La historia de Christophe Gleizes ya no se entiende solo como un caso judicial. Se ha convertido en un asunto político, diplomático y también deportivo. El periodista francés, especializado en fútbol africano, fue condenado en Argelia a siete años de prisión por cargos de “apología del terrorismo” y “posesión de publicaciones con fines de propaganda perjudiciales para el interés nacional”, después de un viaje vinculado a un reportaje sobre el JS Kabylie y sobre la muerte del delantero camerunés Albert Ebossé. La sentencia fue confirmada en apelación en diciembre de 2025 y su defensa recurrió ante el Tribunal Supremo argelino.

Lo que ha dado tanta dimensión al caso es que, según organizaciones de defensa de la libertad de prensa, Gleizes fue a Argelia para hacer periodismo, no para participar en ninguna actividad política. Su arresto se produjo tras viajar en mayo de 2024 a Tizi Ouzou, donde estaba trabajando en varios temas ligados al fútbol de la región de Cabilia.

Un reportaje de fútbol que acabó en prisión

El origen de todo está en una investigación sobre el JS Kabylie, uno de los clubes más emblemáticos del fútbol argelino, muy conectado además con la identidad de la región de Cabilia. Gleizes quería reconstruir la historia del club y, al mismo tiempo, profundizar en las circunstancias de la muerte de Albert Ebossé, fallecido en 2014 tras un partido en un caso rodeado desde hace años de dudas y versiones contradictorias.

La versión oficial sostuvo que Ebossé murió por el impacto de un objeto lanzado desde la grada. Sin embargo, el reportaje en el que trabajaba el periodista también prestaba atención a otra línea: la familia del jugador impulsó una segunda autopsia en Camerún que describía lesiones adicionales y alimentaba la sospecha de que pudo haber existido una agresión física. Ese contraste entre ambas versiones fue una de las claves que despertó el interés periodístico de Gleizes.

Las reuniones que acabaron convertidas en prueba

Según la acusación, parte del caso se sostiene en contactos mantenidos por el periodista con fuentes relacionadas con el Movimiento para la Autodeterminación de Cabilia (MAK). El problema es que, tal y como subrayan su defensa y organizaciones internacionales, varias de esas reuniones se produjeron en 2015 y 2017, es decir, antes de que las autoridades argelinas catalogaran al MAK como organización terrorista en 2021.

Ese punto resulta central para entender por qué el caso ha provocado tanta indignación. Para quienes piden su liberación, lo que se está castigando no es una actividad terrorista, sino el trabajo habitual de un reportero: hablar con fuentes, reconstruir contextos y hacer preguntas incómodas. De hecho, su abogado lo ha resumido con una idea muy clara al explicar esos encuentros: “Lo hizo porque eran fuentes periodísticas”.

Una condena que ha disparado la movilización

La dureza del castigo ha generado una ola de apoyo en Francia. Organizaciones internacionales, responsables políticos y numerosas instituciones locales se han movilizado para exigir su liberación. Reporteros Sin Fronteras ha denunciado que Gleizes lleva encarcelado “simplemente por hacer su trabajo”, mientras que el Gobierno francés lamentó públicamente la confirmación de la pena y reclamó su liberación.

La propia familia del periodista expresó su conmoción con un mensaje muy contundente: “No hay justificación para que Christophe tenga que soportar esta prueba”. En la misma línea, el director general de RSF calificó la condena de “absurda” y “sin sentido”, insistiendo en que el caso demuestra hasta qué punto la política ha contaminado un expediente que, desde su punto de vista, nunca debió acabar así.

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