La guerra entre FIFA y UEFA parece que no va a terminar en un futuro próximo. Con el anuncio de la FIFA de vender cerca del 20% del total de la institución a capitales privados, con el objetivo de que las federaciones obtengan una mayor cuantía por acudir al certamen. Ante esta situación, la mayoría de las grandes federaciones de fútbol del mundo, como la Concacaf o la UEFA, se han opuesto rotundamente a esta decisión tomada unilateralmente y van más allá.
El presidente de la UEFA, Aleksander Čeferin, junto a las 55 federaciones de fútbol europeo, decidieron el pasado jueves boicotear el próximo Mundial de aprobarse esta iniciativa. Esta decisión se tomó en una reunión de emergencia entre las federaciones y afectaría a todas las competiciones FIFA como: Mundial femenino y masculino o el Mundial de Clubes.
Una relación totalmente rota
El enfrentamiento por la entrada de capital privado no ha creado la crisis entre la FIFA y la UEFA, sino que ha terminado de romper una relación deteriorada desde hace años. Gianni Infantino y Aleksander Čeferin representan dos modelos enfrentados de gobernanza: la FIFA busca ampliar sus competiciones y reforzar su control sobre el calendario mundial, mientras que la UEFA defiende el peso de las federaciones, los clubes y los torneos europeos.
Las discrepancias comenzaron a hacerse especialmente visibles con la propuesta de celebrar el Mundial cada dos años, rechazada frontalmente por Europa, y continuaron con la expansión de los torneos de selecciones, el nuevo Mundial de Clubes y la posibilidad de elevar a 64 participantes la edición de 2030. La UEFA considera que la FIFA toma decisiones que afectan directamente a sus jugadores y competiciones sin mantener una consulta suficiente, mientras que el organismo internacional acusa a Europa de intentar conservar su posición dominante dentro del fútbol.
Durante los últimos meses ambas instituciones habían mantenido una frágil tregua, condicionada por las elecciones previstas en 2027 y por la necesidad de evitar una ruptura abierta. Sin embargo, el proyecto de comercializar parcialmente el Mundial ha eliminado cualquier apariencia de entendimiento. La UEFA acusa ahora a la FIFA de actuar con secretismo, presionar económicamente a las federaciones y anteponer la rentabilidad de futuros inversores a los intereses deportivos.
La disputa ya no se limita a una diferencia entre dos dirigentes. Se ha convertido en una lucha por determinar quién controla el calendario, los grandes torneos y los ingresos generados por el fútbol internacional. La amenaza de retirar a las selecciones europeas demuestra que el diálogo institucional ha dado paso a una confrontación directa cuya resolución puede condicionar el futuro de los próximos Mundiales.
La FIFA va con todo
La FIFA rechaza esas acusaciones. El organismo sostiene que seguirá adelante con un proceso de consulta abierto a sus 211 asociaciones miembro y asegura que la nueva filial permanecería controlada permanentemente por la propia institución. También afirma que cada federación recibiría 20 millones de dólares durante el ciclo 2027-2030, independientemente de que apoye o no la iniciativa.
“Nadie está vendiendo el fútbol”, ha respondido la organización, que considera que ninguna confederación puede hablar en nombre de todas las federaciones del mundo. Según su versión, el objetivo es aprovechar mejor el potencial comercial de sus torneos y repartir los ingresos entre países con menos recursos para desarrollar infraestructuras, fútbol base y selecciones nacionales.
Las explicaciones no han calmado a Europa. La Federación inglesa ha defendido que el Mundial pertenece al fútbol, mientras que Noruega ha advertido de que se retirará de las competiciones si continúa el proyecto. Federaciones como las de Escocia, Suecia y Dinamarca también han denunciado la falta de transparencia y el escaso tiempo concedido para evaluar una transformación de semejante alcance.
¿Puede celebrarse un Mundial sin Europa?
La amenaza abre un escenario difícil de imaginar. Un Mundial masculino sin España, Francia, Inglaterra, Alemania, Italia, Portugal, Países Bajos o Bélgica perdería a buena parte de sus principales selecciones, campeones históricos, estrellas internacionales y mercados televisivos.
Europa ha ganado 13 de las 23 ediciones masculinas disputadas y aporta una parte fundamental del valor deportivo y económico del campeonato. Aunque la FIFA pudiera organizar técnicamente el torneo con selecciones de las demás confederaciones, su condición de gran acontecimiento universal quedaría profundamente debilitada.
La primera competición directamente amenazada sería, en realidad, el Mundial femenino de Brasil 2027. España tendría que defender el título conseguido en 2023, pero la decisión de la UEFA afecta a todas las competiciones organizadas por la FIFA, no únicamente al campeonato masculino.
En el caso de mantenerse el pulso hasta 2030, la fractura alcanzaría una dimensión todavía mayor. España y Portugal son dos de los tres principales anfitriones del próximo Mundial junto a Marruecos. Resultaría incoherente que ambos países organizaran partidos de una competición en la que sus propias selecciones se niegan a participar.
España y Portugal, atrapadas por el Mundial de 2030
La candidatura de 2030 tiene además una dificultad añadida: sus tres anfitriones pertenecen a dos confederaciones diferentes. España y Portugal forman parte de la UEFA, mientras que Marruecos pertenece a la Confederación Africana.
Si el bloque europeo mantiene el boicot, los dos países ibéricos quedarían abocados a apartarse de la organización mientras Marruecos podría adoptar una postura distinta. La Confederación Africana no ha mostrado hasta ahora un rechazo tan contundente y ha anunciado que estudiará internamente la propuesta antes de tomar una posición definitiva.
No existe todavía una renuncia formal de los gobiernos o federaciones de España y Portugal. Se trata de una consecuencia potencial del compromiso adoptado colectivamente por la UEFA. Sin embargo, el choque introduce una enorme incertidumbre en un proyecto que requiere años de planificación, inversiones públicas, reformas de estadios y acuerdos institucionales.
El conflicto también podría alterar el equilibrio entre los organizadores. Si España y Portugal se apartaran y Marruecos permaneciera junto a la FIFA, habría que replantear por completo la distribución de encuentros, sedes y responsabilidades del campeonato.
Infantino se queda cada vez más aislado
La oposición ya no se limita al fútbol europeo. Concacaf, que agrupa a las federaciones de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe, ha rechazado también la propuesta por la falta de un procedimiento adecuado y de participación de los órganos de gobierno correspondientes.
La Confederación Asiática ha mostrado su solidaridad con UEFA y Concacaf y ha advertido de que la posibilidad real de un boicot debería preocupar a cualquiera que defienda el carácter universal del Mundial. Considera que una iniciativa incapaz de generar un consenso amplio debe ser reconsiderada.
La FIFA se encuentra así ante una contradicción evidente. Su plan pretende elevar el valor económico de las competiciones, pero la marcha de las selecciones europeas reduciría drásticamente su atractivo deportivo, comercial y audiovisual.
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