“Ser antifascista hoy y siempre sigue siendo un deber moral”. La frase no aparece en una canción, sino en conversación directa, cámara mediante. Nacho Vegas no esquiva la palabra ni el contexto. En plena presentación de Vidas semipreciosas, su noveno álbum de estudio, el músico asturiano sitúa la política en el centro de su discurso y alerta de una normalización del fascismo que considera peligrosa.

La entrevista, disponible en vídeo en el canal de Youtube de Revista Bando, acompaña el lanzamiento de un disco que entrelaza memoria íntima, duelo, lengua asturiana y una defensa explícita del antifascismo y de las luchas sociales recientes.

Vidas semipreciosas: belleza imperfecta frente a la “élite”

El título del álbum no es casual. Vegas parte de un término propio de la joyería para cuestionar las jerarquías sociales. Frente a las piedras “preciosas” —escasas, duras, caras— reivindica las “semipreciosas”: más abundantes, diversas, mezcladas entre sí.

“Son más imperfectas, más tiernas, más humanas”, explica. La metáfora apunta a una crítica de la lógica elitista que, en su opinión, rige también la sociedad. Esa “preciosidad” sería la de una minoría que gobierna; la “semipreciosura”, la de lo común. El disco, grabado entre Tarragona, Barcelona y Asturias, despliega 15 canciones y varios interludios hablados que conectan lo personal con conflictos políticos concretos.

Antifascismo en 2026: “Hace falta organizarse”

Uno de los momentos más contundentes de la conversación llega al abordar el significado del antifascismo hoy. Para Vegas, no es una etiqueta coyuntural sino una obligación ética frente a discursos de odio que, a su juicio, han ganado presencia institucional.

“El fascismo campa a sus anchas y se ha colado en las instituciones”, sostiene. Y añade que el problema no es solo su crecimiento, sino la normalización de esa ideología como una opción política más. El músico apuesta por la organización colectiva frente al miedo: “Uno solo siempre va a ser demasiado débil”. En esa línea, el álbum incorpora voces vinculadas a casos judiciales como Los 6 de Zaragoza, el Procés o Altsasu, a través de interludios que funcionan como cápsulas de memoria política.

Fíu: homenaje a su madre y a las mujeres antifascistas

En Fíu (hijo, en asturiano), Vegas dedica una canción a su madre, Cristina Vegas, a quien define como antifascista. El tema se convierte en un reconocimiento a las mujeres que sostuvieron cuidados y militancias invisibilizadas durante décadas.

Cuando se le pregunta por los ataques de la extrema derecha a ese perfil de mujer —a menudo caricaturizado—, responde que el trabajo de cuidados es el pilar de todos los trabajos y que descalificarlo dice más de quien lo hace que de quienes lo ejercieron. "Un homenaje a ella y por extensión igual a todas las madres que han estado allí y que a veces no les agradecemos lo suficiente lo importantes que han sido para nuestras vidas".

La referencia al feminismo y a autoras como Silvia Federici refuerza el enfoque político del disco, donde lo doméstico y lo estructural aparecen entrelazados.

Presos, exilios y memoria: “Existen presas y presos políticos”

En Seis pardales, junto a Rodrigo Cuevas, recupera una melodía popular asociada  en Cantabria a La Fuente de Cacho —hoy himno del estadio del Racing de Santander— y la reinterpreta para hablar de las seis sindicalistas de La Suiza. "Me hace mucha ilusión porque al final la música hermana a pueblos y Asturias y Cantabria estamos ahí", señala.

El álbum también menciona a personas como Pablo Hasél, encarcelado desde 2021, y a figuras relacionadas con procesos judiciales como el de Anna Gabriel. Vegas sostiene que “existen presos y presas políticas en España” y que ciertos casos han sido asumidos con una normalidad preocupante.

“Tiempos de lobos”: miedo y discurso de odio

El cierre conceptual del álbum se condensa en Tiempos de lobos. La metáfora del lobo funciona como símbolo ambiguo: animal noble y, a la vez, figura utilizada para infundir temor. “Se disfrazan de lobos para meternos miedo”, afirma en la entrevista. Frente a esa estrategia, propone transformar el miedo en fuerza colectiva. La canción imagina un futuro distópico donde la única defensa posible sería abrazarse.

Puedes ver la entrevista completa aquí.