Pero con qué poco nos ilusionamos. Claro, que tiene su lógica. Al paso que estamos contaminando nuestro planeta, hacemos bien en buscar otros mundos en el que podamos asentarnos cuando la Tierra ya no dé para más. Aunque todavía no hemos resulto el pequeño problema de cómo llegar. Desde hace meses oímos hablar de TRAPPIST-1, el sistema con siete planetas y tres de ellos en la zona templada que podrían albergar vida. Ahora el telescopio Hubble nos da más datos sobre la composición y estado de estos mundos.  
[Ver: Trappist-1, La NASA descubre un sistema solar con siete planetas posiblemente habitados]
  En concreto, parece que algunos de ellos pueden tener más agua en estado líquido que la Tierra. Y eso es un principio.
Por el lado malo, el mismo telescopio al límite de su capacidad de observación, nos dice que sus atmósferas son tenues capas sobre la superficie.
Lo que sí está claro es que el hidrógeno de su atmósfera no se encuentra en suspensión, donde podría estar creando un gigantesco efecto invernadero, lo que haría imposible que pudiera desarrollarse la vida tal y como la conocemos por aquí.  
[Ver: Así serán los viajes a TRAPPIS-1e]
  Es probable que esto sea lo último que sepamos de la composición de estos planetas. Para realizar observaciones más afiladas será necesario observarlos con un telescopio más potente. Ahí es donde entrará en juego el nuevo sistema de observación que la NASA lleva años diseñando. En la agencia espacial estadounidense confían que cuando el nuevo telescopio James Webb esté a pleno rendimiento podrá desentrañar más secretos de sistema TRAPPIST-1.
No hay que olvidar que la estrella en torno a la que giran los siete planetas de su sistema es una enana roja.
Esto complica los cálculos que se realizan midiendo la reducción de la luz que se produce cuando uno de esos mundo pasa por delante de la enana. Pero precisamente por tratarse de una estrella de ese tipo, las mediciones son más complejas.  

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