Gianni Infantino afronta sus horas más delicadas desde que tomó el control del fútbol mundial en 2016. El suizo, dirigente infranqueable a primera vista, parecía encaminarse hacia una nueva reelección como presidente de la FIFA. No se atisbaba un mínimo de oposición. Sin embargo, ha visto cómo su poder se desmoronaba en cuestión de días, después del fracaso de su intento de abrir al capital privado el negocio de la Copa del Mundo. Según publicaba este domingo The Sunday Times, todas las opciones están sobre la mesa del ejecutivo; incluyendo la de su dimisión, que podría ocurrir en una reunión extraordinaria del Consejo de la FIFA. No está ni mucho menos confirmado, pero ya se mueven fichas entre bambalinas ante lo que hace sólo una semana parecía utópico: el final anticipado de la era Infantino.

Tambores de guerra en Zúrich. Los rumores inundan los despachos de la sede central de la FIFA. La crisis estalló con la presentación de FIFA Forward Enterprise, un proyecto que pretendía crear una sociedad valorada en unos 20.000 millones de dólares para concentrar los derechos comerciales de las principales competiciones de la organización; es decir, los mundiales masculino y femenino, entre otras cuestiones. Un plan que contemplaba la venta de hasta un 20% de esa nueva empresa a inversores privados, lo que se traduciría en una participación que podía alcanzar los 4.000 millones de dólares.

Cifras con las que Gianni Infantino pensaba seducir a todas las federaciones bajo el paraguas FIFA para que cristalizara su plan maestro. La propuesta, sin embargo, suponía mucho más que una campaña de financiación. En la práctica, el órgano rector del fútbol abría la puerta del corazón económico de la FIFA a socios externos y fondos, con el fin de que éstos se llevaran una parte del suculento pastel que generan sus prestigiosos torneos. Para atraer a las confederaciones, el suizo ofrecía un paquete de miles de millones. Dicho de otra manera, promesas de pagos de hasta 40 millones de dólares a cada asociación que respaldara la iniciativa. El proyecto se presentó como una vía para multiplicar los recursos destinados al desarrollo que, sin embargo, escondía – al menos así lo interpretaron sus detractores – un intento de privatizar parcialmente el Mundial y condicionar a los miembros mediante incentivos económicos. Poderoso caballero…

El Mundial no está venta

La respuesta de Europa fue inmediata. Y contundente. La UEFA de Aleksander Ceferin reunió de urgencia a sus 55 federaciones y encontró la respuesta que necesitaba: un rechazo unánime al proyecto. La organización continental denunció la falta de información, ausencia de consultas previas y el evidente riesgo de que el control de las competiciones terminara condicionado por intereses particulares. Una oposición que tornó incluso en una amenaza de boicot a los torneos organizados por la FIFA si Infantino seguía adelante con su plan.

La rebelión no se quedó en Europa. Surcó los mares hasta llegar a la Concacaf. También a la Confederación Asiática, quienes denunciaron que se enteraron de los detalles del plan a través de los medios de comunicación, pese a que la operación afectaba directamente al futuro comercial de las competiciones internacionales. La rebelión crecía a un ritmo exponencial, evidenciando el aislamiento de un Infantino al que hasta responsables de la propia FIFA criticaron el procedimiento. De hecho, figuras cercanas a la presidencia del organismo abandonaron sus puestos o manifestaron públicamente su oposición.

Ante una contestación que amenazaba con desnudar deportiva y económicamente sus torneos, Infantino claudicó. Retiró el proyecto y, con ello, apostó por la esperanza de que todo quedara en agua de borrajas. La marcha atrás, sin embargo, no apaciguó a los críticos. Para UEFA, el problema ya no era sólo la propuesta, sino lo que escondía el anuncio del Suizo; una manera de gobernar basada en la opacidad y en decisiones adoptadas al margen de los órganos que debían conocerlas. La organización europea expresaba así su pérdida de confianza en el presidente de la FIFA, precisando que el mero archivo de la idea privatizadora no era suficiente.

La sopa primordial estaba empezando a hervir. La crisis abrió una grieta especialmente peligrosa para Infantino, pues la desconfianza ha alcanzado el Consejo de la FIFA, el principal órgano estratégico entre congresos. Diversos integrantes sopesan la posibilidad de promover una reunión extraordinaria bajo la premisa de exigir una revisión independiente de las decisiones de la presidencia. Incluso se baraja la opción de la moción de censura. Llegados a este punto, huelga indicar que para convocar una asamblea extraordinaria es necesario cosechar el apoyo de 19 miembros del Consejo. Cifra a la que, en estos momentos, el sector crítico trata de llegar.

De líder sempiterno a ángel caído

El giro de guion es más significativo cuando, en el mes de abril, Infantino dejó clara sus intenciones de presentarse a la reelección en 2027. Durante años amasó con mimo una mayoría apoyada en las pequeñas y medianas federaciones de África, Asia y el Caribe, bajo promesas de generosas inversiones a través de programas de desarrollo de la FIFA. De nuevo, poderoso caballero… No obstante, es preciso resaltar que es el proceder habitual de todo presidente – o aspirante - que se precie. Ese sistema de alianzas le permitió ser reelegido sin rival en 2019 y 2023. Un escenario que amenazaba con replicarse hasta el patinazo del plan privatizador. El suizo pelea ahora por conservar el respaldo de la CAF (Confederación Africana), la Conmebol (Confederación Sudamericana) y otras federaciones que no han roto públicamente con él. No obstante, la madre del cordero está en el pastel europeo, norte y centroamericano, así como una parte de Asia. Amenazan con convertir la próxima elección en una batalla abierta o, incluso, precipitar su renuncia antes del proceso.

Según lo publicado este domingo por The Times, el dirigente helvético está aferrándose al puesto mientras crecen las maniobras entre bambalinas para apartarlo. La publicación apunta a que podría ser requerido para dimitir durante una reunión extraordinaria del Consejo. Otros medios británicos hacen alusión a una suerte de ultimátum: o abandona el cargo o se expone a una moción de censura que haría visible su pérdida de poder en la organización. En consecuencia, un callejón sin salida para Infantino.

La renuncia, por tanto, aparece como posibilidad real, pero no es ni mucho menos una decisión formal. No a estas alturas de la película. Infantino aún conserva aliados, además de controlar buena parte de la estructura ejecutiva y podría decantarse por resistir hasta el proceso electoral pese a que el calendario juegue en su contra. 2027 es el año de la elección, por lo que las candidaturas deben formalizarse antes de noviembre. Esto quiere decir que sus adversarios ya están agitando el árbol en busca de una figura que aglomere el apoyo de federaciones con intereses muy diferentes.

El ‘juego de tronos’ de FIFA

Como es habitual en estos casos, la rumorología cotiza al alza. Las primeras quinielas ya están en circulación y apuntan a diversos nombres. El primero de ellos es Victor Montagliani, presidente de Concacaf. El dirigente canadiense conoce a la perfección la estructura de Zúrich y cuenta con la influencia suficiente en Norteamérica, por lo que podría presentarse como una alternativa capaz de tender puentes entre Europa y las confederaciones no europeas. Su principal ventaja es precisamente la de no percibirse como un candidato exclusivo de UEFA, algo determinante en un proceso en el que cada una de las 211 cuenta con idéntica potencia en su voto.

De igual modo, suena – aunque con menos fuerza – el presidente de la Confederación Asiática, Salman Bin Ebrahim Al Khalifa. El secretario general de la FIFA, Mattias Grafström; el presidente del Paris Saint-Germain y presidente de la antigua Asociación de Clubes Europeos (rebautizada como ECF), Nasser Al-Khelaifi; o el propietario del Legia de Varsovia, Dariusz Mioduski; se cuelan también en las predicciones de los despachos. Son perfiles totalmente distintos. Algunos cuentan con una extensa red institucional; otros, en cambio, son empresarios que representan el creciente peso del capital privado y de los clubes en el gobierno del fútbol.

Sin embargo, se antoja imposible no pensar en el nombre del principal opositor a Gianni Infantino; el presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin. Es él quien ha liderado la rebelión contra el helvético y cuenta con una legión de fieles en las federaciones europeas. No obstante, tendría que enfrentarse a la dura batalla por pescar en los caladeros transoceánicos. Además, una candidatura del esloveno convertiría la sucesión en un choque frontal entre FIFA y UEFA, reabriendo la eterna disputa por quién controla el calendario, los ingresos y el futuro de las competiciones internacionales.

A nadie se le escapa el poder de Europa, siendo uno de los continentes con mayor potencia futbolística, habida cuenta de que posee a las selecciones y ligas con mayor valor comercial. De lo que no dispone, sin embargo, es de mayoría en el Congreso de la FIFA. África, cuenta con 54 asociaciones, Asía tiene 46 y la Concacaf aúna a 35 miembros con derecho a voto. Todo candidato europeo necesitará de una alianza global y, lo más importante, seducir a federaciones que ya han recibido suculentos recursos durante la era Infantino.

Una guerra soterrada por el modelo del fútbol

Este conflicto trasciende la figura e incluso la continuidad de Gianni Infantino. El premio que hay en el centro de la mesa es si FIFA debe seguir funcionando como una federación que administra el fútbol mundial o se acerca todavía más a la imagen de corporación global focalizada en la maximización de ingresos. Su frustrado proyecto circulaba en dicha dirección: convertir los derechos del Mundial en un activo susceptible de ser vendido a inversores. El temor – según sus detractores – es que dichos socios condicionaran el formato de los torneos, el calendario, las sedes y el número de partidos para garantizar una rentabilidad creciente.

Ceferin y sus aliados se han adelantado en el marcador al obligar a Infantino a retirar su plan. Pero el partido aún está en sus primeros minutos de juego y un gol tempranero no es garantía de victoria en el global de la eliminatoria. UEFA también defiende sus propios intereses comerciales, sus torneos y su control sobre los clubes más poderosos. La caída del suizo no eliminaría esa batalla, sino que abriría una carrera para colocar al frente del máximo órgano rector a alguien capacitado para desequilibrar la balanza.

Síguenos en Google Discover y no te pierdas las noticias, vídeos y artículos más interesantes

Síguenos en Google Discover

Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora