El gimnasio de la esquina sigue ahí. También el centro municipal, el box de entrenamiento funcional y la pequeña sala independiente que lleva años funcionando en el barrio. Pero cada vez más españoles entrenan bajo el logo de una gran cadena. El mapa sigue fragmentado; la clientela, bastante menos. Las cadenas operan tres de cada diez centros fitness, pero concentran ya aproximadamente a dos de cada tres usuarios.
La diferencia ayuda a explicar hacia dónde se mueve un sector que ha dejado de ser un negocio secundario dentro de la industria deportiva. España cerró 2025 con 8,35 millones de usuarios de centros fitness, alrededor de siete millones de abonados y un mercado valorado en 3.235 millones de euros. Son los datos que recoge el primer Informe anual del sector del fitness en España, elaborado por Fundación España Activa junto a Deloitte y con el apoyo de la Federación Nacional de Instalaciones Deportivas (FNEID).
El gimnasio sigue siendo un mercado muy fragmentado cuando se cuenta por establecimientos, pero bastante menos cuando se mira a quienes pagan por utilizarlos. El 69% de los centros está gestionado por operadores individuales, frente al 31% que corresponde a cadenas. Sin embargo, esas cadenas reúnen ya al 65% de los usuarios y al 68% de los abonados.
Y el movimiento podría ir a más. Más de la mitad de los operadores consultados anticipa un aumento de las fusiones y adquisiciones, especialmente entre compañías que buscan ganar tamaño, entrar en nuevas zonas y reducir costes. El fitness español crece, pero también ha entrado en una carrera por ganar escala.
Un negocio que ya mueve más de 3.200 millones
Los 5.806 centros fitness son solo una parte del mapa deportivo español. Si se incorporan polideportivos municipales, instalaciones multideportivas y centros especializados en disciplinas como yoga, pilates, CrossFit, EMS o HIIT, el parque asciende a 9.480 establecimientos. La elevada presencia de instalaciones de titularidad pública es, además, una de las particularidades que el informe señala frente a otros mercados europeos.
Dentro del gimnasio convencional, sin embargo, la ventaja de las cadenas aparece con claridad. Deloitte atribuye su capacidad para reunir muchos más clientes por establecimiento a las economías de escala, el reconocimiento de marca y un uso más intenso de la tecnología para captar y mantener abonados.
No hace falta, por tanto, controlar la mayoría de los locales para tener mucho más peso sobre la demanda. Una misma marca puede ofrecer decenas o cientos de ubicaciones, centralizar contratación, publicidad o tecnología y repartir determinadas inversiones entre una red mucho mayor de centros. También puede trasladar una propuesta similar de precios y servicios de una ciudad a otra.
El crecimiento de Basic-Fit permite medir esa velocidad. La compañía terminó 2025 con 230 gimnasios propios en España, frente a los 209 con los que había cerrado 2024. Un año antes el salto había sido todavía mayor, de 139 centros en 2023 a 209 en 2024. En apenas dos ejercicios, su red española creció en 91 establecimientos.
España figura además entre los mercados de crecimiento de la multinacional. Solo durante 2025 añadió 21 clubes netos en el país. El dato importa menos por la posición concreta de la empresa que por lo que muestra sobre el modelo. Abrir muchos locales bajo una misma estructura se ha convertido en una de las principales vías para ganar terreno en un mercado que todavía conserva miles de operadores independientes.
El negocio entra en fase de volumen
Pero crecer ya no depende únicamente de abrir gimnasios desde cero. También se puede ganar tamaño comprando los que ya existen. VivaGym ofreció uno de los ejemplos más claros a finales de 2024 con la adquisición de Altafit. La operación incorporó 70 gimnasios en funcionamiento y otros ocho en preventa y llevó al grupo a superar los 200 centros en España y Portugal, con cerca de medio millón de socios.
La operación ayuda a entender qué significa realmente la concentración en este negocio. Un gimnasio no tiene por qué cerrar para que el mercado se concentre. Puede seguir abierto en el mismo barrio, con buena parte de sus usuarios y trabajadores, mientras cambia la empresa que está detrás, se integra en una estructura mayor o termina operando bajo otra marca.
El informe de Fundación España Activa y Deloitte apunta precisamente en esa dirección. Más de la mitad de los operadores prevé un aumento de las fusiones y adquisiciones, impulsadas por la búsqueda de escala, la entrada en nuevos territorios, la optimización de costes y el fortalecimiento de las marcas.
Eso no significa que el gimnasio independiente esté desapareciendo. De hecho, sigue representando el 69% de los centros fitness. Tampoco existe un único modelo de negocio. A las grandes redes comerciales se suman instalaciones municipales y un universo de centros especializados que compiten desde otra lógica, con grupos reducidos, servicios más personalizados o actividades muy concretas.
Lo que sí muestran las cifras es que tener más establecimientos no equivale necesariamente a controlar una mayor parte de la demanda. Los operadores individuales gestionan alrededor de siete de cada diez centros, pero reúnen aproximadamente a uno de cada tres abonados. Las cadenas han conseguido invertir esa proporción.
El mapa que todavía queda por conquistar
La industria tampoco está repartida por igual en el territorio. Madrid, Cataluña y Andalucía concentran más de la mitad de los establecimientos fitness españoles y más del 55% de los abonados. La siguiente fase de crecimiento, sin embargo, podría llevar a las grandes compañías más allá de los mercados donde ya acumulan mayor presencia.
Entre las tendencias que el informe señala para 2026 aparece precisamente la expansión selectiva hacia mercados secundarios, junto al crecimiento de los servicios relacionados con la salud y el bienestar y una mayor personalización de la experiencia.
Para una industria asentada durante años principalmente en las grandes áreas urbanas, crecer empieza a significar también buscar espacio en ciudades donde la penetración de las grandes redes todavía es menor.
La demanda ayuda a explicar el interés. Los 8,35 millones de usuarios equivalen a una penetración del 16,5% entre la población española mayor de 15 años. El gimnasio se ha convertido en una práctica suficientemente extendida como para sostener un mercado multimillonario y atraer tanto nuevos operadores como capital para financiar expansiones y adquisiciones.
La paradoja es que esa industria sigue pareciendo muy atomizada cuando se observa desde la calle. Hay miles de gimnasios, centros independientes, instalaciones municipales y establecimientos especializados repartidos por todo el país. Pero detrás de esa diversidad se está produciendo otro movimiento. Las compañías con capacidad para replicar su modelo, abrir en varias ciudades y comprar competidores concentran cada vez más usuarios.
Los números de 2025 permiten verlo con claridad. Tres de cada diez centros gestionados por cadenas son suficientes para reunir a dos de cada tres personas que entrenan en un gimnasio. Y mientras el sector espera nuevas operaciones corporativas, la batalla ya no consiste únicamente en convencer a más españoles de que se apunten. También en decidir quién consigue quedarse con su cuota mensual.
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