La Liga Endesa vuelve este fin de semana con 18 equipos, 34 jornadas y 306 partidos por delante. Bilbao y Manresa abrirán el sábado 26 de septiembre una temporada que se prolongará hasta mayo antes de dar paso al playoff. Sobre el parqué seguirán apareciendo nombres tan reconocibles como Real Madrid, Barça, Baskonia, Valencia Basket, Unicaja o Joventut, además de ciudades donde el baloncesto conserva una relación especialmente estrecha con su entorno. La geografía sigue siendo española. El mercado en el que funciona la competición, cada vez menos.

La transformación no se explica únicamente contando pasaportes extranjeros. La ACB lleva años integrada en un mercado internacional de jugadores, entrenadores y agentes, pero también forma parte de un ecosistema en el que los grandes clubes planifican simultáneamente para España y Europa, las retransmisiones llegan a decenas de mercados y los equipos responden a estructuras económicas cada vez más diferentes. La Liga Endesa continúa siendo una competición nacional, pero entenderla únicamente desde las fronteras españolas permite explicar cada vez menos cosas.

Un vestuario que hace tiempo que dejó de tener fronteras

La primera imagen aparece en las plantillas. Los departamentos deportivos de los clubes ACB trabajan sobre un mercado prácticamente mundial y los movimientos de este verano vuelven a mostrarlo. Real Madrid ha incorporado a Nick Smith Jr. después de su etapa en Los Angeles Lakers, Valencia Basket ha reclutado a Nikola Mirotic desde el AS Monaco y Burgos ha acudido hasta el mercado japonés para incorporar a Sekou Doumbouya. Son solamente algunos ejemplos de una tabla de fichajes en la que las procedencias atraviesan continuamente ligas y continentes.

Pero reducir esa realidad a una división entre españoles y extranjeros llevaría a una fotografía incompleta. La propia regulación del baloncesto español habla de jugadores de formación y no simplemente de nacionalidad. Las normas establecen un mínimo de cuatro jugadores de formación para las plantillas de entre diez y doce integrantes, una categoría vinculada al periodo desarrollado dentro de las estructuras formativas y que no coincide necesariamente con el pasaporte. La frontera deportiva es, por tanto, bastante más compleja que una bandera junto al nombre de cada jugador.

La ACB compite además por talento con escenarios que antes quedaban mucho más alejados entre sí. NBA y G League, Euroliga, Turquía, Francia, Italia, Alemania, Australia, Japón o las nuevas potencias económicas del baloncesto forman hoy parte de una misma conversación para agentes y direcciones deportivas. Un jugador puede comenzar una temporada a miles de kilómetros y aparecer pocos meses después en España. También puede realizar el trayecto inverso. La Liga Endesa ya no constituye un mercado cerrado, sino una estación importante dentro de uno mucho mayor.

Europa ya no empieza cuando termina la Liga

La internacionalización resulta todavía más evidente cuando se levanta la mirada de las plantillas. Para una parte de los clubes españoles, la temporada hace tiempo que dejó de organizarse exclusivamente alrededor de la competición doméstica. Europa influye en el número de jugadores contratados, las rotaciones, los viajes, los presupuestos y hasta el tipo de plantilla que puede construirse.

El salto es especialmente visible en los proyectos que conviven con la Euroliga, donde el calendario obliga a competir durante buena parte del curso varias veces por semana. Para esas estructuras, la ACB continúa siendo uno de los grandes objetivos deportivos, pero comparte planificación con una competición continental que tiene su propia lógica económica y competitiva. En otros escalones ocurre algo parecido con EuroCup o Basketball Champions League. Europa ha dejado de ser solamente el premio que llega después de una buena temporada nacional para convertirse en una parte del modelo de numerosos clubes.

Eso provoca que dos equipos que se enfrentan un domingo en la Liga Endesa puedan vivir semanas radicalmente distintas. Uno puede haber disputado dos encuentros europeos, acumulado viajes internacionales y construido una plantilla larga para soportarlos, mientras el otro ha dispuesto de varios días para preparar únicamente el partido de ACB. La clasificación sigue reuniéndolos bajo las mismas reglas, pero las estructuras que sostienen sus temporadas pueden ser muy diferentes.

La consecuencia económica también importa. El mercado de referencia para los equipos de mayor presupuesto ya no termina en sus rivales de la ACB. A la hora de retener a un jugador, contratar un entrenador o aumentar inversión, la comparación puede estar en Estambul, Atenas, Mónaco, Milán o ahora también Dubái. La presión competitiva que recibe la liga española procede cada vez más de fuera de ella.

De Badalona a cinco continentes

Hay otra manera sencilla de comprobar cuánto ha cambiado la ACB: mirar dónde puede verse. La competición anunció durante la pasada temporada que su distribución internacional alcanzaba 152 países y territorios repartidos por cinco continentes, el mayor escenario global comunicado por la propia asociación desde que comenzó su expansión internacional. A los distintos contratos regionales se añadió el acuerdo con DAZN, que abrió nuevas ventanas de distribución.

El convenio firmado con la plataforma tiene además recorrido. DAZN adquirió los derechos de Liga Endesa, Copa del Rey y Supercopa por cinco temporadas y el acuerdo incluye emisiones internacionales en Estados Unidos, Oriente Medio y el norte de África, Italia, Francia, Reino Unido, Irlanda, Bélgica, Canadá, Australia, Taiwán y Japón. Desde esta temporada se añaden Alemania y Austria.

Dentro de España, los 306 partidos de la fase regular podrán verse a través de DAZN, con acceso igualmente desde Movistar Plus+, Orange y Vodafone mediante la plataforma, mientras 3Cat emitirá un encuentro cada jornada. La misma competición que conserva fuertes vínculos con televisiones, pabellones y públicos locales intenta al mismo tiempo aumentar su valor como contenido deportivo internacional.

Ahí aparece una de las paradojas más interesantes de la nueva ACB. Para crecer fuera necesita precisamente aquello que todavía la hace reconocible dentro. Badalona, Málaga, Vitoria, Manresa, Lugo o Tenerife no son únicamente lugares donde se disputan partidos. La relación histórica entre algunos clubes y sus ciudades, las canteras, las rivalidades y los pabellones forman parte del producto que después se intenta exportar.

Una misma liga para clubes que se parecen cada vez menos

La globalización tampoco significa necesariamente que todos los equipos estén avanzando hacia un mismo modelo. Bajo las siglas de la ACB conviven estructuras empresariales y deportivas muy diferentes. Real Madrid y Barcelona incorporan sus secciones de baloncesto dentro de dos grandes clubes multideportivos; Valencia Basket desarrolla su crecimiento alrededor del proyecto impulsado por Juan Roig y dispone ahora del Roig Arena como una infraestructura de enormes dimensiones; Baskonia forma parte de una estructura empresarial deportiva que alcanza también al Deportivo Alavés.

En otros casos, la identidad local y la formación ocupan un lugar especialmente visible en el relato del club, como sucede históricamente con Joventut y Badalona. UCAM Murcia incorpora incluso el nombre de una universidad privada a su identidad deportiva. No existe ya una única manera de construir un equipo de élite español y probablemente nunca la hubo de forma estricta, pero las diferencias de capital, estructura e intereses entre los participantes resultan cada vez más acusadas.

Frente a ese movimiento hacia mercados más amplios, la propia ACB también intenta fortalecer la base. Este viernes comienza la segunda temporada de la Liga U, una competición organizada conjuntamente por ACB y Federación Española de Baloncesto con apoyo del Consejo Superior de Deportes y que contará con 14 equipos. Real Madrid, Barça, Joventut, Valencia Basket, Zaragoza, Manresa, Girona, Bilbao, Murcia, Unicaja u Obradoiro figuran entre los proyectos participantes.

La fotografía final es, por eso, menos sencilla que decir que la ACB se ha convertido en una liga extranjera. Sus clubes siguen perteneciendo a ciudades españolas, sus aficionados continúan llenando pabellones españoles y su estructura formativa conserva raíces territoriales muy marcadas. Lo que se ha globalizado es el escenario en el que deben sobrevivir y competir.

Cuando el balón vuelva a botar este sábado habrá 306 partidos para decidir al próximo campeón de España, pero alrededor de esos encuentros se moverán jugadores procedentes de mercados muy distintos, proyectos construidos pensando también en Europa y una señal televisiva diseñada para cruzar fronteras. La ACB sigue siendo una liga española. Su mercado, hace tiempo que dejó de ser solamente español.

Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora