Cuando quiero incordiar a mi hermano, que es profesor, le digo que está todo el día de vacaciones y que trabaja menos que sus alumnos. Ya ni me contesta, claro, pero antes siempre me salía con el tiempo que supone corregir ejercicios, trabajos y exámenes; la preparación de las clases; la atención a los propios alumnos, que también tienen sus problemas; y demás cuestiones lectivas. Y luego, claro, está la burocracia, que se lleva lo suyo.
¿Puede ser la tecnología la respuesta a la huelga de la enseñanza en la Comunidad de Madrid?
Así que, con la huelga de la enseñanza en la Comunidad de Madrid, me he planteado si la tecnología puede solucionar algo de esto. Si tenemos en cuenta que entre las reivindicaciones de las organizaciones convocantes figura la reducción de la carga burocrática, los horarios lectivos y los recursos destinados a atender la diversidad, quizá algo de esa presión se pueda aliviar a base de inteligencia artificial y otras soluciones. Por supuesto, no es la panacea, pero puede ser una ayuda.
Más de un millón de estudiantes y una infraestructura ya disponible
Según los datos oficiales del curso 2026-27, la Comunidad de Madrid cuenta con 1,2 millones de estudiantes y 68.899 docentes en centros públicos, ”1.280 más que el pasado curso”.
La administración autonómica explicaba al comienzo del curso que “todos los cursos de Educación Secundaria Obligatoria alcanzan ya la reducción de ratios, pasando de 30 a 25 alumnos por aula”. Por otra parte, “en Educación Primaria, la reducción de 25 a 20 alumnos por aula llega este curso hasta 2º de Primaria”.
Y, aunque a veces se nos olvide, ya existe una infraestructura de apoyo tecnológico. EducaMadrid, la “plataforma de servicios públicos para la comunidad educativa”, ofrece aulas virtuales para organizar recursos, actividades, comunicación y seguimiento académico.
También el Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado (INTEF), que es la unidad del Ministerio de Educación y Formación Profesional responsable de la integración de las tecnologías digitales y la formación del profesorado en las etapas educativas no universitarias, cuenta con un buen número de recursos educativos. El que me ha llamado más la atención es el Observatorio de tecnología educativa. Es una biblioteca en la que los propios docentes analizan las herramientas que hay disponibles en internet e incluyen una recomendación final.
¿Qué propone Chat-GPT?
Pero, como estas herramientas no parecen suficiente, les he preguntado a Chat-GPT y a Gemini, que son las dos IA que más uso esta semana (la pasada me dio por Claude y la anterior por Perplexity) qué harían ellas para solucionar los problemas que han dado lugar a la huelga.
“Yo ayudaría a un profesor de una manera muy práctica: intentaría quitarle trabajo repetitivo para que pudiera dedicar más tiempo a enseñar, atender individualmente a sus alumnos y preparar mejor las clases. Y no empezaría ofreciéndole una plataforma educativa nueva. Empezaría preguntándole qué tareas le hacen perder más tiempo cada semana y cuáles le gustaría dejar de hacer”, afirma la de OpenAI.
Entre sus propuestas, “preparar clases en menos tiempo. Un profesor podría decirme: «Mañana tengo que explicar las ecuaciones de primer grado a 2.º de ESO. Tengo 28 alumnos y niveles muy diferentes». Podría prepararle una explicación adaptada a su grupo, ejercicios de tres niveles, ejemplos cotidianos, una actividad participativa y una pequeña evaluación para comprobar si han entendido el concepto.
También se ofrece para “corregir sin tener que escribir lo mismo 30 veces. Si un profesor me facilitara ejercicios anonimizados y una rúbrica, podría ayudarle a identificar errores recurrentes, proponer comentarios individualizados y preparar actividades de refuerzo”. Eso sí, “la evaluación seguiría siendo responsabilidad del profesor, especialmente cuando intervienen criterios subjetivos. Pero buena parte del trabajo preparatorio podría simplificarse”, advierte.
Me explica cómo podría “adaptar una misma clase a alumnos diferentes”, “reducir las tareas administrativas”, “detectar dónde se atasca una clase” o “ayudarle a preparar reuniones y tutorías”.
Y, como para demostrar que lo tiene claro y que no quiere líos, aclara: “No propondría que cada profesor tuviera que aprender a utilizar diez aplicaciones diferentes. Crearía un asistente docente único, con funciones sencillas y materiales adaptados al currículo de la Comunidad de Madrid. Es una idea compatible con las orientaciones del INTEF, que dispone de una guía práctica de IA para docentes; y con el marco de competencias de la UNESCO, que insiste en preservar la responsabilidad y autonomía del profesorado”.
¿Qué propone Gemini?
La IA de Google explica que “como colaborador puedo aliviar directamente el desgaste diario del profesor actuando como un asistente que asume gran parte de la carga operativa”. En primer lugar, cree que puede aportar una “reducción drástica de la burocracia. Puedo redactar borradores de memorias de departamento, informes individuales de seguimiento, comunicaciones para familias o propuestas de Adaptaciones Curriculares (ACIs) alineadas con la normativa de la Comunidad de Madrid, de modo que el docente solo tenga que revisar y validar”.
También se ofrece para la “atención a la diversidad en aulas masificadas. Puedo generar simultáneamente tres niveles de dificultad para una misma actividad (refuerzo, nivel medio y ampliación), adaptar textos a lectura fácil o diseñar propuestas bajo el marco del DUA (Diseño Universal para el Aprendizaje) en cuestión de segundos”.
Y se considera útil para la “preparación de clases y evaluación en tiempo récord” y en la “gestión del aula y metodologías cooperativas”.
Está claro que la IA no va a acabar con los problemas de la educación. Pero sospecho que, poco a poco, se está colando en las aulas y en los ordenadores de los docentes (y estudiantes) para aportar su granito de arena.
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