La intervención de Javier Bardem en la última gala de los Premios Oscar no ha terminado con el cierre del telón. Su mensaje - “No a la guerra y Palestina libre”- ha encontrado eco días después en la columna que Elvira Lindo ha firmado en El País, donde la escritora no solo ha defendido el gesto del actor, sino que ha señalado con claridad la incomodidad que rodeó a la ceremonia.

Lindo ha partido con la premisa directa de que un artista no deja de ser ciudadano cuando sube a un escenario. “Si se te llena la boca con la palabra libertad deberías entender que un artista aproveche su momento para denunciar la injusticia”, ha escrito, en una defensa explícita del posicionamiento público en espacios como los Oscar.

En su análisis, ha ido más allá del caso concreto de Bardem y ha puesto el foco en el comportamiento colectivo de la industria. La autora ha descrito el cine como un entorno “gregario”, donde existe “un lazo invisible” entre sus miembros, pero ha rechazado la idea de que ese compromiso público reporte beneficios profesionales. Al contrario, ha advertido de que “pasa factura”, alimentando prejuicios y colocando a quienes se pronuncian “en la casilla de los rebeldes”.

El silencio como protagonista

Donde Lindo ha endurecido el tono ha sido al abordar la actitud general de la gala. A su juicio, lo verdaderamente llamativo no fue lo que se dijo, sino lo que no se dijo. “Lo que chirriaba era el silencio”, ha zanjado, criticando que ni siquiera el humor habitual de la ceremonia lograra disimular esa ausencia de posicionamiento.

En ese contexto, ha subrayado el carácter excepcional de la intervención de Bardem. “No deja de ser curioso que la única persona que se significara fuera un español”, ha apuntado, poniendo en valor el riesgo asumido por el actor en una industria donde, según ha recordado, las declaraciones públicas pueden afectar a futuros contratos.

La columnista ha cerrado su reflexión con una pregunta que trasciende el caso concreto: si, pese a la tensión política, en España aún se puede hablar con cierta libertad, quizá no sea motivo de crítica, sino de celebración. Una idea que reubica el gesto de Bardem como un síntoma.

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