A veces una buena idea empieza en un laboratorio. Otras, cuando te quedas atascado en mitad de un lago. Eso fue lo que les ocurrió a un grupo de estudiantes de Ingeniería de la Universidad de Egerton, en Kenia. Durante una salida académica al lago Naivasha, su embarcación quedó atrapada durante horas en una enorme masa de jacinto de agua.
Un problema, el jacinto de agua, resuelve otro, la contaminación por plásticos
En vez de lamentarse, como son ingenieros, les dio por pensar si aquella mala hierba podría servir para algo. Años después, aquella pregunta se ha convertido en HyaPak, una startup keniana que transforma el jacinto de agua en un material biodegradable destinado a sustituir algunos de los plásticos de un solo uso que utilizamos todos los días.
Su fundador, Joseph Nguthiru, explica: “Nuestra solución consiste en utilizar un problema, el jacinto de agua, para resolver otro problema, la contaminación por residuos plásticos”.
“Parece plástico e incluso se comporta como un plástico, pero se descompone al final de su vida útil”, dice Nguthiru en relación al material fabricado con esta planta que se ha convertido en una auténtica plaga.
Una planta que no debería estar allí
El jacinto de agua es una planta flotante de grandes hojas verdes y bonitas flores violetas originaria de Sudamérica. Sin embargo, fuera de su hábitat natural se ha convertido en la hierba acuática más invasiva del mundo. De hecho, se ha detectado en más de 70 países.
Nguthiru advierte del peligro que supone: “Mata a los peces, impide que naveguen los barcos y estanca el agua, lo que la convierte en un entorno perfecto para los mosquitos, que después provocan malaria en las comunidades locales”.
El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente explica que la planta está reduciendo la biodiversidad y amenazando directamente el modo de vida de las comunidades que dependen de estos lagos.
Associated Press ha documentado hasta qué punto puede cambiar la vida de los pescadores de Naivasha. Algunos aseguraban haber pasado de capturar unos 90 kilos de pescado al día a apenas entre 10 y 15 cuando la invasión de jacintos se vuelve especialmente intensa.
Del lago a una bolsa
El proceso empieza cuando los propios pescadores y habitantes de las comunidades cercanas extraen el jacinto de los lagos. HyaPak les paga por la biomasa recogida y seca, con lo que se crea una pequeña economía alrededor de algo que hasta ahora representaba principalmente un problema.
Después las plantas se secan al sol. La compañía aprovecha el clima para reducir el consumo energético durante esta primera fase. Una vez seca, la biomasa se procesa hasta obtener una especie de harina. También se extrae la celulosa de la planta y se añaden unos “aglomerantes y aditivos que tienen que ser orgánicos para que el producto final se pueda descomponer”. Después se mezcla todo y “se puede usar para fabricar bolsas, para plantar flores, para germinar semillas; y, cuando se descompone, libera nutrientes que ayudan al suelo”.
Como explica este emprendedor, hay “distintos colores, distintas texturas y distintas propiedades, para distintos usos”.
Una bolsa que puedes plantar con el árbol
La empresa asegura que estas bolsas desaparecen aproximadamente en seis meses y que, en sus ensayos de campo, las plantas cultivadas con ellas llegaron a comportarse mejor que las utilizadas como control con bolsas convencionales de plástico.
La idea ha acabado incorporándose incluso a Jaza Miti, el programa nacional de reforestación de Kenia.
Algunos bioplásticos, como determinados materiales basados en PLA, necesitan instalaciones industriales de compostaje capaces de mantener temperaturas elevadas para degradarse correctamente. La opción de HyaPak se biodegrada en suelo normal en un periodo de entre tres y doce meses, sin necesidad de una planta industrial de compostaje y sin dejar residuos de microplásticos. La compañía afirma disponer además de pruebas independientes de biodegradabilidad que facilita a clientes y socios comerciales.
Y cuesta casi como el plástico
La compañía asegura haber diseñado sus productos para situarlos en un precio igual o cercano al del plástico convencional que sustituyen, aunque el coste final depende lógicamente del formato y del volumen del pedido. “Biodegradable es fácil. Biodegradable al precio del plástico es la parte difícil”, explican.
El proyecto nació en una universidad, pero ha empezado a abandonar claramente esa fase. Trabaja ya con viveros, agroexportadores, instituciones y empresas de logística. Sus productos se comercializan principalmente en Kenia, aunque la compañía asegura realizar también envíos internacionales.
Según Naciones Unidas, la empresa ha retirado ya jacintos de unas ocho hectáreas del lago Naivasha y generado decenas de empleos verdes entre las comunidades afectadas por la invasión de la planta.
En 2025, además, Joseph Nguthiru recibió uno de los premios Young Champions of the Earth (jóvenes campeones de la Tierra) del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente. La ONU describió su proyecto como una iniciativa capaz de “restaurar ecosistemas, reducir los residuos plásticos y ofrecer soluciones de economía circular con potencial mundial”.
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