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Hyundai puede presumir de cifras. Desde 2017, el KONA ha superado las 750.000 unidades vendidas en Europa, un hito que lo consolida como uno de los modelos más populares de la marca en el continente. El secreto, según la propia compañía, reside en su capacidad para conectar con públicos muy diversos gracias a una de las gamas más amplias del mercado: veinte versiones, tres sistemas de propulsión —gasolina, híbrido y eléctrico—, potencias de 115 a 204 CV, cambios manuales y automáticos, tracción delantera o total y siete niveles de acabado que van del MAXX al N Line Style. Sobre el papel, un ejercicio de versatilidad difícil de igualar.

¿Un abanico demasiado generoso?
El abanico mecánico es ciertamente generoso. El gasolina 1.0 T-GDi de 115 CV cumple como opción de acceso económica y funcional; el 1.6 T-GDi de 150 CV equilibra prestaciones y consumo; el híbrido de 138 CV evita la dependencia de la recarga; y las variantes eléctricas de 135 y 204 CV cubren desde el uso urbano hasta trayectos más largos. Para los que buscan carácter deportivo, el 1.6 T-GDi de 180 CV con acabado N Line Style y tracción 4x4 representa la cúspide dinámica. La oferta de acabados, además, permite ajustar el equipamiento con precisión casi artesanal.

Inercia comercial al mantener tantas versiones térmicas
Sin embargo, tanta amplitud tiene un reverso. La estrategia de querer serlo todo para todos diluye inevitablemente la identidad del producto. Un KONA MAXX de 115 CV tiene poco que ver con un N Line Style de 180 CV, más allá de la carrocería. Esa dispersión complica la vida al comprador, que debe navegar entre combinaciones cruzadas —el acabado XLS solo está disponible con el 1.6 de 150 CV automático, por ejemplo— y puede acabar eligiendo por descarte más que por convicción.
Además, la apuesta por el híbrido y el eléctrico, que ya suponen el 80% de las ventas en España, sugiere que las versiones de gasolina cumplen un papel cada vez más residual, lo que invita a preguntarse si mantener tantas opciones térmicas responde a una demanda real o a una inercia comercial.
El KONA es, sin duda, un producto competente y exitoso. Pero su virtud —la variedad— es también su riesgo: la falta de un carácter definido. En un mercado que premia la diferenciación, ser el más versátil no siempre equivale a ser el más deseado.





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