La historia del salario máximo en la NBA no se entiende sin la figura de Kevin Garnett. Debutó en 1995 como número 5 del draft directamente desde la escuela secundaria y, a lo largo de 21 temporadas, firmó contratos que sumaron 335,8 millones de euros, solo en ingresos con franquicias, sin contar patrocinio ni otros negocios. Este récord histórico situó a Garnett como un referente tanto deportivo como económico, capaz de redefinir la manera en que la liga gestionaba los salarios.
El mejor pagado de la liga durante varios años
Garnett se convirtió en el jugador mejor pagado en múltiples temporadas entre 2000 y 2009. En la campaña 2003-04, percibió 28 millones de euros, solo superado por LeBron James en la actualidad. Su capacidad para negociar contratos extensos y garantizados antes de cumplir los 22 años lo convirtió en pionero de un modelo que luego influiría en toda la NBA.
El contexto histórico es fundamental. Antes de Garnett, la NBA había visto contratos altos, como los de Juwan Howard y Alonzo Mourning (105 millones por siete años), pero ningún acuerdo como el de Garnett, que garantizaba 126 millones por seis temporadas desde 1998-99. Este contrato anticipado y asegurado fue uno de los detonantes del lockout de 1998-99, en el que la liga perdió 32 partidos y el All-Star Weekend se suspendió, obligando a revisar la estructura económica de la NBA.
La revolución salarial de la liga
De aquel conflicto surgió el nuevo convenio colectivo, que estableció el salary cap o tope salarial, limitando los ingresos máximos de los jugadores y creando reglas sobre el “luxury tax” para equilibrar la competitividad de los equipos. Los contratos de Garnett y otros preexistentes quedaron exentos, pero sentaron las bases del sistema moderno que hoy permite manejar de forma sostenible los salarios de superestrellas como Kevin Durant o Giannis Antetokounmpo.
Desde un enfoque humano y analítico, la carrera de Garnett muestra cómo la combinación de talento, visión económica y decisiones estratégicas puede transformar un deporte. Su capacidad para identificar el momento oportuno y negociar de forma temprana permitió que su fortuna deportiva superara los límites hasta entonces conocidos. Además, su trayectoria marcó un precedente para las siguientes generaciones, equilibrando rendimiento, marketing personal y posición negociadora frente a los propietarios.
En cifras, Garnett no solo fue una referencia económica: su impacto competitivo incluyó 15 participaciones en All-Star, un MVP en 2004, nueve apariciones en equipos defensivos y un anillo de campeón con Boston en 2008. Esto subraya que los contratos más altos de la NBA no se pagan únicamente por notoriedad, sino por rendimiento sostenido y liderazgo en pista.
El cierre de esta historia deja un aprendizaje para la NBA actual: los topes salariales, creados en parte gracias a Garnett, equilibran la economía de la liga pero también limitan a las megaestrellas emergentes. Su ejemplo sigue siendo relevante para entender por qué hoy jugadores como Stephen Curry, Kevin Durant o Giannis Antetokounmpo perciben cifras astronómicas dentro de un marco regulado que protege tanto a equipos como a jugadores.