Me cito con Lamine Thior en Diurno, uno de mis restaurantes favoritos de Chueca. Cuando llego aun están sirviendo los desayunos y el ruido de las conversaciones de los comensales es atronador. Decidimos buscar refugio en el comedor de la planta de arriba. Es como un pequeño salón inglés en el que el ruido empieza a desaparecer. Estamos montando el set para grabar y aparece Lamine de lo más veraniego: total look blanco. Me da un abrazo de esos que con este calor solo se permiten en un espacio con aire acondicionado y empezamos a charlar. Y digo charlar, porque en esta entrevista pregunto yo y también el invitado. Lamine es así: ingobernable.

 

Pregunta: ¿Cómo fue tu infancia?

Respuesta: Fui muy feliz. Es curioso el tema de la infancia, parece que uno necesita la perspectiva del tiempo para saber cómo fue realmente. Yo fui verdadera feliz. La verdad es que mi madre siempre ha sido una luchadora, siempre ha intentado que vivamos nuestros sueños a costa de su trabajo. Yo fui un chaval curioso, bastante repelente (se ríe). Mi compañero de piso, Michael Arhin, es amigo mío desde la infancia y yo recuerdo que lo veía jugar con Barbies y le decía “¿sabes que estas Barbies las hacen niños en la India?”.

P: Activista desde la infancia. Te vienes a España con dos años, llegas a Huelva, pero naces en Senegal ¿Tus primeros recuerdos ya son en España?

R: De antes de España solo tengo un recuerdo, es uno con mi abuela. Debía tener yo menos de dos años y recuerdo que por mi cumpleaños me trajo un regalo envuelto con un papel dorado precioso. Y un día comentándolo con mi madre me lo confirmó, me dijo que no entendía como me podía acordar pero que sí, que mi abuela busco por todo Dakar ese papel para mi regalo.

P: Y cuándo eras niño, ¿a qué querías dedicarte? Porque te he escuchado decir que no pensabas que esto que haces fuera una profesión.

R: Lo primero que recuerdo querer ser fue arqueólogo, y fíjate si era repelente que recuerdo haber escrito “quiero ser arqueólogo porque quiero encontrar monedas de oro para regalárselas a mi mamá” (se ríe). Después ya quise ser bombero, luego descubrí el término “psicología infantil” y ya quise ser psicólogo infantil. ¡Tenía muchas inquietudes!

P: Te defines como afroandaluz, naces en Senegal, con dos años llegas a España ¿Qué nota nos pones como país en integración cultural y atención a la diversidad?

R: Creo que va mejorando, soy optimista. Creo que pondría un seis y medio.

El cómico y actor Lamine Thior conversa con ElPlural.com en Diurno. El Plural.

P: Un aprobado raspado.

R: Sí, porque aún hay muchísimas cosas que pasan con las que uno flipa. Creo que con el tema de la integración hay una cosa que no se ha explicado del todo bien, y es que cuando hablamos de integrar, no solo es la persona que llega la que tiene que hacer un mínimo esfuerzo, sino la persona que está también tiene que hacer un pequeño esfuerzo para que esa persona se integre.

P: Porque yo creo que el tema de la integración se entiende como “tú tienes que llegar y asumir mis costumbres” y la integración es que yo te permita tener tus costumbres sin sentirme agredido por ello.

R: Estoy muy de acuerdo, además lo maravilloso de las culturas es que prácticamente de todas puedes extraer algo bueno. Y también prácticamente tiene todas las culturas tienen cosas deleznables, también la propia. Hay una frase que me encanta y es una de las cosas que me ha permitido hacer todo lo que hago y tener esta línea de pensamiento: que tengo dos culturas integradas en mí, la senegalesa y la española. Elijo quedarme con lo mejor de ambas y eso me permite cuando hay un debate, o en cualquier situación, hace un zoom out y ver si lo que está diciendo alguien viene desde su convicción o desde su cultura. Eso solo te lo da el hecho de ser multicultural.

P: Hay algo que me gusta mucho en tu activismo antirracista y es que haces una pedagogía desde un lugar en el que no culpas al que es racista. Entonces mi pregunta es si ¿somos más racistas por odio o somos más racistas por incultura?

R: Pues te diría que, a diferencia de Estados Unidos, en Estados Unidos hay un tema de racismo que viene desde el odio racial. En Estados Unidos no dudan de que los negros sean norteamericanos, lo que tienen claro es que son ciudadanos de segunda clase. Ese es el punto. Y aquí el racismo tiene una base de ignorancia, aquí ven a un negro y lo consideran africano y eso es en último término un problema de incultura. Y si eres africano te consideran un salvaje, un inculto, una persona que no es aceptable…

P: O un invasor.

R: Esa es ya la última, sí. Esto es tan loco que lo tengo incluido en uno de mis shows. En el texto digo “hay cosas que antes eran de blancos y ahora son de negros. Por ejemplo, invadir Europa ahora es de negros”. Definitivamente es un problema de ignorancia, pero esa ignorancia nos hace movernos hacia un lugar gris extraño. Las mismas preguntas que las que me hacían a mí de recién llegado son las que le hacían a al abuelo de mi amiga que es de Guinea Ecuatorial y nació en España hace cincuenta años. Yo creo que ya ha habido un tiempo prudencial para poder hacer un reset con eso, pero lo curioso es que ese reset nos lleva a lo mismo una y otra vez.

P: Llega un punto que si no haces nada con esa cultura es porque hay un motivo ideológico detrás.

R: Claramente. Hay un libro que se llama ‘Pensamiento Blanco’ (Planeta, 2023), de Lilian Thuram, muy interesante, en el que se habla del concepto de “la otredad” y de la construcción de la identidad. ¿Qué ocurre? Que cuando tú estás en lo hegemónico y en este caso hablamos de “lo blanco”, pero también de hablar de lo hegemónico heterosexual, de lo hegemónico, sobre ser hombre, etcétera. Cuando tú estás en lo hegemónico, muchas veces construyes tu identidad distanciándose de lo que no es, ¿sabes? Es como que yo soy blanco porque no soy negro. Porque los negros hacen estas cosas. Y yo no. O sea, si tú eres español siendo negro, y yo soy español siendo blanco, no me queda claro qué soy. Así que me es mucho más fácil entender que tú nunca serás de aquí para poder yo seguir siéndolo.

P: ¿Por qué crees que molesta tanto a una parte de la sociedad que se señale que España es un país con comportamientos racistas?

R: Pues porque va en su ADN. Estamos hablando de un país que tuvo una Guerra Civil por la que aún tiene muertos en cunetas y que se niega a hablar de ello. Es un país que nunca ha querido hacer una reflexión sobre absolutamente de nada y creo que tiene mucho que ver con la perversión del concepto “patriotismo”. El concepto “patriotismo” está tan pervertido que llega a puntos en los cuales la gente considera patriotismo la no critica absolutamente de nada. Para mí el verdadero patriota es aquella persona que lo que quiere es lo mejor para su país y eso implica la revisión y entender cómo podemos construir un país que sea mejor para todas las personas que habitan en él. Lo que pasa es que esto requiere de un trabajo por deconstruirse. El que escucha “España tiene un problema de racismo” y se siente agredido porque “si yo soy España y España tiene un problema con el racismo es que yo soy racista y yo no tengo un problema con el racismo” tiene un problema que no quiere afrontar y lo diluye en una falsa idea de pertenencia.

Charlamos con el activista, cómico y actor Lamine Thior sobre el momento actual de nuestro país y el racismo. ElPlural.com

P: Me gusta mucho que lo lleves a la idea de patriotismo, porque si es verdad que hay algo que a mí me cabrea, especialmente cuando se habla de este tipo de debates, de que es ser patriota o no serlo. Siempre se intenta igualar por debajo. Dicen no, pero es que “tan mal lo tenemos, porque en Afganistán a las mujeres les arrancan las uñas por pintárselas” y yo quiero que me iguale por arriba, compararme con la primera democracia del mundo, compararme con el país más civilizado. No me compares con el de abajo, porque evidentemente no quiero estar ahí.

R: Es que eso es una trampa, cuando la vara de medir es un país que no respeta los Derechos humanos la comparación es perniciosa. Además, esas comparaciones las suelen hacer los que niegan la violencia de género aquí, pero lamentan la situación de las mujeres en otros países. O los que hablan de nacionalidades como agravantes cuando el agresor es extranjero y de situaciones de “no está bien de la cabeza” cuando el agresor es blanco, nacional y más español que Cervantes. Pero luego si hace falta también niegan los problemas de salud mental, es todo un disparate y es asqueroso vivir con esa doble moral.

P: ¿De pequeño tenías la dualidad de no pertenecer a ninguna de tus patrias? No sentirte ni senegalés ni español.

R: Totalmente. Es más, uno de mis shows, que se llama “Españul”, porque es un juego de palabras que hacen los senegaleses porque “ñul” significa “negro” en wolof, el idioma de Senegal. Entonces, cuando eres un español negro, pero no eres ni negro, ni blanco, ni español, ni senegalés eres un “españul”. Mucho tiempo me moví en esa tierra de nadie. Y cuando eres un chaval al final lo único que quieres es sentir que perteneces al grupo. Buscas todo el rato la manera de encajar, yo recuerdo que mi madre me traía alguna cosa típica de Senegal y yo no me la ponía jamás porque en mi cabeza ponerme eso era hacer que la gente supiera que era negro. Como si no fuera evidente de todos modos… pero en esos años mi ídolo era Nick Carter, mi madre es peluquera y yo recuerdo que le pedía que me tiñera de rubio y me alisara el pelo… Recuerdo que incluso si veía a alguna persona negra por la calle ni la saludaba.

P: Bueno, tú has dicho que fuiste racista.

R: Sí, por supuestísimo. Era una forma de “voy a buscar la manera de adaptarme lo más fácil al grupo que ostenta el poder”. Y eso es peligroso, porque muchas veces pasa que al final acabas validando sus movidas. ¿Sabes? Esto es lo típico que alguien dice “no, a mi amigo negro lo llamo negro de mierda, pero a él le da igual” y habría que ver exactamente cuándo de que le dé igual y cuánto de supervivencia hay.

P: Háblame de esta etapa de tu vida en Cádiz, de “300 pavos”.

R: ¡Hala, qué guay! ¿Pero cómo sabes tú eso? (Se ríe). Pues “300 pavos” fue una webserie que hice con mis amigos Alvaro Pérez y Diego Villalba. En aquella época yo era modelo y en una sesión de fotos coincidí con ellos y me dijeron que tenían entre manos una serie y que les gustaría que fuera el tercer protagonista. En ese momento se llevaban las webseries en YouTube, tipo “Malviviendo”.

P: Era 2012 ¿no?

R: Exacto, 2012. Les dije que sí y tuvimos mucha suerte. Aparte que el guion era muy bueno, el cámara era Antonio F. Morenilla, que hacía vídeos para bodas con calidad de cine y su mano se notó muchísimo, la serie parecía una producción de HBO. (Se ríe). ‘300 pavos’ lo petó y a partir de ahí nos dieron el premio Cádiz Joven a nivel de arte y nos hicimos virales en 2012.

P: Y esto se interrumpe porque dices oye, me voy a Senegal a jugar a la selección de baloncesto.

R: Es muy loco, sí. Yo me había ido a Barcelona a jugar al baloncesto y estando allí me fichó un ojeador, investigó que tenía la nacionalidad y me llegó el ofrecimiento de la Selección de Senegal para la preparatoria del Mundial de Baloncesto de 2014, que era en Madrid. Volví a Senegal con 21 años y fue una experiencia maravillosa.

P: Y llega una lesión que te hace volver a España, pero en esta ocasión a Madrid.

R: Cuando yo me lesiono ocurre algo clave en lo que tiene todo el mérito mi madre. Cuando me lesiono la llamo para pedirle que me mande mi PlayStation a Senegal para entretenerme jugando al baloncesto, aunque sea en un videojuego y me dijo “¿Vas a hacer en Dakar lo mismo que hacías en Algeciras, dame tu correo electrónico?”. A los días recibí un mail de mi madre con el asunto “culturízate un poco, anda”, en el cuerpo del correo había un listado de 100 libros que todo el mundo debería leer con sus enlaces de descarga. Aquel listado lo había hecho su amigo Antonio, que ya ha fallecido, por encargo de mi madre y en él había incluido ensayos, artículos, novelas, poemas… Me leí los 100 y me cambió la vida, fue eso lo que me animó a venir a Madrid.

P: Y ya en Madrid una de las cosas que empezaste a hacer fue el podcast de ‘No hay negros en el Tibet’ (Podium Podcast) junto a Asaari Bibang y Frank T que va ya por su séptima temporada ¿Qué te aporta este proyecto?

R: Es maravilloso porque es un espacio en el que puedes reflexionar en alto y creo que es una de las cosas más importantes que hemos perdido como sociedad: reflexionar en alto. Ese poder decir lo que sea, que te permitan equivocarte, y que luego te expliquen porque no tienes razón y aprender todos algo. Además, siete temporadas dan para demostrar que el racismo es transversal, multifactorial e interseccional y como se mezcla racismo y machismo, racismo y homofobia. Muchas personas no pensaban que esto diera para tanto, ni nosotros mismos (se ríe).

P: También podemos verte en televisión en ‘Al cielo con ella’ con Henar Álvarez en TVE. ¿Te gusta verte haciendo comedia en televisión?

R: Esta es otra de las cosas que no me esperaba ni de broma. De hecho, el otro día estaba viéndolo y al acabar repusieron un capítulo antiguo y estaba viendo el monologo de arranque de Henar pensando “¿de qué me suena a mí el corsé que lleva puesto?”, y al momento me presenta y aparezco. Aun no me creo que esté ahí de verdad, es un sueño. Además, mi sección va de cosas que me atraviesan. He hablado de masculinidades, de andalucismo, he hablado de racismo, he hablado de hipersexualización…

P: Hace tiempo hablando sobre televisión con Carolina Sobe me hablaba de que ella había vivido discriminación positiva, porque cada vez que a un programa querían darle un “un toque de diversidad” la llamaban a ella. ¿La has vivido?

R: Claro. Asaari tiene un nombre para esto, lo llama “la Black Week”. Cuando pasa algo de negros, de repente empiezan a llamarnos de todas partes. Y ante eso tienes dos tesituras: o entras en la rueda o no lo haces. Antes me enfadaba los que accedían a ir en estos casos, ahora creo que los espacios hay que ocuparlos como sea. Ya no juzgo a los compañeros que acceden a ser una cuota temporal porque poder decir que no también es un privilegio.

P: Se hace solo con la nevera llena.

R: Tal cual y repito: hay que ocupar espacios. Aunque sean espacios poco críticos, porque es mejor que estés tú a uno que no tiene tu punto de vista. A mí me encanta cuando me preguntan en alguna entrevista si de verdad hay racismo en España. Siempre respondo con “¿y tú qué piensas?”. Pero solo el mero hecho de que me hagan la pregunta ya me da la respuesta. Y la hay a todos los niveles y en todos los ámbitos, por ejemplo, en los partidos políticos de la izquierda. Al final, hay más negros en los partidos de derecho. ¿Qué los instrumentalizan? Posiblemente, pero la izquierda no se puede permitir esa torpeza. Es para hacérselo mirar.

Lamine Thior se cita con ElPlural.com en el restaurante de Chueca Diurno. ElPlural.com

P: Y en contraposición a esa “discriminación positiva” de la comunicación está la de la ficción. Asaari Bibang por ejemplo se ha negado a aceptar más papeles de prostituta negra.

R: Normal, es agotador. A mí me toca el papel de inmigrante sin papeles. Y es verdad que la cosa va cambiando también. Ahora por ejemplo estoy a punto de estrenar una serie donde hago de un experto en aceite de oliva que es de Úbeda y ser negro no es parte de la trama. Pero cuesta encontrar papales así. Y estoy harto de oír que “todavía no es el momento” o que “España no está preparada, que faltan diez años” porque llevan faltando diez años cincuenta años ya.

P: ¿Cómo llevas ya no ser el Lamine más famosos de este país?

R: Nunca lo fui, tío. Es que no existía hasta que existió Lamine Yamal. O sea. Me explico, es duro pasar de que la gente no pronuncie bien tu nombre a ser el segundo. ¿Sabes? (se ríe) ¡Es como nunca alcanzar la cima! Cada vez que lo veo como trending topic pienso “ojalá sea el otro”.

P: Ahora estás triunfando con tu show de comedia ‘Mas que palabras’ en el Teatro Pequeño Gran Vía. En él abordas el antirracismo desde el uso del lenguaje ¿Cómo llegaste a esa idea?

R: Porque el lenguaje es poderoso, desde pequeño me ha llamado la atención cómo podemos articular sonidos que signifiquen algo. Sonidos que se transforman en imágenes y conceptos en nuestra cabeza. Es muy loco. Por ejemplo, si te digo que imagines una mesa, seguro que tú mesa y la mía serán diferentes. La misma palabra, que suena exactamente igual, produce imágenes diferentes según tu circunstancia personal. Y si eso ocurre con la palabra mesa, imagínate con la palabra inmigración. Y también porque hay un debate muy interesante para mí es si las palabras crean realidades o solo describen la realidad, es un debate que yo dejo ahí abierto siempre. ¿Qué opinas tú de esto?  

P: ¿Yo? Creo que el lenguaje crea en realidades y creo por eso es importante el lenguaje inclusivo. Hay mucha gente a la que esto la enfada y ese enfado también habla de algo. Pero yo creo que las realidades se van creando cuando les ponemos nombre y hablamos de ellas. Mientras tanto, no existen. Esa es mi opinión.

R: Estoy muy de acuerdo porque creo que al final el poder nombrar y ser nombrado es un privilegio.

P: Ya para terminar, ¿qué te parece esta barbaridad de la prioridad nacional? Porque con compartimentos estancos tan estrechos en este país no sería español ni el Rey Felipe VI.

R: Pues es una demostración de lo imprevisibles que somos los seres humanos. Y que esa idea de “primero los de aquí” es tan complicado de acotar. ¿Dónde termina la etiqueta de “los de aquí”? ¿En los blancos? ¿En los heteros? ¿En los católicos? Es una auténtica ida de olla. Mira en el en el libro ‘El miedo a la libertad’ de Erich Fromm justamente hay un punto donde habla de por qué las personas no quieren ser libres. El lo analiza desde el lado de individual, en pareja y en sociedad. Y entonces hay un punto en el individual de por qué alguien decide coger su libertad y darla. Pues porque cuando tú das tu libertad también cedes también tu responsabilidad. Y entonces es mucho más fácil para mí entender que todo lo malo que me pasa, me pasa porque esto está lleno de moros, esto está lleno de negros, esto está lleno de maricones, etc. Antes de asumir que a lo mejor es que el mundo está cambiando y yo no me estoy adaptando. Y quizás lo que está pasando es que yo me estoy quedando atrás y en vez de avanzar estoy queriendo que el mundo pare y tire para atrás. Pero eso es un pensamiento que implicaría mucha autorreflexión y es entonces es mucho más fácil decir ‘¡prioridad nacional!’ y seguir como siempre.

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