El mundo del running, en los últimos años, ha adquirido una gran popularidad. Por las calles se puede ver a muchas personas con sus cascos, preparándose para disputar alguna media maratón o una completa o simplemente corriendo por salud. Hubo una época en que en Estados Unidos a las mujeres les tenían prohibido correr maratones porque se pensaba que no tenían la capacidad física para poder correr los 42 kilómetros. Sin embargo, hubo una mujer que en 1967 desafió las reglas establecidas, convirtiéndose en la primera mujer en correr la maratón en Boston.
La maratón hacia la igualdad
Corría el año 1967, la maratón de Boston celebraba su edición número 70 y, sin que nadie se lo esperase, se convirtió en una de las más importantes de la historia. Por ese entonces las mujeres no podían competir, al pensarse que tenían menos capacidades físicas que los hombres; sin embargo, para la dirección de la competición, hubo una mujer que desafió las normas establecidas y se dispuso a correr una de las maratones más importantes del mundo. Kathrine Switzer se aprovechó de que en el reglamento no especificaba qué sexo podía competir o no. Se apuntó bajo el nombre "K. V. Switzer", cosa muy habitual en la época.
Comenzó la carrera con el dorsal 261 y, tras varios kilómetros recorridos, el director de la carrera, Jock Semple, se dio cuenta de que había una mujer corriendo con un dorsal oficial, por lo que comenzó a perseguirla gritándole: "Sal de mi carrera y devuélveme el dorsal!", al mismo tiempo que la sujetaba de los hombros. En ese momento, entraron en escena tanto el entrenador de Kathrine como su novio, Tom Miller, que derribaron al director para que la corredora pudiese seguir con el recorrido. Además, este momento se produjo delante del autobús de prensa, por lo que fue muy fotografiado, convirtiendo 261 en un símbolo de la igualdad en el deporte.
Finalmente, Kathrine pudo terminar los 42 km en cuatro horas, siendo así la primera mujer de la historia en terminar la maratón de Boston con un dorsal oficial. También hubo otra mujer que lo intentó y completó la maratón, pero sin dorsal. Bobbi Gibb fue otra de las mujeres que participó en la Maratón de Boston de 1967 sin dorsal oficial. Un año antes, en 1966, había intentado inscribirse de manera reglamentaria, pero su solicitud fue rechazada. El director de la prueba, Will Cloney, argumentó entonces que las mujeres no estaban físicamente capacitadas para afrontar la distancia del maratón.
Lejos de aceptar esa decisión, Gibb corrió igualmente en 1966 sin dorsal y logró completar la carrera por delante de más de 290 de los 415 participantes inscritos, convirtiéndose en la primera mujer en terminar la Maratón de Boston. En 1972, cinco años después del suceso protagonizado por Kathrine Switzer, se permitió oficialmente la participación de las mujeres en la Maratón de Boston.
Jock Semple justificó su actitud alegando que las normas del atletismo amateur prohibían que las mujeres compitieran en distancias superiores a 1,5 millas (2,4 km). Sin embargo, años más tarde, tras aprobarse la regla que autorizaba expresamente la presencia femenina en la prueba, cambió de postura y se reconcilió públicamente con Switzer. Con el tiempo, ambos llegaron incluso a forjar una amistad, tal y como relató la propia corredora al periodista Chris Greenburg en 2015.