Uno de los síntomas de la sociedad superficial y enferma en la que vivimos es la hipertrofia del ego de figuras que, incluso siendo fueras de serie en lo suyo, son lamentables ejemplos de seres humanos. Este mundo de la virtualidad, de la verdad emotiva en el que vivimos, enaltece a especímenes como Novak Djokovic que cree que, por sus méritos deportivos, su fama y su dinero, puede saltarse las leyes internacionales y las particulares de un país como es Australia, por ser él quien es. Una suerte de “famosocracia” en la que algunos piensan que, por el hecho de ser populares, pueden saltarse a la torera las leyes, las contingencias sanitarias ante una situación de urgencia pandémica planetaria, entre otras cosas. La desfachatez del tenista serbio Djokovic llega a tal extremo que, sabiendo las normativas internacionales y la ley australiana, pretendió transgredirlas y que se le diera una exención. En el colmo de su desvergüenza, se ha comparado con los migrantes recluidos en el hotel donde fue conducido por su situación ilegal, como si fuera uno más de los que, al contrario que él, llevan meses, incluso años, luchando contra las férreas leyes de extranjería australianas para conseguir asilo en aquel país. Me pregunto, además, quien o quienes, han hecho la vista gorda para que el actual número uno del tenis, y lamentable persona, haya vulnerado en su país todas las normativas exigidas antes de entrar en un avión, entre otras el pasaporte COVID, y otras declaraciones ante las autoridades sanitarias del país saliente y entrante, como sabemos todos los que hemos tenido que volar de un estado a otro en los últimos meses.

Compañeros de torneo y de profesión, otro número uno, pero además persona consecuente y responsable, nuestro compatriota Rafa Nadal, ha sido muy claro al respecto de este incidente: “Me sabe mal por él, pero Novak sabía las condiciones de antemano. Si quisiera haber jugado, podría haberlo hecho sin problemas", señaló el tenista español durante una rueda de prensa. “Es normal que la gente aquí en Australia se sienta muy frustrada con el caso porque han pasado por muchos confinamientos muy duros y mucha gente no ha podido volver a casa. Lo único que puedo decir es que creo en lo que dice la gente que sabe de medicina, y si la gente dice que tenemos que vacunarnos, tenemos que vacunarnos. Pasé por la COVID-19. Me han vacunado dos veces. Si haces esto, no tienes ningún problema para jugar aquí. El mundo, en mi opinión, ha sufrido demasiado como para no seguir las reglas”, aseguró. Esto ha levantado un aluvión de críticas absurdas entre los medios de prensa serbia, y los negacionistas internacionales, además de los nacionales de VOX, tan patriotas ellos, cuyos simpatizantes, también antivacunas, se han despachado contra uno de nuestros deportistas más importantes de todos los tiempos. Se retratan solos, una vez más.

Este lunes 10 de enero es el día clave. El caso de Novak Djokovic llegará a juicio y se sabrá si puede participar en la presente edición del Open de Australia que arranca el 17 de enero en Melbourne. Ya me parece un escándalo que sea así pues, otros que han entrado en las mismas condiciones, si es que han entrado, que ya es una anomalía importantísima, han sido devueltos a su país de origen inmediatamente. Esa es la opción más favorable al número 1 del mundo, que podría tener que tomar un vuelo de vuelta a Serbia ese mismo día, e incluso se enfrentaría a una dura sanción si no consigue que se anule la cancelación de su visado y es deportado por no tener pruebas suficientes para justificar una exención médica de las normas de vacunación COVID-19 de Australia. Y es que el serbio podría ser inhabilitado hasta tres años, un periodo que sería definitivo para él, ya que a sus 34 años es más que posible que no siga en activo tanto tiempo. En una respuesta enviada por correo electrónico a The Associated Press sobre lo que podría ocurrir si Djokovic pierde su lucha legal, la Fuerza Fronteriza Australiana respondió: Una persona cuyo visado ha sido cancelado puede estar sujeta a un periodo de exclusión de tres años que impide la concesión de un nuevo visado temporal. El periodo de exclusión se considerará como parte de cualquier nueva solicitud de visado y se puede renunciar a él en determinadas circunstancias, teniendo en cuenta que cada caso se evalúa según sus propios méritos”. Otras fuentes más realistas aseguran que, la justicia australiana e internacional doblarán la mano y le dejarán jugar, lo que sería un escándalo de dimensiones incalculables, y sentaría un precedente terrible. Demostraría, una vez más, que la ley no es igual para todos, ni las consecuencias de transgredirlas, como cuando Cristiano Ronaldo se enfrentó con toda su chulería y prepotencia a las leyes españolas por defraudar a Hacienda y, aceptando pagar una multita, ni siquiera se hicieron constar sus antecedentes penales por fraude, lo que supone otro precedente peligroso al que podrían acogerse muchos, siempre y cuando tengan la fama, la posición, y el dinero de Ronaldo o de Djokovic. Estos son los nuevos dioses que habitan la tierra, con la admiración y el aplauso generalizado. Héroes con más ego que verdad, ejemplos lamentables aunque en sus profesiones sean encomiables, que denigran nuestras reglas de convivencia, incumplen las leyes, nos toman el pelo, con la connivencia del poder, que los necesita como cortina de humo para seguir haciendo lo suyo: seguir donde están manipulándonos, controlándonos, con el entretenimiento de estos becerros de oro como modelos sociales. Un asco.

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