El sábado, se me ocurrió juntarme con unos amigos para hacer una barbacoa, lo típico del verano. Después de un montón de días de un calor casi insoportable, la perspectiva de una jornada de piscina y cerveza fría nos llenaba a todos de alegría…. Hasta que cayó la mundial.
Un “periodo prolongado” de temperaturas muy altas favoreció la generación de tormentas intensas
Después de comer, el cielo se llenó de nubes negras, empezó a soplar el viento y, en cuestión de minutos, estábamos recogiendo a toda velocidad mientras caían chuzos de punta —incluso granizo— como si el cielo fuese a desplomarse sobre nuestras cabezas. Pero, ¿no estábamos en una ola de calor?
La AEMET advertía el 13 de agosto de que, después de “un prolongado periodo” de temperaturas muy altas, la formación de una DANA iba a favorecer tormentas intensas en amplias zonas del interior peninsular.
Una atmósfera caliente puede guardar más agua
Como explica la AEMET, cuanto más caliente está el aire, mayor cantidad de vapor de agua puede contener. La relación física se conoce mediante la ecuación de Clausius-Clapeyron y, como regla aproximada, la capacidad de la atmósfera para almacenar humedad aumenta alrededor de un 7% por cada grado adicional de temperatura.
Además, como el Mediterráneo está muy caliente, aporta todavía más humedad mediante evaporación. El episodio de este fin de semana fue consecuencia de una vaguada atlántica que evolucionó hacia una DANA. La AEMET explicó que esa configuración reemplazaría la masa subtropical cálida y seca por aire atlántico más fresco, lo que aumenta la inestabilidad.
El aire caliente quiere subir
Cuando tenemos aire cálido y húmedo cerca de la superficie y aire más frío en altura, aumenta la inestabilidad atmosférica. El aire caliente asciende, al subir se enfría y el vapor de agua se condensa en forma de nubes. Esa condensación libera calor latente, que puede proporcionar todavía más energía a las corrientes ascendentes.
Si las condiciones son suficientemente favorables, el proceso se retroalimenta y aparecen enormes nubes de desarrollo vertical: los cumulonimbos. Dentro de ellos pueden existir corrientes ascendentes y descendentes violentas, que generan el granizo.
La AEMET advertía para el episodio iniciado el 14 de agosto de la posibilidad de granizo incluso “de tamaño grande (mayor de 2 cm)”.
¿Tiene algo que ver con el cambio climático?
No podemos afirmar que una tormenta cualquiera ha ocurrido por el cambio climático. Pero está claro que un clima más cálido modifica las condiciones en las que se producen esos fenómenos.
La AEMET publicó este año los resultados de una investigación sobre las tormentas asociadas a la DANA que provocó las inundaciones de Valencia en octubre de 2024. Las simulaciones compararon el episodio real con un escenario hipotético sin calentamiento causado por el ser humano.
Sus conclusiones muestran que el cambio climático incrementó alrededor de un 21% la intensidad de la precipitación, un 19% el volumen total de agua sobre la cuenca del Júcar y un 55% la superficie afectada por lluvias extremas superiores a 180 milímetros.
Más vapor, pero también tormentas más eficientes
Según los datos del estudio, el efecto fue mayor de lo que explicaría simplemente ese 7% adicional de humedad por cada grado. Es decir, el calentamiento también modificó la dinámica interna de las tormentas.
Según los investigadores, incluso unos pequeños incrementos en la evaporación y el vapor de agua provocaron aumentos mucho mayores de calor latente y de la fuerza de las corrientes ascendentes.
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