La reacción de la política a la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero ha tenido dos tiempos muy marcados, separados por el momento en que este martes se publicó el auto de imputación al expresidente. El juez José Luis Calama le sitúa como el "vértice" de una "estructura organizada y estable" de tráfico de influencias, y se apoya en una serie de indicios que todavía tendrán más recorrido cuando se hagan públicos los informes de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía Nacional, que aún están pendientes de llegar a las partes antes de la fecha clave: el próximo 2 de junio, cuando Zapatero está llamado a declarar como investigado por tres delitos.
Los tiempos han resultado ser un dolor de cabeza para La Moncloa. La primera reacción del Gobierno tras conocerse la imputación —que no el auto— fue la defensa cerrada de la presunción de inocencia y del legado de Zapatero, que siguen en pie. Pero hay un matiz que cambió unas horas más tarde, cuando se conocieron las 88 páginas que detallan por qué un juez ha dado el paso de imputar a un expresidente del Gobierno, algo inédito en democracia.
La digestión del auto daba una tarde de tregua a toda política, mientras se acomodaba la idea de que el caso contra Zapatero está fundamentado. Esto dejaba todas las miradas sobre el Palacio de las Cortes este miércoles. El Gobierno debía afrontar una sesión de control en el Congreso de los Diputados atravesada por la noticia, y en la que el discurso del lawfare ha cambiado, tanto en el Gobierno, que se queda en la llamada a la prudencia, como entre los socios. Todos han articulado una defensa que pasaba, inevitablemente, por corregir una primera reacción precipitada al comparar a Calama con otros jueces que han llevado causas que afectan al Ejecutivo en los últimos años sin conocerse el auto.
El Gobierno llama a la prudencia
Los periodistas esperaban nerviosos la llegada del Gobierno al Congreso en el salón de los pasos perdidos, la antesala del hemiciclo en la Cámara Baja. La pregunta a Sánchez y sus ministros estaba clara antes de las nueve de la mañana: había que saber si mantenían su opinión del martes después de leer el auto. No había ninguna expectativa de que el presidente, que no acostumbra a pararse a declarar ante los micrófonos, tuviera justo este miércoles un arrebato de verborrea.
Y así ha sido. El presidente ha llegado con las campanas que indican el inicio de la sesión a punto de terminar de sonar, con una sonrisa silenciosa que mantenían también todos sus ministros, y que anticipaba que el guion sería el esperado. Ya dentro del Pleno, se ha confirmado. Sánchez reitera una defensa cerrada en torno a Zapatero, pero el auto ha obligado a Moncloa a sacar su argumentario de la sombra del lawfare. "Toda la colaboración con la Justicia, toda. Todo el respeto a la presunción de inocencia. Todo mi apoyo al presidente Zapatero", ha comenzado en su respuesta a Alberto Núñez Feijóo.
Los aplausos han inundado el hemiciclo después de esta afirmación, pero sobre los de la bancada socialista han resonado los de un Partido Popular que ha tratado de poner en evidencia el cambio de guion. Sánchez ha pasado el trago y ha seguido con un alegato en defensa del legado de Zapatero, que da continuidad a la idea del martes de que la derecha le tiene ganas al expresidente, con guiño a Aznar incluido: "Extendió derechos y libertades, nos sacó de una guerra ilegal y derrotó a ETA", ha enumerado.
El presidente ha reconducido el nerviosismo por la imputación de Zapatero hacia una ofensiva contra los casos de corrupción del PP: "Mírese al espejo", le ha pedido a Feijóo. Sánchez no ha podido evitar argumentos como "las fotos que tiene de su pasado" el líder de la oposición, al que ha advertido de que al poder "se llega con votos" y "no con atajos". Si de algo ha servido su cruce con Feijóo ha sido para despejar las dudas en torno al adelanto electoral que le exigen desde Génova: "Habrá elecciones en 2027", ha sentenciado al término de su segunda intervención.
El cara a cara ha mostrado un Sánchez que se esfuerza en trasladar una imagen de firmeza, pero que se ha marchado nada más terminar las preguntas dirigidas a él. Era el turno de los ministros, y los focos pasaban a Félix Bolaños. El titular de Justicia ha continuado con una llamada a la prudencia, que ha recalcado los matices a la posición inicial de Moncloa, al no descartar que puedan aparecer pruebas que incriminen a Zapatero: "Quiero que sean condenados a prisión todos aquellos que cometan delitos". El ministro ha asegurado sentirse "orgulloso" del expresidente, y ha señalado al PP por casos como la Kitchen: "Hicieron una policía patriótica que cometía delitos para tapar los delitos que habían cometido ustedes", ha recordado.
Nervios entre los socios
El pasillo del Congreso ha visto en las horas siguientes un goteo de ministros saliendo nada más terminar sus intervenciones. De hecho, los habituales corrillos se han sucedido con más velocidad que de costumbre, dejando claro que el Gobierno, tras leer el auto, acepta que Calama es un juez prudente y profesional, al que distinguen por ejemplo de Juan Carlos Peinado, y que no se puede negar que el expresidente está cercado por una investigación con indicios sólidos.
De vuelta a las nueve de la mañana, la expectativa estaba puesta también en los socios de investidura, a los que les esperaba la misma pregunta que al Gobierno. Ha sido revelador el cambio de postura, por ejemplo, de Podemos. Veinticuatro horas antes de la sesión, Pablo Iglesias hablaba de una "cacería política" en contra de Zapatero, pero su secretaria general actual, Ione Belarra, ha dejado claro a su llegada el giro de volante al admitir que la situación "no pinta bien" para el expresidente.
También Gabriel Rufián, que el martes iba en la misma dirección que Iglesias, ha admitido en los pasillos que el auto "está muy bien escrito". El portavoz de ERC en el Congreso tenía registrada una pregunta para Sánchez en la que le ha reconocido estar "jodido" por la noticia, aunque ha mantenido algunos de los argumentos que esgrimió el día anterior: "¿Que esto no existiría si Zapatero no fuera un enorme activo electoral para la izquierda? Sí. Y tanto. ¿Que existe una cacería judicial? Sí. Y tanto", ha asegurado.
Sin embargo, el republicano ha querido dejar clara la inconveniencia de hablar de lawfare en el caso de Zapatero, con el auto de imputación en la mano: "88 páginas. Tráfico de influencias, organización criminal, blanqueo de capitales". Rufián ha reiterado el "enorme respeto" que tiene al expresidente, pero ha admitido lo que ya adelantaba en el pasillo: "Pero también tengo ojos en la cara".
"Si esto es verdad, es una mierda. Si esto es mentira, es una mierda aún mayor, que hemos visto muchas, demasiadas veces. Pero merece una respuesta". Así ha proseguido su intervención, en la que ha roto los argumentarios, ha apelado al respeto a los votantes de izquierdas a los que la noticia "les rompe el corazón", y le ha pedido a Sánchez un "plan frente a todo esto". El presidente ha recordado la ley contra el lobbismo pendiente de tramitar en el Congreso, y le ha reiterado que "el plan es seguir gobernando".
El PP afronta su ofensiva total con impotencia
El último foco de atención estaba en la bancada del PP, en la que la noticia se recoge con ánimo por un nuevo varapalo a Sánchez, planteando una ofensiva total que deja un dilema abierto. Vox les pidió una moción de censura nada más conocerse la imputación a Zapatero, pero en Génova son conscientes de que no tienen los apoyos para que esta prospere. Por ello, Feijóo sigue dejando la pelota en el tejado de La Moncloa, evitando así que una noticia de tanto calado se acabe volviendo en su contra con una derrota.
El líder de la oposición ha señalado a Sánchez por la imputación de "su faro moral", y le ha vuelto a pedir elecciones anticipadas. Sin embargo, el PP quiere medir muy bien sus pasos para aprovechar la noticia. En el hemiciclo, Feijóo ha querido sacar músculo diciendo que "España está gobernada por corruptos", y que él se va a "encargar en cambiar todo esto". En los pasillos, el popular ha repetido esta afirmación, pero añadiendo un "cuando llegue el momento" que deja claro que descarta, por ahora, dar un paso al frente.
También enfría esta posibilidad la reacción de los partidos que podrían apoyar una moción de censura. "Apelamos a los socios porque son los socios los que le están dando apoyo y por tanto, los que impiden el cambio", ha señalado la vicesecretaria popular Cuca Gamarra. Pero no parece que vayan a encontrarles en el futuro cercano. En el PNV siguen apelando a la prudencia sobre la imputación a Zapatero, mientras que Junts, que ya pedía a Sánchez que termine la legislatura, lo sigue haciendo.
Para rematar, la sesión ha dejado un matiz que puede comprometer al PP. Sánchez le ha recordado a Feijóo que el 12 de mayo, en plena campaña electoral andaluza, "anunció lo que era un sumario que estaba bajo secreto". El presidente ha acusado a Génova de tener información privilegiada: "¿Qué información le pasan a usted? ¿La misma persona que se la pasa al jefe de gabinete de la señora Ayuso, al señor Miguel Ángel Rodríguez, con sus famosos pa'lantes?", ha preguntado. Fuentes del equipo de Feijóo han señalado que el líder de la oposición se hizo eco ese día de una información publicada en El Confidencial.
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