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“Cerca de la mitad de los participantes perciben dificultades para acceder a los servicios de salud mental”. Esta es la advertencia de los investigadores Miriam Marco, del Departamento de Psicología Social de la Universitat de València; y Francisco Sánchez-Sáez, del Departamento de Estadística e Investigación Operativa Aplicadas y Calidad de la Universitat Politècnica de València. Son los autores del estudio ¿Buscan ayuda las personas mayores más jóvenes? Claves de un estudio nacional sobre salud mental, impulsado por el Observatorio Social de la Fundación ”la Caixa” en colaboración con la Universitat de València y la Universitat Politècnica de València.
Casi la mitad de las personas mayores consideran que el acceso a los recursos de salud mental es difícil o muy difícil
Su investigación analiza el modo en que las personas mayores perciben la atención psicológica y acceden a ella. Entre las principales conclusiones destaca que el 44,8% de las personas mayores consideran que el acceso a los recursos de salud mental es difícil o muy difícil.

Quién busca ayuda en salud mental
Este estudio “analiza las actitudes ante la búsqueda de ayuda en salud mental entre las personas mayores más jóvenes (de 60 a 75 años) y los factores personales y sociales asociados con ellas”, con los datos de una encuesta realizada a una muestra de 1.411 participantes “representativa de las provincias españolas”.
Los resultados señalan que “un mayor nivel educativo, ser mujer, tener menor edad y percibir menos dificultades de memoria se relacionan con actitudes más favorables ante la búsqueda de ayuda”. Por otro lado, “haber recibido tratamiento psicológico previamente y percibir una menor soledad social se asocia con unas actitudes más favorables”.
Además, parece que sigue siendo más fácil ver los problemas de los demás que los propios: “Parece que la pandemia no ha supuesto un deterioro generalizado del bienestar personal percibido, aunque sí ha provocado un aumento de la percepción de empeoramiento de la salud mental de otras personas de la misma edad, especialmente entre las mujeres”.
Las mujeres, mejor y peor
Precisamente ellas son quienes parecen contar con mejores apoyos: “los resultados indican que las mujeres presentan, en conjunto, actitudes significativamente más favorables ante la búsqueda de ayuda en salud mental”.
En concreto, “mostraron una mayor apertura psicológica y predisposición a solicitar ayuda y una menor preocupación por el estigma asociado con acudir a los servicios de salud mental. Además, informaron de una menor percepción de soledad. No obstante, percibieron una peor calidad de vida y una peor calidad de salud que los hombres”.
Los investigadores explican que “estos resultados sugieren que, si bien las mujeres valoran de forma menos positiva algunos aspectos de su bienestar, muestran una mayor predisposición a reconocer el malestar emocional y a buscar apoyo profesional cuando lo necesitan”.
Las claves del apoyo
La vida y el entorno de cada persona tienen un impacto significativo a la hora de buscar ayuda: “Algunas variables sociodemográficas, como un mayor nivel educativo y ser mujer, son las que tuvieron más peso a la hora de explicar actitudes más favorables ante la búsqueda de ayuda en salud mental”.
Pero no son los únicos factores que afectan, porque según concluye el estudio, “la soledad social también desempeñó un papel relevante: las personas que se sentían más solas presentaban actitudes menos favorables ante la búsqueda de ayuda”.
Otra variable destacada, señalan los investigadores, “fue la experiencia previa o actual en tratamiento psicológico. Aunque casi tres de cada cuatro participantes (73,6%) nunca habían recibido tratamiento psicológico, quienes sí habían tenido esta experiencia mostraban actitudes más favorables ante la búsqueda de ayuda, reflejadas en una mayor apertura psicológica, una mayor predisposición a solicitar ayuda y una menor preocupación por el estigma asociado con la búsqueda de ayuda en salud mental”.
El impacto de la pandemia
El estudio también analiza las consecuencias del COVID-19: “La pandemia ejerció un impacto moderado en el bienestar personal, especialmente entre las mujeres”.
Como ya hemos mencionado, se ve peor a los demás: “La percepción del deterioro fue mucho mayor cuando se valoró la salud mental de otras personas de la misma edad”. En concreto, “el 42,2% de los hombres y el 59,4% de las mujeres consideraron que había empeorado desde la pandemia, lo que refleja una mayor conciencia del impacto colectivo que del impacto individual”.
Falta de conocimiento
Otro de los puntos que destaca la investigación es que, en muchas ocasiones, no se sabe a quién acudir. Según señalan, “el conocimiento de los recursos telefónicos de salud mental fue muy limitado: el 76,1% de los participantes no conocían ninguno y solamente el 0,4% identificaron la línea nacional de atención a la conducta suicida (024)”.
Y advierten: “Además, la percepción de accesibilidad a estos recursos mostró diferencias entre provincias, lo que apunta a posibles desigualdades territoriales en el acceso a la atención en salud mental”.
Queda camino por recorrer
“Estos resultados sugieren que el principal reto no consiste únicamente en reducir el estigma”, dicen estos investigadores. “La soledad social, el desconocimiento de los recursos disponibles y las dificultades percibidas para acceder a ellos emergen como barreras relevantes que pueden dificultar la búsqueda de ayuda en salud mental entre las personas de 60 a 75 años”.
Entre sus propuestas, destacan “reforzar la educación, mejorar la comunicación sobre los recursos disponibles y reducir las disparidades territoriales”. Estas medidas “son esenciales para promover un acceso equitativo y fomentar conductas de búsqueda de ayuda”.