Ayuntamientos, diputaciones, comunidades autónomas, los gobiernos y la Unión Europea promocionan los alimentos ecológicos, de proximidad, con trazabilidad: las gallinas en libertad, las verduras de los huertos más cercanos, la pesca sostenible, la leche de las vacas de prado, el cerdo ibérico de dehesa... Buscamos la belleza de lo natural frente a lo artificial, de lo pequeño frente a lo gigante, del kilómetro cero frente a los miles de kilómetros en un frigorífico. Pero, a la hora de la verdad, nos cuesta levantar la voz, oponernos a la lógica del capital especulativo que nos mete con calzador macrogranjas, macrocentrales  solares, macroparques eólicos, rascacielos, maxicruceros y todo lo que sea mega, hiper o XXL.

Las macrogranjas suponen malestar animal, menos calidad, más contaminación, crear despoblación y alejar al turismo rural y producir el 19% de los gases de efecto invernadero. La ganadería extensiva implica bienestar animal, mejor calidad, suelos enriquecidos, fijar la población rural, prevenir incendios, mejorar el paisaje y respetar el medio ambiente. Por lo tanto, el sentido común dicta oponerse a las macrogranjas, o al menos regularlas y vigilarlas, como ha hecho ya el Partido Popular en más de 40 municipios. 

Lo que cuesta entender es que se ponga verde al ministro Garzón y se cree un falso debate sobre una cuestión que la Europa más sensata tiene claro desde hace tiempo. Por cierto, Italia se ha unido a Austria, Bélgica, Croacia, Luxemburgo, Noruega, Países Bajos o Reino Unido para prohibir a partir del 1 de enero la cría en cautividad y el sacrificio de zorros, visones, chinchillas, mapaches y cualquier otra especie de la que se extrae la piel. Las granjas ya instaladas tienen hasta el 30 de junio de 2022 para adaptarse, y para compensarlas se han destinado tres millones de euros.

En España no se han prohibido todavía las granjas peleteras de visones a pesar de los múltiples brotes de covid 19 que se han producido entre estos mustélidos y los trabajadores de estos establecimientos ganaderos. Las advertencias de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria sobre la peligrosidad de las granjas de visones no han tenido eco en el Ministerio de Agricultura que, imagino, no se atreve a seguir los pasos de otros países de nuestro entorno para evitar otra bronca de esta derecha que no quiere enterarse de nada que sea sensato y razonable. 

Además, detrás de la derecha se encuentra la ultraderecha de Vox y su agenda de la España Viva que está contra la Agenda 2030, los ODS, la Unión Europea y todos los organismos supranacionales que ayudan a la gobernanza del planeta.