“Hoy en día, el arte del cine está siendo -de forma sistemática- devaluado, marginado, menospreciado y reducido a su mínimo común denominador: contenido”. No lo decimos nosotros, por supuesto, lo dice nada menos que Martin Scorsese en un ensayo titulado “Il Maestro” y dedicado a Federico Fellini, que publica la revista Harper’s.
El director de clásicos como Taxi Driver, Toro Salvaje, Uno de los nuestros o, más recientemente, The Irishman, arremete contra quienes, en nombre de la tecnología, degradan el arte: “Hace quince años, el término contenido solo se oía cuando la gente reflexionaba sobre el cine a un nivel serio y se contrastaba y medía contra forma. Después, de forma gradual, comenzó a ser usado más y más por gente que tomó el poder de las compañías de medios, la mayoría de los cuales no sabían nada de la historia del arte o ni siquiera les importaba lo suficiente como para pensar que deberían hacerlo”.
Seleccionar es un acto de generosidad: compartes lo que amas y lo que te ha inspirado
Calidad por encima de todo
Aboga por un modelo en el que la calidad sea la base: “Seleccionar no es antidemocrático ni elitista, un término que se usa hoy en día tan a menudo que ha perdido su significado. Es un acto de generosidad: compartes lo que amas y lo que te ha inspirado”.
Y las máquinas no ocupan un lugar en él: “Las mejores plataformas de streaming, como Criterion, Channel y MUBI; y otras tradicionales como TCM se basan en la selección y seleccionan de verdad. Los algoritmos, por definición, se basan en cálculos que tratan al espectador como consumidor y nada más”.
Las sugerencias de contenidos parecen democráticas, pero no lo son
Cal y arena
No todo es negativo: “Por un lado, ha sido bueno para los cineastas, yo incluido”, reconoce. Pero “por otro, ha creado una situación en la que todo se presenta al espectador a nivel de terreno de juego, que suena democrático, pero no lo es. Si las sugerencias son creadas por algoritmos basados en lo que ya has visto y se basan solo en el tema o el género, entonces ¿qué tiene eso que ver con el arte del cine?”.
No es de extrañar que todo se perciba como un negocio. En cifras de Statista, la industria del streaming de vídeo alcanzará un valor de más de 59.000 millones de euros en 2021. Y se espera que crezca más de un 11 por ciento [llegará casi a los 90.000 millones] hasta 2025.
La tecnología blockchain y la inteligencia artificial impulsarán el crecimiento del mercado
La tecnología, culpable
Gran parte de la culpa de ese crecimiento lo tiene la tecnología, según la empresa de estudios de mercado Grand View Research: “Se espera que las innovaciones como la tecnología blockchain y la inteligencia artificial para incrementar la calidad del vídeo impulsarán el crecimiento del mercado”, explican sus analistas.
En especial la inteligencia artificial “está jugando un papel esencial en la edición, cinematografía, doblajes, escritura de guiones y varios otros aspectos de la producción y publicación de vídeo”.
YouTube pasó a valer 1.370 millones de euros en solo un año
Desde principios de siglo
La historia del streaming de video se remonta a 2005, cuando un grupo de ex profesionales de PayPal montaron YouTube. Un año más tarde, Google adquiría la compañía por 1.370 millones de euros. Un movimiento que en su momento muchos analistas consideraron una locura, pero que ha demostrado ser una de las mejores decisiones de la tribu de Menlo Park.
Aunque, para ser puristas, todo empezó un poco antes, cuando en 2003 aparece Youku en China y dos años más tarde, Todou. Más tarde, en 2010, Baidu creó iQiyi, la primera plataforma Premium del país. Tencent nació un poco después. Pero hasta 2013, ambas eran una especie de versión local de YouTube, con contenido creado por los usuarios.
Netflix cambió las reglas del juego con House of Cards
Producción propia
El verdadero problema que apunta Scorsese en su ensayo empieza en realidad en 2013, cuando Netflix presenta House of Cards, su primera serie original. Con esa maniobra, la compañía cambiaba las reglas del juego, porque las plataformas se convertían en productoras. Es decir, controlan la generación de contenido [que Scorsese nos perdone] y su distribución.
Amazon respondió en 2015 con dos de las series más telescópicas de la historia: The Man in the High Castle y Mr. Robot [si no las has visto, déjalo todo ahora mismo y ponte a hacerlo].
El resultado fue que Netflix vio cómo su número de suscripciones se elevaba de 60 millones a 110 millones en tres años. Y, con ella, el resto de plataformas.
En 2020, 300 compañías sumaban más de 220 millones de usuarios
Todo, hasta llegar al momento actual en el que más de 300 compañías sumaban, a finales del año pasado, más de 220 millones de usuarios. Eso sí, en 2021 se espera que el crecimiento no sea tan acusado, en especial para las que estaban captando más cuota de mercado: Netflix, Apple TV Plus, Disney Plus, and Amazon Prime. La principal causa es que ya queda poca gente que se pueda suscribir.
Las circunstancias de aquel momento han desaparecido para siempre
Viejos tiempos
Un negocio que nada tiene que ver con el que vivió Scorsese en su momento: “Las decisiones tomadas por distribuidores como Amos Vogel, de Grove Press, en los sesenta no eran solo actos de generosidad sino, muy a menudo, de valentía”. Recuerda el caso de Dan Talbot, que fundó New Yorker Films para distribuir una película que amaba, pero “no era exactamente una apuesta segura”, Antes de la revolución de Bertolucci.
“Las circunstancias de aquel momento han desaparecido para siempre, desde la primacía de la experiencia en la sala, hasta la emoción compartida de las posibilidades que ofrece el cine”, se lamenta.
Eso sí, le queda la experiencia vivida: “Me siento afortunado por haber sido joven y haber estado abierto a todo lo que estaba pasando. El cine siempre ha sido mucho más que contenido y siempre lo será; y los años en los que esas películas salían por todo el mundo, hablándose entre sí y redefiniendo el arte cada semana, son la prueba”.