Llega el momento más esperado por los aficionados del baloncesto universitario. El March Madness comienza y los representantes españoles cuentan con bastantes posibilidades de hacer un papel destacado. Sobre todo, Aday Mara, el pívot de Michigan, está cuajando una grandísima temporada tras su polémica salida de UCLA para ir a una universidad de menor renombre, pero en la que está contando con los minutos que no tenía en Los Ángeles. Por otro lado, se encuentra a otro español, que no está teniendo tanto marketing, pero que ya le apodan "El principito de España". Mario Saint-Supéry, es el base de Gonzaga y acaba de coronarse como campeón de la West Coast Conference de la NCAA. Por su parte, Baba Miller no disputará el certamen tras caer eliminado ante UCF.

La explosión de Aday Mara no es casual

Si hay un nombre español que aterriza en este March Madness con aura de gran protagonista, ese es el de Aday Mara. El pívot maño no solo ha dado un paso adelante esta temporada, sino que ha terminado por instalarse en otra dimensión competitiva. Después de un curso anterior en el que todavía parecía un talento por pulir, este año ha encontrado por fin el contexto ideal para explotar su baloncesto y convertirse en una pieza decisiva en uno de los equipos más fuertes del país.

Los números explican buena parte del fenómeno, aunque no lo resumen del todo. Mara llega al torneo con 11,6 puntos, 6,9 rebotes, 2,3 asistencias y un 67,4% en tiros de campo, cifras que le colocan entre los interiores más eficientes del baloncesto universitario. Pero lo verdaderamente importante no es solo cuánto produce, sino cómo condiciona el juego. Ya no es únicamente un gigante que intimida cerca del aro: ahora es un interior que lee, pasa, corrige, protege y ordena. Su evolución en la toma de decisiones y su capacidad para influir en ambos lados de la pista le han convertido en una de las piezas diferenciales de Michigan. Además, es líder de su equipo en rebotes y tapones.

Su estado de forma, además, llega en el mejor momento posible. En los días previos al gran baile universitario, Mara fue decisivo en el torneo de la Big Ten: firmó 17 puntos ante Ohio State, luego brilló con 16 puntos, 8 rebotes y 5 tapones ante Wisconsin, y cerró la final con 14 puntos, 7 rebotes y 2 tapones pese a la derrota frente a Purdue. Ese tramo confirma que marzo le encuentra enchufado, dominante y preparado para soportar la presión del escaparate más grande del curso.

Y eso cambia por completo la lectura sobre su papel. Aday Mara ya no entra en el March Madness como una curiosidad española ni como un proyecto de futuro. Entra como una realidad competitiva, como un jugador capaz de inclinar eliminatorias y como uno de los nombres que más interés despiertan de cara al draft. Michigan, además, se presenta como uno de los grandes aspirantes del cuadro, algo que multiplica la atención sobre él. Si su equipo quiere llegar lejos, gran parte de esa ruta pasará por las manos (y por la envergadura) del zaragozano.

Mario Saint-Supéry, el base español que ya manda en Gonzaga

Tras Aday Mara, el otro gran foco español apunta a Mario Saint-Supéry, que ha ido creciendo con paciencia y personalidad en uno de los programas más exigentes del país. Gonzaga no es un destino cualquiera, y menos en marzo, cuando cada posesión se vive con la sensación de que puede decidir una temporada. En ese contexto, el malagueño ha sabido abrirse paso hasta convertirse en una pieza importante dentro de una estructura que aspira, como casi siempre, a pelear muy arriba. Ya se mencionaba antes del torneo que su rol había ganado peso y que su presencia podía resultar decisiva para las aspiraciones de los Bulldogs.

Saint-Supéry llega al March Madness con 8,6 puntos, 2,8 rebotes y 3,6 asistencias por partido, unas cifras que retratan bastante bien su perfil: no necesita monopolizar la anotación para dejar huella, porque su valor está en la dirección, la lectura del ritmo y la capacidad para hacer mejores a los demás. Es un base que transmite calma, algo especialmente valioso cuando se acercan los minutos de verdad. En un torneo corto, salvaje, tener a un exterior que piense con claridad puede ser media clasificación.

Además, Gonzaga llega muy bien situada. Los Bulldogs entran como cabeza de serie número 3 y con un balance de 30-3, respaldados por una tradición competitiva que convierte al programa en un clásico del mes de marzo. Eso también beneficia al español: cuanto más largo sea el recorrido de Gonzaga, mayor será la exposición de un jugador que ya ha demostrado personalidad para asumir responsabilidades. No es casualidad que destacara una actuación de 21 puntos, 5 rebotes y 4 asistencias en la final de la West Coast Conference como la prueba de que sabe aparecer cuando el partido se aprieta.

La otra armada española: ocho nombres para seguir en el gran baile

Más allá de Mara y Saint-Supéry, la presencia española en este March Madness vuelve a ser notable. Hasta ocho jugadores españoles en el torneo, una cifra que confirma la excelente salud del talento nacional en la NCAA. Entre ellos aparece Álvaro Folgueiras, interior malagueño de Iowa, descrito como un jugador útil, versátil y adaptable a cualquier contexto. Su perfil de ala-pívot moderno, capaz de jugar por dentro, pasar y abrir el campo, puede ser especialmente valioso en un torneo donde los ajustes tácticos y la profundidad de rotación pesan tanto como el talento puro.

También sobresale Rubén Domínguez, uno de esos especialistas que pueden alterar una eliminatoria en cuestión de minutos. Su temporada en Texas A&M le ha consolidado como una amenaza seria desde el perímetro, y recordaba incluso una exhibición de 30 puntos con 10 triples, todo un récord en su programa. En el ecosistema del March Madness, donde muchas defensas colapsan la pintura y cada tiro liberado vale oro, un jugador así puede convertirse en factor sorpresa.

En High Point coinciden dos españoles muy interesantes: Owen Aquino y Conrad Martínez. El primero aporta dureza interior, rebote y presencia física; el segundo, creatividad, desborde y capacidad para cambiar el ritmo desde el banquillo. Son perfiles distintos pero complementarios, y ambos encajan en el tipo de torneo en el que los equipos pequeños buscan sobrevivir a base de carácter, defensa y acierto en los momentos límite.

La lista la completan Victory Onuetu, con Hofstra, y José Tanchyn, con UMBC. En ambos casos, su papel parte más del trabajo silencioso que del foco mediático: proteger la zona, rebotear, dar energía y sostener a sus equipos en los detalles que no siempre salen en los resúmenes. Son precisamente esos perfiles los que muchas veces resultan indispensables en marzo, cuando el torneo se endurece y cada posesión exige madurez. ya señala a Tanchyn como uno de los españoles presentes desde el First Four, el pistoletazo inicial de un torneo que reúne a 68 equipos y que vuelve a colocarse entre los grandes eventos deportivos del calendario estadounidense.

 

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