Madrid acogerá esta semana los clasificatorios para el Mundial de Qatar, en el que más de 27 selecciones masculinas y 20 femeninas tratarán de conseguir uno de los cuatro billetes disponibles para asistir a Doha. Sin embargo, hay algo que llama bastante la atención. España es el lugar donde tendrán lugar los clasificatorios.
España no necesita clasificarse y el resto del pádel pelea por llegar al Mundial; a La Roja no le hace falta, ya que por haber ganado el anterior Mundial, recibió el pase directo para el siguiente certamen. A pesar de que este deporte nació en Acapulco hace más de 45 años, España se ha convertido en uno de los principales exponentes de este deporte.
La primera Federación Internacional de Pádel se fundó en Madrid con participación argentina y uruguaya, y a partir de ese momento la potencia de España en pádel no ha parado de crecer. Ahora empieza a ocurrir algo diferente. España ya no necesita que el resto del mundo aprenda a jugar al pádel. Necesita que aprenda a competirle.
Madrid se ha convertido en una frontera
Entre el 22 y el 26 de septiembre, el Pádel G24 de Madrid acoge la fase de clasificación europea. 55 selecciones de 29 países tratarán de hacerse con uno de los cuatro billetes disponibles para jugar la fase final en Doha, que tendrá lugar entre el 2 y el 7 de noviembre. Serán dos billetes masculinos y otros dos femeninos.
Sin embargo, el nivel de España con respecto a otras selecciones está completamente en otro nivel. Italia, Francia, Suecia, Portugal, Países Bajos y Bélgica ya están clasificadas para Doha en al menos una de las dos categorías. En la fase que se juega en Madrid aparecen además Alemania, Gran Bretaña, Turquía, Noruega, Polonia, Dinamarca, Finlandia, Grecia, Ucrania o República Checa, entre otras.
Eso cambia la naturaleza del deporte. Durante años, hablar de pádel internacional era prácticamente hablar de España y Argentina. Hoy la pregunta empieza a ser otra: cuántos países serán capaces de producir jugadores y selecciones capaces de competir contra ellas.
El éxito de España empieza a exportarse
La paradoja es que España ha sido una de las grandes beneficiadas de la internacionalización del pádel.
La Federación Internacional calcula que el deporte cuenta ya con unos 38 millones de jugadores, 85.000 pistas y 27.000 clubes en 178 países y territorios. La expansión no se limita a Europa: el pádel ha entrado en eventos multideportivos como los Juegos Mediterráneos y continúa buscando una presencia cada vez mayor en competiciones internacionales. Pero el crecimiento realmente importante no se mide solamente en número de pistas.
Se mide en cuántos países tienen ya una cantera capaz de producir jugadores competitivos. Y ahí Europa está avanzando a una velocidad enorme. En 2025, la propia FIP contabilizaba más de 45.000 pistas y 18 millones de jugadores en Europa, con presencia de clubes en los 50 países del continente. Desde 2020, el número de clubes europeos había pasado de unos 5.000 a más de 14.000. No es solo expansión comercial. Es la creación de competencia.
Italia, Francia y Suecia ya no son comparsas
Los resultados de los últimos Mundiales muestran precisamente ese cambio.
En Doha 2024, España y Argentina disputaron las finales masculina y femenina, pero el resto del cuadro ya estaba mucho más repartido. Italia, Francia, Suecia, Países Bajos y Bélgica estuvieron entre las selecciones que alcanzaron las fases decisivas. España y Argentina acabaron jugando incluso las dos finales, masculina y femenina, una demostración de la hegemonía de ambas potencias.
Sin embargo, que Italia o Francia ya estén clasificadas para Doha no es un simple detalle de calendario. Significa que el ecosistema alrededor del pádel empieza a ser suficientemente sólido como para sostener selecciones nacionales competitivas.
Italia es especialmente interesante por el tamaño que ha alcanzado su mercado. Francia ha construido una estructura federativa cada vez más potente. Suecia se ha convertido en uno de los países europeos con mayor implantación del deporte y Países Bajos ya aparece como una de las selecciones femeninas clasificadas para el Mundial. El verdadero salto está en las federaciones.
Aquí está la diferencia entre tener aficionados y tener un deporte internacional. Para que una selección sea realmente competitiva, hacen falta federaciones, torneos nacionales, entrenadores, categorías de formación, árbitros, instalaciones y jugadores que puedan dedicar años a desarrollarse.
La FIP ha ido construyendo precisamente ese entramado. En 2023 alcanzó las 70 federaciones afiliadas y en 2026 ya son 100. También ha creado circuitos juveniles y competiciones continentales para que el crecimiento no dependa exclusivamente de los jugadores que ya existen. El objetivo es que el deporte deje de viajar de un país a otro como una moda. Tiene que echar raíces.
España puede ganar incluso cuando no juega
Por eso la clasificación que se disputa en Madrid tiene una lectura mucho más importante para España que la de una simple fase previa. Que España esté clasificada mientras 47 selecciones se juegan cuatro plazas europeas demuestra hasta qué punto ha cambiado el paisaje. Ya no se trata de demostrar que el pádel funciona fuera de nuestras fronteras. Eso está demostrado.
El siguiente paso es conseguir que existan suficientes países capaces de producir una competición internacional de verdad. Porque un Mundial en el que España y Argentina parten siempre varios escalones por encima puede ser un torneo global, pero todavía no es una competición completamente global.
El verdadero éxito del pádel español será el día en que España tenga que volver a clasificarse para un Mundial. Ese día significará que el resto del mundo ya ha aprendido a jugar. Y Madrid está acogiendo precisamente el proceso para que llegue cuanto antes.
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