La Supercopa de España levanta el telón este miércoles y lo hace, una vez más, envuelta en debate. Desde 2020, el torneo se disputa en Arabia Saudí bajo el formato de final four, una decisión que ha transformado una competición históricamente doméstica en uno de los eventos más mediáticos y controvertidos del calendario futbolístico español. Real Madrid, FC Barcelona, Atlético de Madrid y Athletic Club serán los protagonistas deportivos de una cita que, más allá del balón, vuelve a situar sobre la mesa cuestiones económicas, políticas y éticas.
Una Supercopa bajo la sombra del blanqueamiento deportivo
La elección de Arabia Saudí como sede responde, fundamentalmente, a motivos económicos. El acuerdo firmado con la Federación Española de Fútbol garantiza ingresos millonarios que han convertido a la Supercopa en un producto de alto valor comercial, especialmente atractivo para las arcas federativas y para los grandes clubes. Sin embargo, ese beneficio inmediato tiene un reverso que cada edición genera más debate: el uso del deporte como herramienta de blanqueamiento internacional por parte de una dictadura señalada de forma reiterada por vulneraciones sistemáticas de los derechos humanos, restricciones a la libertad de expresión y discriminación estructural.
La Supercopa no es un caso aislado ni una excepción dentro del panorama deportivo global. Arabia Saudí lleva años desarrollando una estrategia perfectamente planificada de 'sportswashing', basada en la inversión masiva en competiciones y eventos de primer nivel para mejorar su imagen en Occidente y desplazar el foco mediático lejos de sus problemas internos. Fórmula 1, grandes combates de boxeo, torneos de golf de élite, veladas de lucha libre, la Supercopa italiana o el fichaje de estrellas mundiales para su liga de fútbol forman parte de un mismo relato: asociar el país a espectáculo, modernidad y entretenimiento para redefinir su marca internacional.
El mensaje que se pretende transmitir es claro: una Arabia abierta, global y protagonista del deporte mundial. Sin embargo, organizaciones internacionales y sectores críticos recuerdan que, detrás de los focos y los estadios de lujo, persisten limitaciones severas en derechos civiles, especialmente en lo relativo a la situación de las mujeres, la comunidad LGTBI+ y la disidencia política. En ese contexto, el fútbol español, y la Supercopa en particular, se ha convertido en una pieza más de ese tablero geopolítico, donde el balón sirve como herramienta diplomática y el negocio se impone, una vez más, al debate ético.
Lejos de España y desigual económicamente
Las críticas no han tardado en aparecer, y en esta edición el melón lo abrió Iñaki Williams. El capitán del Athletic Club fue especialmente duro pocas semanas atrás al referirse a la sede del torneo: “Jugar en Arabia es una mierda hablando mal”, afirmó sin rodeos. El delantero explicó que disputar una competición nacional lejos de España perjudica directamente a los aficionados, especialmente a los del Athletic, un club con una masa social muy vinculada al desplazamiento y al apoyo presencial.
Días después, Williams matizó sus declaraciones, reconociendo que las formas no habían sido las adecuadas, pero sin retractarse del fondo: “La palabra no fue la apropiada, pero sigue siendo una faena para nuestros aficionados. No tener a nuestra gente aquí es distinto a si el torneo se jugase en España”. Un sentir compartido por buena parte de la afición, que percibe la Supercopa como un torneo cada vez más alejado de su esencia original.
A estas críticas se suma otro foco de polémica: el reparto económico. La pasada temporada, Real Madrid y FC Barcelona ingresaron alrededor de 6 millones de euros cada uno, mientras que el Athletic recibió 2 millones y el Mallorca apenas 850.000 euros. Una desigualdad que alimenta la sensación de que el formato está diseñado para favorecer a los grandes y, especialmente, para asegurar un Clásico. No es una percepción menor: desde la temporada 2021/22 siempre se ha disputado un Real Madrid–Barça en la Supercopa, y tres de ellos han sido finales.
El foco deportivo: estados de ánimo muy distintos
Más allá del ruido institucional, la pelota volverá a rodar con cuatro equipos que llegan a Arabia en momentos muy diferentes. El FC Barcelona aterriza como uno de los grandes favoritos. El conjunto azulgrana llega lanzado, con una dinámica impecable y contando todos sus partidos por victorias desde la derrota sufrida ante el Chelsea en Stamford Bridge. El equipo ha ganado solidez, confianza y pegada, y afronta el torneo con la sensación de estar en uno de sus mejores picos de forma de la temporada.
El Real Madrid, por su parte, tendrá que afrontar la Supercopa sin Kylian Mbappé, baja por lesión. Un contratiempo mayúsculo para cualquier equipo, aunque Xabi Alonso ya ha encontrado una solución interna. Gonzalo García, que viene de firmar un espectacular hat-trick ante el Real Betis, apunta a ser la gran apuesta ofensiva del técnico blanco. El canterano llega en un momento dulce y con la oportunidad de consolidarse en un escenario de máxima exigencia.
El Atlético de Madrid es, quizá, el equipo que llega con más dudas. El conjunto rojiblanco atraviesa su peor momento de la temporada, lejos del nivel mostrado en los meses de octubre y noviembre. Julián Álvarez aparece desconectado, el equipo ha perdido frescura y la sensación general es de desgaste físico y mental. La Supercopa se presenta como una oportunidad para resetear… o para confirmar las dudas.
Por último, el Athletic Club busca en Arabia un punto de inflexión. La temporada liguera está siendo irregular, con el equipo instalado en mitad de tabla y a una derrota de quedarse fuera de los puestos de UEFA Champions League. Las lesiones de Nico Williams, Iñaki Williams y Oihan Sancet han condicionado el arranque del curso, pero la gran noticia para Ernesto Valverde es que los tres llegan disponibles y reencontrándose con su mejor versión justo a tiempo para el torneo.
La Supercopa de España vuelve, así, a mezclar fútbol de alto nivel con un debate que trasciende lo deportivo. En el césped, cuatro equipos lucharán por un título. Fuera de él, la discusión sobre dinero, identidad y blanqueamiento deportivo sigue tan viva como siempre.