El fútbol español ha vuelto a protagonizar un episodio que mancha su reputación internacional. El partido amistoso disputado este martes entre las selecciones de España y Egipto en el RCDE Stadium de Cornellà quedó empañado por un sector de la grada que, de forma reiterada, entonó el cántico xenófobo: "El que no bote es musulmán".
Lo que debía ser una fiesta deportiva terminó con pitos, una megafonía pidiendo respeto, una investigación policial en marcha y la imagen de Lamine Yamal, la gran estrella del equipo nacional, abandonando el césped con el rostro serio y negándose a participar en la vuelta de honor junto a sus compañeros.
El estallido de Lamine: "Es de ignorantes y racistas"
El jugador del FC Barcelona, practicante de la religión islámica, no guardó silencio. En el mediodía del miércoles, Lamine Yamal utilizó sus redes sociales para emitir un contundente comunicado en el que censuró los hechos.
Aunque el futbolista reconoció que el cántico iba dirigido a la selección rival y no era un ataque personal directo, subrayó que como musulmán le resultaba una falta de respeto "intolerable". Yamal fue tajante al calificar a los autores de los cánticos: "Usar una religión como burla en un campo os deja como personas ignorantes y racistas". El extremo finalizó su mensaje recordando que el fútbol debe ser una herramienta para unir y disfrutar: "Nos vemos en el Mundial", concluyó.
Protocolos tardíos y el malestar institucional
La gestión del incidente en las gradas del RCDE Stadium ha levantado ampollas. Según Berni Álvarez, consejero catalán de Deportes presente en el palco, los cánticos parecían estar "muy dirigidos" y orquestados, apuntando directamente a la presencia de la extrema derecha en el recinto.
Álvarez reveló que exigió a las federaciones Española y Catalana la activación inmediata del protocolo antirracismo bajo la amenaza de abandonar el estadio. Sin embargo, desde la Generalitat denuncian que las medidas por megafonía llegaron demasiado tarde. Por el momento, los Mossos d’Esquadra ya han abierto una investigación para esclarecer los hechos.
El RCD Espanyol se desmarca y la RFEF minimiza el impacto
En medio del fuego cruzado, el RCD Espanyol, propietario del estadio, emitió un comunicado para desvincularse por completo de la polémica. El club blanquiazul, que ya sufrió una sanción económica en 2020 por insultos racistas a Iñaki Williams, recordó que ellos se limitaron a alquilar las instalaciones. La entidad consideró "profundamente injusto y desproporcionado" que se atribuya el comportamiento de ese sector del público a la afición perica.
Por su parte, la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) adoptó una postura que muchos han tildado de tibia. Rafael Louzán, presidente del organismo, condenó las actitudes, pero se apresuró a catalogarlo como un "incidente aislado", destacando que, al margen de esos gritos, se vivió un "gran ambiente".
Un historial reincidente que amenaza el Mundial 2030
El eco de Cornellà ha traspasado fronteras. La prensa egipcia, a través de medios como WinWin, calificó de "vergonzosos" los actos, mientras que cabeceras globales como el New York Times ya se han hecho eco del comportamiento discriminatorio de la afición española.
Este nuevo escándalo llega en el peor momento posible a nivel diplomático. España se encuentra en plena carrera con Marruecos —precisamente un país de mayoría musulmana— para arrebatarle a Casablanca el honor de albergar la final del Mundial 2030.
Síguenos en Google Discover y no te pierdas las noticias, vídeos y artículos más interesantes
Síguenos en Google Discover