El Partido Popular empieza a ensayar formas para asestar un golpe mortal a la legislatura de Pedro Sánchez, en una semana en la que el Gobierno se ha asomado más que nunca al abismo. Sin haber recuperado el aliento tras conocerse el sumario del caso Plus Ultra, conocido una semana después de la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero, la Justicia daba otro revolcón a la política el miércoles enviando a la Guardia Civil a la sede del PSOE en Madrid.
Los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) entraban en el número 70 de la calle Ferraz a primerísima hora para requerir información sobre la trama de Leire Díez para dinamitar causas contra el Gobierno, que el juez Pedraz acusa a su ex secretario de Organización Santos Cerdán de liderar y de haber financiado con dinero de la sede socialista. La noticia saltaba a escasos minutos de que la ofensiva total de los de Feijóo copara la sesión de control al Ejecutivo en el Congreso de los Diputados, y el mismo día en que se iba a materializar en el Senado.
En realidad, las maniobras ya habían comenzado una semana antes, tras conocerse la imputación de Zapatero por liderar una presunta trama corrupta de tráfico de influencias. Desde ese momento, en Génova pusieron en marcha toda la maquinaria, pero han medido mucho sus pasos. Feijóo sigue descartando presentar una moción de censura, consciente de que los números no le dan. En su lugar, el popular y su séquito siguen apelando a que Sánchez convoque elecciones, y mantienen la presión sobre los socios, a los que tratan de retratar por seguir sosteniendo al Gobierno.
El nuevo varapalo del miércoles marcó un antes y un después. Si los partidos de izquierdas siguen poniendo la línea roja en que se demuestre una financiación irregular del PSOE, cada vez hay más división y menos claridad. Todos coinciden en pedir explicaciones a Sánchez, que el presidente dará en las próximas semanas en la comparecencia en el Congreso que solicitó este jueves. Aún así, en Sumar se mantienen en un apoyo cauto, con voces como la de Gerardo Pisarello, de Comunes, que ya admiten que las explicaciones están "tardando demasiado". Otros, como ERC, siguen en el barco aunque piden apresurar las políticas sociales ante lo que pueda pasar. Y luego está Podemos, que señala al Gobierno como "insostenible" pero siguen descartando apoyar una moción de censura.
El experimento del Senado
Feijóo sabe que entre ellos será difícil encontrar apoyos para una hipotética estacada final a Sánchez, por lo que sus únicas opciones están en los socios más próximos a él en ideología. Son Junts y el PNV, que desde que saltó la noticia de Zapatero son los más críticos, si bien lo eran ya antes de que empezara todo. Ambos han dicho ya que la legislatura está muerta, pero tampoco pretenden hacer presidente a Feijóo. Al igual que el líder de la oposición, ambas formaciones piden a Sánchez que convoque elecciones.
El mensaje al presidente popular es claro: aún no puede contar con ellos para una mayoría. Sin embargo, un día antes de que la UCO entrara en Ferraz, Feijóo preparaba un primer experimento que le serviría para retratar a los partidos nacionalistas, a los que acusó ese día de sostener al Gobierno "más sucio de la democracia".
Una semana antes, el PP había registrado una moción de reprobación al Ejecutivo en el Senado. Se trata de un texto que pedía a Moncloa que "ponga fin a la actual situación de bloqueo permitiendo la formación de un nuevo Gobierno", que presentaron un día después de la imputación a Zapatero en la Cámara Alta, en la que tienen mayoría absoluta. Esto les garantizaba que la moción iba a salir adelante, aunque a efectos prácticos esto no tiene consecuencias para el Gobierno porque este tipo de mociones no son vinculantes.
Sin embargo, como pasa con las proposiciones no de ley, las mociones sí que sirven para que los partidos fijen posiciones ante un determinado asunto. En el caso de Feijóo, el debate sobre este texto les brindaba este miércoles una ofensiva sobre el Gobierno por partida doble, con sesión de control en el Congreso por la mañana y la votación para pedir elecciones en el Senado por la tarde. Todo ello se planteó cuando solo se conocía el auto en el que juez Calama imputaba a Zapatero, a lo que se sumaron el sumario completo de ese caso, publicado un día antes de empezar la ofensiva, y la entrada de la UCO en Ferraz a apenas unos minutos.
Junts y PNV niegan a Feijóo piden elecciones
"¡España clama elecciones!", arrancaba la senadora del PP María José Pardo. El debate fue bronco, con gritos de "fascistas" a la bancada popular. Los de Feijóo cumplieron relativamente su objetivo, que no era otro que el de forzar a los socios nacionalistas a elegir entre apoyar abiertamente al Gobierno o a matizarse. En cierta forma lo consiguieron, pues la moción se aprobó con los votos a favor de PP, Vox y UPN, y la abstención de Junts y el PNV.
Los vascos fueron consecuentes con el mensaje lanzado por su líder, Aitor Esteban, que pidió elecciones al Gobierno, pero siguieron cerrando la puerta a Feijóo: "Si ustedes consideran que se dan las circunstancias para presentar una moción de censura, háganlo ya, y háganlo donde tienen que hacerlo, en el Congreso de los Diputados", le dijo al PP la senadora jeltzale Estefanía Beltrán. "El resto son patrañas, son filfas, es entretener y hacer ruido", remataba. Mismo esquema siguió Junts, que recordó a la bancada popular su postura sobre su objetivo real: "El problema son ustedes mismos y el mal vicio de no saber frenar nunca ni contra Cataluña ni contra las cosas más básicas de una democracia, como es poner urnas", dijo el parlamentario Eduard Pujol.
El debate sirvió para retratar que aunque ya hay una mayoría que pide elecciones, de la que forma parte el PP, siguen arrastrando un mal mayor, que no es otro que Vox. El apoyo de la ultraderecha, que ya es el socio habitual de Génova para formar gobiernos, hace que los partidos nacionalistas se nieguen a subirse a su barco. Es complicado tender puentes con PNV y Junts para que apoyen lo mismo que Vox, partido que apuesta por ilegalizarlos.
Aún así, vascos y catalanes siguen presionando al Gobierno para que termine la legislatura. Los de Puigdemont no habían hecho mucho ruido a lo largo de la semana, pero se han terminado sumando este viernes, con su portavoz Miriam Nogueras llamando a las urnas, "como cada vez piden más partidos". La de Junts recogía así el guante de los jeltzale, que han pedido lo propio en varias ocasiones, no sin antes reiterar su 'no' a Feijóo: "No estamos aquí para poner y sacar gobiernos", señaló.
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