Mario Jardel, uno de los delanteros más letales del fútbol mundial en los años 90 y principios de los 2000, vivió una carrera de contrastes: de ser considerado entre los mejores artilleros del planeta a enfrentar una crisis personal y deportiva que casi lo llevó al olvido. Su historia mezcla éxitos extraordinarios, colaboración con figuras como Cristiano Ronaldo, y una lucha abierta por superar problemas de salud mental y adicciones que interrumpieron su legado.

Nacimiento de un goleador y primeros pasos

Mario Jardel de Almeida Ribeiro nació el 18 de septiembre de 1973 en Fortaleza, Brasil. Su físico potente y su instinto dentro del área lo llevaron rápidamente a destacar en el fútbol profesional. Desde sus primeros pasos en clubes brasileños, su capacidad para definir en espacios reducidos y su dominio del juego aéreo lo convirtieron en un delantero temido por defensores y porteros.

Su rendimiento llamó pronto la atención de equipos europeos, abriendo la puerta a una carrera internacional que lo situaría como una referencia ofensiva en distintos campeonatos.

La trayectoria de Jardel alcanzó su punto más alto en el fútbol europeo de finales de los 90, especialmente con el FC Porto y, más tarde, con el Sporting de Lisboa. En Portugal se consolidó como uno de los goleadores más prolíficos del continente, encadenando títulos de liga y liderando las tablas de máximos anotadores durante varias temporadas consecutivas.

En su mejor etapa, Jardel llegó a competir al más alto nivel continental, siendo una pieza determinante en competiciones europeas. Su impacto fue tal que él mismo llegó a afirmar que fue “el mejor delantero del planeta”, una declaración que reflejaba la confianza de un futbolista en plenitud.

Tras su exitoso ciclo europeo, Jardel prolongó su carrera en Brasil, Arabia Saudí y Argentina, donde volvió a saborear títulos y protagonismo. En ese recorrido coincidió con grandes figuras del fútbol internacional, entre ellas Cristiano Ronaldo, con quien compartió vestuario en el Sporting de Portugal cuando el delantero portugués daba sus primeros pasos como profesional.

La caída de una estrella

A pesar de su trayectoria, la carrera de Jardel entró en una fase de declive marcada por problemas personales, depresión y adicciones. Estas circunstancias afectaron directamente a su continuidad deportiva y provocaron una pérdida progresiva de protagonismo en los equipos por los que pasó.

El propio exfutbolista ha reconocido públicamente que estuvo cerca de perderlo todo, admitiendo errores y decisiones que condicionaron su final como jugador profesional. Su caso se convirtió en uno de los ejemplos más citados sobre el impacto psicológico del éxito temprano y la falta de acompañamiento emocional en el fútbol de élite.

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