La IA emula a la humana y copia algunos de sus defectos como la propensión a pelotear al interlocutor, al cliente o al jefe. Por lo que sus iniciales responden con precisión a Inteligencia Aduladora. No utilizo versiones de pago de las IAs generalistas, pero casi todas se esfuerzan en ser unas perfectas "bienquedas" en el trato con los usuarios.

No me extraña, por lo tanto, que seduzcan a jóvenes y adolescentes que buscan reforzar su autoestima o que lleguen a enamorar a sus más fervientes asiduos. La carne es débil y los problemas de salud mental se abordan con dificultades en la mayoría de los países, por lo que la gente busca consuelo en la tecnología en estos tiempos de individualismo creciente y solidaridad menguante.

¿Se imaginan que los robots que responden en los servicios de atención al público empiecen a piropear a las personas que llaman enfadadas, con mensajes del tipo "con la voz tan bonita que tiene, es una lástima que la malgaste en enfadarse con nosotros (XXX)"?

Ya son millones las personas que recurren a la IA como su terapeuta o coaching personal. El modo IA con el que Google nos responde ya por defecto, podría incorporarse como auxiliar a las respuestas que un confesor católico da a los pecadores contritos que acuden a él. Eso es lo que ya están haciendo millones de entidades públicas y privadas cuando deciden incorporar la IA a sus procesos.

El experimento que en El Salvador lleva a cabo Google con el gobierno de Bukele busca sustituir el sistema sanitario analógico por otro digital en el que el trato con el enfermo siempre sería complaciente. A este ritmo, la IA podría pasar de aduladora a envidiosa, porque ¿a quién le desagrada ser envidiado o envidiada?

La imaginación se nos queda corta ante una realidad que supera como siempre a la ficción más terrible. Seguro que los más delirantes dirigentes trumpistas barajan ya decirle a Palantir que implemente algún tipo de alivio mental para que los operadores de drones  bomba no tengan remordimientos de conciencia después de un turno ante la pantalla en el que hayan contemplado como revientan una escuela o una residencia de mayores.

La Inteligencia Aduladora, como todas las herramientas tecnológicas actuales, solo busca secuestrar nuestra atención y crearnos una dependencia digital mucho más intensa que cualquier otra analógica.