Pedro Ruiz no tenía pensado hablar de fútbol. Pero el episodio racista vivido en el amistoso entre Selección Española de Fútbol y Selección de Egipto, donde parte de la grada convirtió lo que debía ser una fiesta deportiva en un altavoz de intolerancia, le ha hecho cambiar de idea.

En uno de sus vídeos habituales en su perfil oficial de TikTok, el comunicador ha dejado claro que lo ocurrido no admite matices. “El respeto es la base de la convivencia”, ha dicho nada más empezar y visiblemente molesto por lo sucedido, repitiendo la idea como quien intenta que cale. De hecho, ha reconocido que tenía previsto hablar de otro asunto, pero que lo sucedido en el estadio le ha empujado a detenerse en la falta de educación que, a su juicio, explica este tipo de comportamientos.

Ruiz ha reconstruido la escena con incomodidad evidente. Ha recordado cómo, durante el himno egipcio, se escucharon “locuras, barbaridades, cosas absolutamente ineducadas”, en alusión a los silbidos y cánticos que derivaron en el ya conocido “musulmán el que no bote”. Y es ahí donde ha ido un paso más allá.

Para él, todo parte de lo mismo, todo nace de la “incultura”. O, como ha matizado, “la falta de respeto”. Frente a esa idea, ha contrapuesto su propia definición de cultura, alejándola de títulos o privilegios y es que para él “no es tener cinco carreras ni dinero; la cultura es una elegante actitud del espíritu”. Una forma de resumir, sin rodeos, que se puede tener todo y carecer de lo más básico.

El presentador ha insistido en que sin ese mínimo común - el respeto - no hay convivencia posible. Y lo ha hecho con un tono que no buscaba tanto señalar a unos pocos como advertir de una deriva más amplia, en la que el ruido acaba tapando lo esencial.

Lamine Yamal reacciona

El episodio no se ha quedado en una polémica puntual y la lo ocurrido en Cornellà ha ido más allá. Durante el partido, disputado en el RCDE Stadium, los cánticos racistas se hicieron notar especialmente durante el himno de Egipto y se repitieron pese a los avisos por megafonía. Con el paso de los minutos, parte del público terminó reprochándolos, pero el impacto ya era evidente.

Uno de los gestos más significativos lo protagonizó Lamine Yamal, que abandonó el terreno de juego con semblante serio y sin participar en la vuelta de honor. Horas después, el internacional español – musulmán - ha explicado que, aunque entendía que los cánticos no iban dirigidos personalmente contra él, “no dejan de ser una falta de respeto y algo intolerable”. También ha advertido de que utilizar una religión como burla “os deja como personas ignorantes y racistas”.

Las reacciones políticas tampoco han tardado en llegar. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha calificado lo sucedido de “inaceptable” y ha defendido que no puede permitirse que una minoría empañe la imagen de un país “plural y tolerante”.


En la misma línea, distintos miembros del Ejecutivo han vinculado estos comportamientos con discursos que, a su juicio, alimentan el odio. Óscar Puente ha señalado que estos comportamientos son consecuencia de discursos que llevan tiempo alimentándose, y Félix Bolaños ha advertido de que el silencio ante estos episodios “nos hace cómplices”.

Mientras, organismos deportivos y autoridades catalanas han pedido activar con mayor rapidez los protocolos antirracismo, en un contexto en el que España vuelve a quedar bajo el foco internacional por este tipo de incidentes. No es la primera vez – ni desgraciadamente tampoco la segunda - que ocurre, y esa reiteración es, precisamente, lo que más preocupa. Desde los insultos a Vinicius en Mestalla hasta otros casos denunciados en los últimos años, el problema sigue sin erradicarse.

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