El CO₂ se perfila como un aliado en la descarbonización industrial, especialmente en aquellos sectores donde reducir emisiones resulta más complejo. Lejos de limitarse a un residuo que debe eliminarse, el carbono capturado gana peso como recurso estratégico capaz de integrarse en nuevos procesos productivos y generar valor económico.
Este cambio de enfoque ha centrado la jornada organizada por Fundación Naturgy, que ha reunido en Madrid a representantes de la administración, empresas y centros tecnológicos con motivo de la presentación del estudio ‘Utilización del CO₂’, elaborado por Tecnalia, que analiza el papel de las tecnologías de captura, transporte y uso del carbono en la transición energética.
Durante la apertura de la jornada, la directora general de Fundación Naturgy, María Eugenia Coronado, subrayó la importancia de abordar este proceso desde una visión integral: “Este informe analiza en profundidad las tecnologías de captura y uso del CO₂, pero también el marco regulatorio necesario para impulsar las inversiones y las condiciones que hagan posible su implementación”, señaló, insistiendo en la necesidad de entender “en qué punto nos encontramos realmente en su desarrollo”.
Un cambio de enfoque: del residuo al recurso
El estudio analiza el papel de las tecnologías de captura y uso del carbono (CCU) como complemento a la electrificación, especialmente en aquellos sectores industriales donde la reducción de emisiones presenta mayores dificultades, como el refino, la química o los materiales de construcción.
En este contexto, el informe plantea un cambio de enfoque al considerar el CO₂ no solo como un residuo, sino como un recurso estratégico con capacidad para generar valor.
El documento también revisa el marco regulatorio que condiciona su desarrollo. A nivel europeo, destaca el impulso de nuevas estrategias para la gestión del carbono y los objetivos climáticos a 2040 y 2050, mientras que en España apunta a la necesidad de avanzar hacia una regulación más clara que facilite su despliegue a escala industrial, pese a su inclusión en planes como el PNIEC.
En el plano tecnológico, el informe detalla el grado de madurez de distintas vías de aprovechamiento del CO₂, desde la producción de combustibles sintéticos hasta su uso en materiales de construcción. Además, identifica oportunidades para la industria española a través de clústeres que conecten emisores, infraestructuras y usos finales, con el objetivo de acelerar proyectos y reducir costes.
Aplicaciones industriales y límites de la electrificación
A lo largo de la jornada los participantes insistieron en que estas tecnologías pueden desempeñar un papel especialmente relevante en los sectores de difícil descarbonización, donde la electrificación no permite eliminar por sí sola todas las emisiones.

Ese es el caso de actividades como la producción de cemento, la industria química o el refino, en las que parte de las emisiones está ligada al propio proceso productivo. En estos ámbitos, la captura y uso del CO₂ se plantea como una de las pocas alternativas viables para avanzar hacia los objetivos climáticos sin comprometer la actividad industrial.
Los participantes coincidieron, además, en que estas soluciones no sustituyen a otras medidas, sino que deben entenderse como complemento de la eficiencia energética, las energías renovables y otras estrategias ya en marcha dentro de la transición energética.
Un recurso estratégico
Eduardo González Fernández, subdirector general de Mitigación del Cambio Climático de la Oficina Española del Cambio Climático, apuntó durante el debate la necesidad de avanzar en un marco que permita escalar estas soluciones en línea con los objetivos climáticos europeos: “El CO₂ se posiciona como un recurso estratégico, especialmente para el desarrollo de combustibles sintéticos”.
González Fernández subrayó, además, que el principal reto sigue siendo el coste frente a otras alternativas disponibles, lo que obliga a priorizar las soluciones más eficientes desde el punto de vista económico.
Por su parte, los representantes empresariales reclamaron mayor seguridad regulatoria para poder abordar inversiones a largo plazo. Desde el sector industrial se insistió en que la incertidumbre normativa y la falta de una hoja de ruta clara dificultan la toma de decisiones en proyectos con elevados costes iniciales y largos periodos de retorno.
En este sentido, Jesús Chapado, director de Innovación de Naturgy, puso el foco en las barreras existentes para el despliegue industrial: “Todavía hay barreras importantes, especialmente en la armonización regulatoria, los procesos administrativos y la aceptación social”.
Por su parte, Mariano García Hoyos, director de Sostenibilidad de Holcim España, incidió en la necesidad de estabilidad para impulsar inversiones: “Lo que tiene que ocurrir es que haya certidumbre para que se puedan contemplar proyectos”.
De la tecnología al mercado: el reto del escalado
Más allá del diagnóstico, una de las ideas que se repitió a lo largo de la jornada es que el principal desafío no es tanto tecnológico como industrial. Las soluciones existen, pero su implantación a gran escala sigue siendo limitada.
En este sentido, José Luis Elejalde, director de Transición Energética, Climática y Urbana de Tecnalia, subrayó la necesidad de alinear la descarbonización con la competitividad industrial: “Ser capaces de alinear esos objetivos ambiciosos con la industria es fundamental”.
Elejalde defendió que el reto pasa por reducir costes y desarrollar toda la cadena de valor del CO₂, desde la captura hasta su uso final, conectando emisores, infraestructuras y aplicaciones industriales.
También se puso sobre la mesa la importancia de impulsar proyectos piloto y demostrativos que permitan validar estas tecnologías en condiciones reales y acelerar su despliegue en la industria.
El debate dejó una conclusión compartida: el CO₂ ya no puede abordarse únicamente como un problema ambiental, sino también como un vector con potencial industrial. Su desarrollo dependerá de la capacidad de alinear tecnología, regulación e inversión en los próximos años.
Con ese equilibrio, los participantes coincidieron en que el carbono capturado puede convertirse en una pieza clave no solo para cumplir los objetivos climáticos, sino también para impulsar una nueva etapa de reindustrialización ligada a la transición energética.