En una FIFA cada vez más dividida, Gianni Infantino todavía tiene un lugar donde no parece soplar el viento en contra: Sudamérica. Mientras UEFA, AFC y Concacaf han elevado la presión contra el presidente de FIFA y varias federaciones han retirado públicamente su apoyo, Argentina mantiene su posición. La AFA respaldó a Infantino después de que retirara su polémico proyecto de inversión privada y la propia Conmebol aprobó por unanimidad su candidatura a la reelección.
La imagen resulta especialmente llamativa porque Argentina no ha elegido simplemente guardar silencio. Claudio Tapia firmó una carta de apoyo explícito a Infantino el pasado 6 de agosto, en la que reconocía los errores cometidos con el proyecto FIFA Forward Enterprise, pero defendía que el presidente había liderado una «transformación profunda» de la organización y había abierto sus puertas a todas las asociaciones miembro.
No es una fotografía aislada. Tapia e Infantino llevan años construyendo una relación estrecha, y la AFA ha encontrado en el dirigente suizo a un aliado dentro de la estructura mundial. El ejemplo más evidente llegó en 2023, cuando Argentina terminó acogiendo el Mundial Sub-20 después de que Indonesia perdiera la organización del torneo.
Cartas de apoyo de algunos jugadores a la gestión de Infantino. Las tres cartas dicen exactamente lo mismo.
— Fernando Palomo ESPN®️ (@fernandopalomo) August 26, 2026
Cambiasso, Zanetti y Pastore las firman. pic.twitter.com/n4L0h9l7iy
Infantino necesita a Argentina
La respuesta empieza por los números.
FIFA tiene 211 asociaciones miembro y la elección presidencial no se decide por el peso deportivo de cada país, sino por un voto por asociación. Eso convierte a las federaciones sudamericanas en una pieza extremadamente valiosa para cualquier candidato.
Argentina representa, además, mucho más que un voto. Es la vigente potencia mundial, una de las selecciones con mayor impacto comercial del planeta y uno de los países que mejor puede representar el peso histórico y futbolístico de Sudamérica dentro de FIFA.
Pero existe otra pieza todavía más importante: Alejandro Domínguez y Conmebol. La confederación sudamericana respaldó oficialmente la reelección de Infantino en abril. En esa declaración, en la que participó Tapia, Conmebol destacó su liderazgo y los avances realizados durante su gestión. La alianza, por tanto, tiene una estructura mucho mayor que el vínculo entre dos presidentes. Infantino necesita a Sudamérica y Sudamérica tiene motivos para preferir a Infantino.
La letra pequeña está en el reparto del poder
Una de las claves de la estrategia de Infantino ha sido precisamente ampliar la influencia de las federaciones que históricamente tenían menos capacidad para competir con las grandes potencias europeas.
El presidente de FIFA ha insistido durante su mandato en que el organismo debe distribuir más recursos entre sus 211 asociaciones miembro, con el argumento de que el crecimiento del fútbol mundial no puede concentrarse en unos pocos países. En plena crisis actual ha vuelto a utilizar ese discurso: según explicó esta semana, FIFA debe seguir reduciendo la distancia financiera entre las grandes federaciones y el resto.
Ese modelo genera una base de apoyo especialmente importante fuera de Europa.
Y ahí aparece la paradoja del conflicto actual. Quienes más cuestionan a Infantino son precisamente algunas de las federaciones con mayor peso histórico y económico, mientras que varias de las asociaciones que se benefician de la política redistributiva siguen defendiendo su continuidad. Argentina no pertenece al grupo de federaciones pequeñas que dependen de esos fondos, pero sí comparte con el resto de Sudamérica un interés evidente: mantener el peso político de la Conmebol dentro de FIFA.
Un aliado que también abre puertas
La relación funciona en ambas direcciones. Durante el Mundial de 2026, Infantino volvió a aparecer junto a Tapia y Domínguez en diferentes actos institucionales. La AFA presentó precisamente uno de esos encuentros como una muestra de los «sólidos vínculos institucionales» entre FIFA, Conmebol y la asociación argentina.
El trato tampoco se limita a las grandes decisiones. En mayo, Tapia realizó gestiones ante el Bureau de FIFA relacionadas con la elegibilidad de Nicolás Otamendi para el Mundial. La propia AFA destacó entonces el acompañamiento de Domínguez en las conversaciones.
No significa que Infantino pueda conceder favores arbitrariamente ni que cada decisión deportiva responda a una negociación política. Pero sí muestra algo más sencillo: la proximidad institucional permite que Argentina tenga acceso directo a los centros de decisión de FIFA.
Y en una organización que maneja calendarios, sedes, competiciones, sanciones, reparto económico y programas de desarrollo, ese acceso tiene valor.
Argentina no está sola
La defensa argentina de Infantino forma parte de un bloque más amplio.
Reuters identifica actualmente a Argentina y México entre los principales apoyos latinoamericanos que conserva el presidente, mientras CAF mantiene también una posición favorable y varias federaciones árabes han respaldado públicamente su continuidad.
Eso explica por qué la guerra por la presidencia todavía está lejos de estar resuelta.
UEFA, AFC y Concacaf representan juntas una parte enorme de las asociaciones de FIFA y han cuestionado duramente el modelo de gobernanza de Infantino. Pero FIFA sigue teniendo 211 votos, y el presidente ha construido durante una década una red de relaciones que trasciende las grandes potencias.
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