John Carew fue uno de los delanteros más reconocibles del fútbol europeo de principios de siglo. Su paso por el Valencia CF, su impacto en la selección de Noruega y su personalidad fuera del campo lo convirtieron en una figura singular. Más de una década después de su retirada, su nombre sigue ligado a la historia del país, pero desde otro punto de vista. Desde su retirada en 2012, su vida dio un cambio radical cambiando el balón por la interpretación.
Leyenda ché
Carew llegó al Valencia CF en 2000, en un momento de consolidación del club como potencia europea. Durante su etapa en Mestalla, participó en competiciones nacionales e internacionales, aportando goles y presencia ofensiva en un equipo que vivía años de máxima exigencia. Su rendimiento fue irregular por momentos, pero dejó actuaciones decisivas y una imagen reconocible para la afición.
En Valencia disputó varias temporadas antes de iniciar un periplo que le llevaría por otros grandes escenarios del fútbol europeo. Su paso por el club coincidió con una generación que compitió al más alto nivel y que consolidó la reputación internacional de la entidad.
Tras su salida de Mestalla, Carew jugó en clubes como AS Roma, Olympique de Lyon y Aston Villa, entre otros. En Francia vivió una de sus etapas más exitosas a nivel colectivo, sumando títulos de liga con el conjunto lionés. En Inglaterra, especialmente en el Aston Villa, encontró continuidad y un rol importante en la Premier League, donde su estilo físico encajó con el ritmo del campeonato.
A lo largo de su carrera profesional, Carew acumuló experiencia en distintas ligas y contextos competitivos, algo que le permitió adaptarse a sistemas de juego muy diferentes sin perder su identidad como delantero.
Del vestuario al plató: el salto a la interpretación
Tras colgar las botas, John Carew sorprendió al dar un giro poco habitual en el mundo del fútbol profesional: iniciar una carrera como actor. Lejos de tratarse de una incursión puntual, el exdelantero noruego se formó y apostó de manera decidida por la interpretación, aprovechando una presencia física imponente y una personalidad que ya destacaba en los vestuarios. Su transición fue progresiva, compaginando proyectos audiovisuales con apariciones públicas, hasta consolidarse en la industria cinematográfica y televisiva noruega.
Carew debutó en producciones locales y pronto empezó a ganar notoriedad por su capacidad para asumir papeles intensos y de carácter, alejados del estereotipo del exfutbolista reconvertido en celebridad. Su disciplina, adquirida durante años de carrera deportiva, fue clave para adaptarse a las exigencias del sector.
El gran reconocimiento llegó con su participación en varias series y películas de éxito en Noruega, donde Carew logró premios y nominaciones que confirmaron su validez como actor profesional. Uno de los puntos de inflexión fue su papel en producciones de gran audiencia nacional, en las que interpretó personajes complejos, a menudo ligados a entornos duros o conflictivos, donde su presencia escénica resultó determinante.
Desde entonces, John Carew se ha consolidado como una figura respetada en la industria audiovisual de su país, demostrando que su segunda carrera no es un simple epílogo a su etapa como futbolista, sino un proyecto con identidad propia.