cuenca diciéndole que de confinar nada, obviamente ella asumió que lo mandaba por orden de Mazón, pues justo antes había hablado con el entonces presidente del envío del Es Alert.

Pero si eso es fuerte, el alud de estiércol ha venido justo después cuando la exconsellera ha asegurado que desde que Mazón llegó al Cecopi, a las 20:28, no solo cogió el mando sino que fue él la persona que dio las órdenes. Poca broma con esto pues hubo muertos hasta las doce de la noche.

El discurso de Mazón no le salva

Si uno se fija en el discurso de Mazón, así como en sus infinitas versiones (todas plagadas de mentiras) sobre lo que sucedió aquel 29 de octubre de 2024, hay una cosa que es más que interesante. El expresidente primero dijo que a las siete estaba en el Cecopi. Luego, cuando vio que eso podía acabar con su imputacion cambió y dijo que llegó a las 20:28, cuando el Es Alert ya se había enviado (tarde y mal redactado), y la mayoría de la gente ya había muerto. A esto hay que sumar que siempre ha negado haber dado ninguna orden.

Sin embargo, Pradas, que parece ser que por fin se ha dado cuenta que la han dejado más sola que la una, ha llegado al juzgado con la katana de Hatori Hanzo recién afilada, y no ha dudado en marcarse un Kill Bill épico. Tan épico como que su abogado no hacía más que darle suaves golpes en el brazo para que frenara. Pero Pradas ya no tiene ni freno, ni mucho menos filtro. Venía con ganas de guerra y vamos que si la ha tenido. Le ha declarado la guerra a Mazón con todas las letras. 

Es en este momento cuando la declaración de Basset, el jefe de los bomberos aquel aciago día, se erige como más importante que nunca, pues seguro que una de las preguntas será si Mazón dio órdenes aquel día cuando llegó al Cecopi. Si dice que sí, solo diré una cosa: Carlos, calienta que sales.

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