Hay victorias que marcan una carrera. Y luego están las que la definen por completo. La de David Nalbandian en el Masters de Madrid 2007 pertenece a este segundo grupo. Aquella semana, el argentino no solo levantó el título, sino que firmó un recorrido que todavía hoy resulta difícil de igualar: eliminó a Rafael Nadal, Novak Djokovic y Roger Federer, tres de los mejores jugadores de la historia, en el mismo torneo.

Con el paso de los años, el propio Nalbandian ha recordado aquella hazaña con naturalidad, pero también con la convicción de que llegó en el momento justo. “Sabía que podía ganar a cualquiera”, explicó al rememorar esa semana en la capital española, una frase que resume bien su mentalidad en aquellos días.

Un torneo que cambió su historia

El camino hacia el título no fue sencillo. Nalbandian llegaba sin ser favorito, en un circuito dominado por nombres mucho más mediáticos. Sin embargo, su nivel fue creciendo partido a partido hasta alcanzar un punto de confianza máximo.

Fue una semana increíble, todo me salió perfecto”, recordó. Y no era una exageración. En cuartos de final se impuso a Nadal, que en ese momento era prácticamente imbatible, especialmente en determinadas superficies. Después, en semifinales, superó a un joven Djokovic que ya apuntaba a estrella mundial. Y en la final, cerró el torneo derrotando a Federer, entonces número uno del mundo.

Derrotar a los mejores en serie

Lo que hace única aquella victoria no es solo el título, sino el contexto. Ganar a uno de esos jugadores ya era un desafío enorme. Hacerlo ante los tres en la misma semana elevó la gesta a otra dimensión.

Nalbandian lo explicaba sin dramatismo: “No es algo que pienses mucho en el momento. Estás concentrado en cada partido”. Esa capacidad para aislarse del ruido y centrarse en el siguiente rival fue una de sus grandes virtudes durante el torneo.

También reconoció que el nivel de exigencia era máximo: “Tenía que jugar al límite en todos los partidos”. Y lo hizo. Su tenis, basado en el control desde el fondo de pista, la lectura del juego y una técnica muy depurada, encontró esa semana una versión prácticamente perfecta.

Una mentalidad clave para la sorpresa

Más allá del nivel técnico, hubo un factor decisivo: la confianza. Nalbandian siempre fue un jugador con talento suficiente para competir contra cualquiera, pero no siempre logró mantener esa regularidad a lo largo de su carrera.

En Madrid 2007, todo encajó. “Cuando entras en ese ritmo, te sientes cómodo y todo fluye”, explicó. Esa sensación de control fue la que le permitió encadenar victorias ante rivales que, sobre el papel, partían como favoritos.

Un recuerdo que sigue vigente

Años después, aquella semana sigue siendo una referencia dentro del tenis. Muy pocos jugadores han sido capaces de encadenar victorias de ese calibre en un mismo torneo. Por eso, el título de Madrid 2007 no es uno más en la carrera de Nalbandian: es el que mejor explica su potencial.

Es un torneo que recuerdo con mucho cariño”, confesó. Y no es para menos. Más allá del trofeo, dejó una de las actuaciones más recordadas del circuito en las últimas décadas.

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