"Son casi las 6 de la tarde, casi las 5 de la tarde en Canarias y estamos en estos momentos viviendo un momento histórico en Mediaset. A esta hora de la tarde, este es el primer programa que no produce Ana Rosa Quintana, ¡aquí estamos! Hecho histórico, eh, hecho histórico".

Con esta contundente ironía, lanzada desde el plató de El diario de Jorge, Jorge Javier Vázquez volvía a abrir este mes de septiembre la caja de los truenos en Telecinco. El dardo, dirigido a la línea empresarial de la cadena y al abrumador control de la parrilla por parte de Unicorn Content, no tardó ni 24 horas en encontrar respuesta. Esta mañana, la que un día fue la reina de las mañanas abría su bloque matinal devolviendo el golpe: "Muy buenos días, son las 9 de la mañana, las 8 en Canarias, bienvenidos al segundo programa de mi productora".

Este cruce de pullas, lejos de ser una anécdota aislada, es la enésima escenificación de una guerra fría que lleva años librándose en los pasillos de Fuencarral. Los dos presentadores estrella de la cadena representan hoy dos modelos de televisión y dos polos ideológicos totalmente opuestos, enzarzados en una batalla por el control del relato y de la audiencia.

El fantasma de 'Sálvame'

El punto de no retorno en la relación entre ambos comunicadores tiene fecha y formato: la cancelación de Sálvame y del Deluxe, y el posterior desembarco de Quintana en las tardes con TardeAR. Aquel terremoto en la programación de la cadena, orquestado por la nueva cúpula directiva de Mediaset, destronó a La Fábrica de la Tele para entregarle el monopolio casi absoluto de la programación a Unicorn Content.

La herida supuró de forma pública en agosto de 2024, cuando ambos protagonizaron un tenso y recordado cara a cara en el plató de TardeAR. Sin filtros, el de Badalona le espetó a su antigua amiga las palabras que resumían el sentir de su equipo: "Te cargaste mi programa". Durante aquella entrevista, Jorge Javier confesó que le llegó a "odiar el verano pasado" y calificó de "sospechoso" que, tras el cambio de directiva, Quintana se hubiera quedado con toda la parrilla. La periodista, a la defensiva, argumentó que la decisión fue estrictamente de los ejecutivos y que ella no tenía "ninguna necesidad" de abandonar su cómodo trono matinal. 

Un abismo ideológico y el huracán Rocío Carrasco

Pero la grieta entre ambos había comenzado a abrirse mucho antes, alimentada por una trinchera política e ideológica cada vez más ancha. Jorge Javier, de talante abiertamente progresista y defensor público del presidente Pedro Sánchez, chocaba frontalmente con la línea editorial conservadora de Ana Rosa, feroz crítica del Ejecutivo de izquierdas. Sus diferencias llegaron a verbalizarse en directo, como cuando el catalán le exigió a la madrileña que "dejara en paz" a Sánchez o criticó el enfoque alarmista que sus magacines daban a la ocupación de viviendas.

A este abismo político se sumó el terremoto social de la docuserie Rocío. Contar la verdad para seguir viva en 2021. Mientras Jorge Javier se erigió como el gran presentador y defensor del relato de Rocío Carrasco, Ana Rosa optó por la vía opuesta: ignorar los últimos episodios del formato y fichar como colaboradora a Rocío Flores, convirtiendo su plató en el altavoz de la familia.

La tensión era tan palpable que cualquier encuentro saltaba por los aires. Así ocurrió cuando el presentador acudió a promocionar su libro Antes del olvido al programa matinal. Lo que debía ser una entrevista amable derivó en un frío choque sobre la salud mental, donde Ana Rosa defendió la "obligación de ser feliz", a lo que Jorge Javier respondió tajante: "Es un horror, no comparto absolutamente nada. No tenemos nada que ver".

Tres décadas de amor y odio

La crudeza de esta rivalidad contrasta enormemente con sus orígenes. Fue en 1997 cuando Ana Rosa Quintana y Rosa Villacastín descubrieron televisivamente al catalán, fichándolo para Extra Rosa en Antena 3 y, posteriormente, para el exitoso Sabor a ti. Quintana ejerció de madrina televisiva de un joven Vázquez, forjando una amistad de casi tres décadas llena de complicidad, humor y apoyo mutuo en los momentos más oscuros, como el ictus del presentador o el cáncer de la periodista.

Hoy, ese vínculo parece reducido a las cenizas. Como el propio Jorge Javier reconoció en una carta abierta, son "la noche y el día", y aunque asegura que mantienen un cariño residual tras décadas de idas y venidas, los reproches en directo demuestran que la guerra de egos, ideologías y productoras ha devorado para siempre a aquella pareja televisiva que un día conquistó las tardes de la televisión.

Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora