Este vídeo de la NASA parece sacado una película de ciencia ficción; pero, una vez más, la realidad la supera. Es un Falcon Heavy despegando y llevando a bordo uno de los instrumentos científicos más ambiciosos construidos por la Humanidad.
Nancy Grace Roman fue la primera astrónoma jefa de la NASA y la “madre de Hubble”
Dentro del cohete viaja el telescopio espacial Nancy Grace Roman, el nuevo gran ojo de la NASA. Despegó el pasado 30 de agosto, desde el complejo 39A del Centro Espacial Kennedy, en Florida. Y ahora está recorriendo aproximadamente 1,6 millones de kilómetros hasta alcanzar su destino en el punto de Lagrange L2 del sistema Sol-Tierra, un viaje que durará tres meses.
Lleva el nombre de Nancy Grace Roman, la primera astrónoma jefa de la NASA y una de las personas que impulsaron desde dentro de la agencia la idea de colocar grandes telescopios en el espacio. Por ese papel terminó siendo conocida como la “madre de Hubble”.
El Nancy Grace Roman es uno de los instrumentos científicos más ambiciosos construidos por la Humanidad
Responder a nuestras preguntas
El Roman ha sido construido para intentar responder algunas de las preguntas fundamentales de la cosmología moderna: qué es la energía oscura, cómo se distribuye y cuántos tipos distintos de planetas existen realmente en nuestra galaxia.
Su forma de mirar el universo es bastante distinta a la de otros telescopios, como el Hubble o el James Webb. El Roman tiene un espejo principal de 2,4 metros de diámetro, exactamente el mismo tamaño que el de Hubble. Pero su instrumento principal, el Wide Field Instrument, posee un campo de visión al menos cien veces mayor.
El resultado es que una sola imagen de este nuevo instrumento equivale, en nivel de detalle, a cien imágenes del Hubble juntas. La NASA lo describe como una especie de “primo de ojos grandes”.
El Hubble está diseñado para apuntar hacia un objeto concreto y estudiarlo con enorme detalle. El Roman está pensado para observar regiones gigantescas del universo de una sola vez, con una resolución casi igual a la de su “primo”.
Durante sus primeros cinco años de observación, la NASA calcula que el Roman fotografiará más de 50 veces la superficie celeste que el Hubble ha cubierto durante sus primeros 30 años de funcionamiento.
Mil millones de galaxias para entender algo que no podemos ver
Uno de los principales objetivos del Roman será intentar comprender la energía oscura.
Sabemos que el universo se expande y que esa expansión se está acelerando. Pero todavía no sabemos realmente por qué. El nombre que los científicos utilizan para describir aquello que estaría provocando esa aceleración es energía oscura.
El Roman estudiará enormes cantidades de galaxias distribuidas a distintas distancias para reconstruir cómo ha evolucionado el universo a lo largo del tiempo.
La NASA calcula que su Wide Field Instrument medirá la luz de aproximadamente mil millones de galaxias durante la misión.
Al observar cómo se distribuyen esas galaxias y cómo ha evolucionado su posición, los cosmólogos podrán poner a prueba distintos modelos sobre la expansión del universo.
También permitirá cartografiar mejor la materia oscura, otra de las grandes desconocidas. No podemos verla directamente, porque no emite ni refleja luz. Pero sí podemos detectar sus efectos gravitatorios sobre las galaxias y sobre la propia luz que atraviesa el universo.
Y miles de planetas que todavía no conocemos
El Roman también va a convertirse en una enorme máquina de buscar planetas. Durante una de sus campañas observará aproximadamente 200 millones de estrellas situadas hacia el centro de nuestra galaxia.
Lo hará utilizando un fenómeno llamado microlente gravitacional. Cuando una estrella o un planeta pasa exactamente por delante de otro objeto lejano desde nuestro punto de vista, su gravedad puede actuar como una diminuta lupa y amplificar temporalmente la luz que recibimos.
Analizando esas variaciones de brillo, es posible detectar incluso planetas que serían prácticamente imposibles de observar directamente. De hecho, la NASA espera que el Roman descubra más de mil exoplanetas mediante este sistema.
El telescopio también puede ayudar a estudiar mundos situados a grandes distancias de sus estrellas e incluso planetas errantes que viajan por la galaxia sin orbitar alrededor de ninguna.
Eso permitirá realizar algo parecido a un censo estadístico de los sistemas planetarios de la Vía Láctea.
Fotografiar un planeta escondido detrás de una estrella
El Roman lleva además un segundo instrumento experimental denominado el Coronagraph Instrument, que en español sería un “coronógrafo”.
El problema al intentar fotografiar directamente un planeta situado alrededor de otra estrella es que esta brilla muchísimo más. El coronógrafo utiliza máscaras, detectores, óptica de altísima precisión y espejos deformables capaces de corregirse para bloquear gran parte de la luz de la estrella y conseguir que aparezcan los objetos mucho más débiles que la rodean.
El instrumento está diseñado para detectar planetas hasta cien millones de veces menos brillantes que sus estrellas y ofrecer una capacidad entre 100 y 1.000 veces superior a la de los coronógrafos espaciales existentes. La NASA espera utilizarlo para obtener imágenes directas de planetas gigantes parecidos a Júpiter.
1,4 terabytes cada día
La NASA calcula que el Roman enviará a la Tierra alrededor de 1,4 terabytes de información cada día, la mayor tasa de datos registrada hasta ahora en una misión astrofísica de la agencia.
Para analizar semejante cantidad de información se utilizarán sistemas de inteligencia artificial y aprendizaje automático, además de proyectos de ciencia ciudadana.
Los algoritmos podrán detectar variaciones de brillo, objetos inesperados o fenómenos extraños en enormes volúmenes de observaciones, para después señalar cuáles merecen la atención de los investigadores.
Las primeras imágenes llegarán en 2027
Durante su viaje y los primeros meses de misión, los equipos de la NASA desplegarán y calibrarán sus sistemas, comprobarán los instrumentos y prepararán el observatorio para comenzar sus operaciones científicas.
La agencia espera publicar las primeras imágenes a comienzos de 2027 y la misión principal tendrá una duración prevista de cinco años, aunque podría prolongarse otros cinco.
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