“Este estudio básicamente documenta 30 años de cambios en las estructuras familiares”. Así resume Albert Esteve, director del Centro de Estudios Demográficos (institución de la Generalitat de Cataluña y la Universitat Autònoma de Barcelona) y coautor, junto a sus compañeros Juan Galeano y Jesús García, del estudio Hogares en transformación en España y Portugal publicado por el Observatorio Social de la Fundación "la Caixa".

Vivimos cada vez con menos gente y con la misma población tenemos muchos más hogares

“Las personas vivimos cada vez con menos gente y esto también ha repercutido que con la misma población tengamos muchos más hogares”, concluye Esteve. “Y, si además le añades el hecho de que España y Portugal -sobre todo España- han crecido mucho demográficamente; hace que el número de hogares, viviendas, etcétera, haya aumentado mucho en estas tres décadas”.

La media de 2,4 personas por hogar es la más baja de la historia de España y Portugal

Una persona menos por hogar

“En este periodo de 30 años, el tamaño medio del hogar ha perdido una persona en promedio”, dice el investigador. La conclusión de su estudio cifra en 2,4 personas la media de habitantes por hogar, un dato que “es mucho más bajo que en ningún otro momento de la historia de España y de Portugal”.

Aun así, la noticia no es tan negativa, si la comparamos con otras zonas de Europa: “Todavía no hemos alcanzado, por ejemplo, los países escandinavos donde esta media está a 1,7”, dice Esteve.

En total, en estas tres décadas de análisis, los hogares unipersonales han aumentado un 81%, mientras que los hogares extensos, formados por cinco o más personas, han caído un 73%.

Menor fecundidad

“Esta reducción del tamaño del hogar se explica básicamente porque ha caído la fecundidad”, razona. Pero también apunta a causas más profundas: “Hay menos niños que corretean por las casas, porque las parejas duran menos, se rompen más; y porque las personas vivimos más y, al vivir más, acabamos viviendo solos en algunos periodos de nuestra vida”.

Podríamos calificar la situación como de tormenta perfecta: “La suma de estas tres transformaciones, la fecundidad, la pareja y la longevidad, es lo que explica la caída del tamaño medio de los hogares”.

Desintegración de la familia

Aunque, en realidad, se puede resumir en un único motivo: “La desintegración de la familia nuclear”. Una situación normal en la actualidad, según explica, es que quede un progenitor, “normalmente la madre con los hijos”, lo que hace que “lo que era la familia típica de pareja, hijos y que mucho antes había incluido también la tercera generación, se ha ido desintegrando”.

Cada vez son más frecuentes los hogares unipersonales, “que están creciendo básicamente arrastrados por el envejecimiento de la población". Es decir, hay más personas "en las franjas de edades en las que tenemos más números de vivir solos; cuando somos mayores, especialmente las mujeres, que enviudan mucho antes que los hombres”.

Pero “también es cada vez más común que esto ocurra a edades más jóvenes. Hay personas que no se casan, que no van a vivir con nadie y cuando se van de sus casas se van a vivir solas. O también hay muchas parejas que no hace falta llegar a la viudedad, porque se rompen, se divorcian y también las tendencias a volverse a emparejar suelen ser distintas”.

Las estructuras de convivencia “son similares entre hombres y mujeres durante la infancia y la juventud”, explica el Observatorio. Sin embargo, cambian con el paso del tiempo: “Las diferencias empiezan a surgir cuando se convive en pareja y con la llegada de los hijos, diferencias que se dan antes en las mujeres, sobre todo tras disoluciones de parejas”. La situación se agudiza en las etapas de la vida más avanzadas: “hay más mujeres que viven en solitario”.

Cambio rápido

El cambio se ha producido con una cierta rapidez. Según explica el Observatorio, “En 1991 las estructuras familiares que más prevalecían eran las formadas por dos personas (el 23,3% del total de la distribución), seguidas de las formadas por cuatro personas (23,1%), por tres personas (20,4%) y por cinco o más personas (19,7%), lo que dejaba en último lugar las estructuras de una sola persona (13,5%)”.

En 2022, “esta configuración había dado un vuelco: la cohabitación de dos individuos seguía siendo la más habitual (32,1% del total), pero fueron los hogares formados por una sola persona los que se colocaron en segunda posición. Estos pasaron a representar el 24,5% del total de hogares, lo que supone un aumento de 11 puntos porcentuales y un incremento relativo de aproximadamente el 81% respecto a 1991”.

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