En una ciudad dominada futbolísticamente por clubes como Chelsea, Arsenal o Tottenham, el Fulham conserva una distinción que ninguno de ellos puede arrebatarle. Fundado en 1879, es el club profesional más antiguo de Londres y uno de los equipos que mejor representa la esencia tradicional del fútbol inglés.

Su historia no está repleta de grandes títulos ni de largos periodos de dominio. El Fulham ha construido su identidad de una forma diferente: sobreviviendo a los descensos, manteniendo su vínculo con el oeste de Londres y regresando una y otra vez a una Premier League en la que casi siempre ha tenido que competir contra entidades con presupuestos mucho mayores.

Ahora afronta una nueva transformación. La llegada de Álvaro Arbeloa al banquillo ha cambiado la orientación deportiva del club y ha creado una conexión directa con el Real Madrid. El técnico conoce a la perfección el talento formado en Valdebebas y ha recurrido a varios de sus antiguos pupilos para renovar una plantilla que busca consolidarse definitivamente en la élite inglesa.

Un equipo nacido alrededor de una iglesia

El origen del Fulham se encuentra lejos de los grandes estadios y de los multimillonarios contratos televisivos de la Premier. El club nació cuando un profesor y un responsable religioso organizaron un equipo para los jóvenes de la iglesia de Fulham St Andrew’s, en el oeste de Londres.

Durante sus primeros años fue conocido como Fulham St Andrew’s Church Sunday School FC y disputó competiciones locales mientras cambiaba continuamente de campo. No adoptó su nombre actual hasta finales del siglo XIX, cuando comenzó a profesionalizarse y a adquirir una identidad propia dentro del creciente fútbol londinense.

El momento decisivo llegó en 1896, cuando el equipo se instaló en Craven Cottage. Situado junto al río Támesis, el estadio se convirtió rápidamente en una parte inseparable del club. Su arquitectura tradicional, la proximidad entre el césped y las gradas y la histórica casa situada en una de sus esquinas lo han transformado en uno de los campos más reconocibles del fútbol inglés.

El apodo de The Cottagers procede precisamente del estadio. Mientras otros clubes han sustituido sus antiguos campos por recintos modernos alejados de sus barrios de origen, el Fulham ha conservado su hogar y ha tratado de modernizarlo sin eliminar el carácter que lo diferencia.

El largo camino hasta la máxima categoría

El Fulham ganó dos veces consecutivas la Southern League antes de incorporarse en 1907 a la Football League. Sin embargo, su camino hacia la máxima categoría fue lento y estuvo lleno de ascensos y descensos.

El club alcanzó por primera vez la Primera División inglesa en 1949, aunque aquella primera etapa duró solamente tres temporadas. Regresó una década después y consiguió mantenerse en la élite durante buena parte de los años sesenta, una etapa marcada por la presencia de Johnny Haynes, considerado el mejor futbolista de la historia del Fulham.

Conocido como The Maestro, Haynes disputó más de 600 encuentros con la camiseta blanca y se convirtió en el símbolo de una generación que permitió al club competir contra los grandes equipos ingleses. Su importancia fue tal que una de las principales gradas de Craven Cottage lleva actualmente su nombre.

En aquella plantilla también apareció Bobby Robson, que antes de desarrollar su reconocida carrera como entrenador disputó más de 300 partidos como futbolista del Fulham. El equipo nunca llegó a convertirse en una potencia nacional, pero construyó una reputación basada en un fútbol atractivo y en la presencia de jugadores con una gran calidad técnica.

La final de Wembley y la llegada de las estrellas

Uno de los momentos más importantes de su historia se produjo en 1975, cuando el Fulham alcanzó por primera y única vez la final de la FA Cup. El conjunto londinense eliminó al Birmingham City en semifinales después de varios intentos fallidos, pero perdió el título en Wembley frente al West Ham por 2-0.

Durante aquellos años pasaron por el club figuras como George Best, Rodney Marsh y Bobby Moore. Sus llegadas elevaron la repercusión del equipo, aunque no fueron suficientes para devolverlo de manera estable a la máxima categoría.

La década siguiente estuvo marcada por los problemas económicos. El Fulham asumió gastos que no podía sostener, volvió a descender y llegó a estar cerca de desaparecer. El exjugador y dirigente Jimmy Hill tuvo que intervenir para evitar el colapso, pero el deterioro deportivo continuó hasta conducir al equipo a la cuarta división en 1994.

El club profesional más antiguo de Londres se encontraba entonces en uno de los niveles más bajos del fútbol inglés, con unas instalaciones anticuadas y un futuro profundamente incierto.

Al-Fayed devuelve al Fulham a la Premier

La gran transformación comenzó en 1997, cuando el empresario Mohamed Al-Fayed adquirió el club por aproximadamente 6,25 millones de libras. Su promesa era llevar al Fulham a la Premier League en un plazo de cinco años.

El objetivo se cumplió incluso antes de lo previsto. Tras ascender desde las categorías inferiores con Kevin Keegan, el equipo dirigido por Jean Tigana conquistó la segunda división en la temporada 2000-2001 con 101 puntos y regresó a la máxima categoría después de más de tres décadas de ausencia.

La inversión de Al-Fayed permitió modernizar el club, reforzar la plantilla y asegurar su supervivencia. El Fulham dejó de ser una entidad amenazada por la desaparición y pasó a competir durante 13 temporadas consecutivas en la Premier League.

En 2002 conquistó la Copa Intertoto, su único título internacional, y poco a poco comenzó a encontrar estabilidad. No competía por los grandes trofeos, pero se había convertido en un equipo habitual de la zona media, capaz de incomodar a rivales con muchos más recursos.

La noche en la que Craven Cottage soñó con Europa

La temporada 2009-2010 continúa siendo la mayor aventura deportiva de la historia del Fulham. Bajo la dirección de Roy Hodgson, el equipo alcanzó la final de la Europa League después de completar una campaña extraordinaria.

El conjunto londinense eliminó a rivales como el Shakhtar Donetsk, la Juventus, el Wolfsburgo y el Hamburgo. Especialmente recordada fue la remontada frente a la Juventus en Craven Cottage: después de perder 3-1 en la ida y encajar otro gol al inicio de la vuelta, el Fulham respondió con cuatro tantos y eliminó al gigante italiano.

El sueño terminó en la final de Hamburgo. Diego Forlán marcó durante la prórroga el gol con el que el Atlético de Madrid se impuso por 2-1. El Fulham no levantó el trofeo, pero aquella campaña modificó para siempre la dimensión internacional del club.

Durante esos años también dejaron una importante huella jugadores como Edwin van der Sar, Louis Saha, Clint Dempsey, Danny Murphy, Brede Hangeland o Mousa Dembélé. El Fulham había encontrado un modelo basado en descubrir talento, construir equipos competitivos y ofrecer un entorno estable a futbolistas que posteriormente podían dar un salto mayor.

Del descenso al equipo ascensor

Al-Fayed vendió el club en 2013 al empresario estadounidense Shahid Khan. Un año después, el Fulham descendió a la Championship y comenzó un periodo de enorme inestabilidad.

El equipo regresó a la Premier en 2018, pero descendió inmediatamente. Ascendió de nuevo en 2020 y volvió a perder la categoría al año siguiente. Durante cinco temporadas consecutivas cambió de división, convirtiéndose en uno de los principales ejemplos del llamado equipo ascensor.

La llegada de Marco Silva permitió romper ese ciclo. El Fulham conquistó la Championship en 2022 con 90 puntos y 106 goles, impulsado por los 43 tantos de Aleksandar Mitrović, y consiguió asentarse nuevamente en la máxima categoría. Desde entonces, el objetivo ha sido dejar de pensar únicamente en la permanencia y construir una estructura capaz de mirar hacia la zona europea.

De Craven Cottage a Valdebebas: la nueva ruta de fichajes

La salida de Marco Silva al Benfica y el nombramiento de Álvaro Arbeloa hasta 2029 han abierto una etapa diferente. El nuevo entrenador conoce la Premier por su pasado como futbolista, pero también llega después de trabajar durante años en las categorías inferiores del Real Madrid, donde dirigió y acompañó el crecimiento de varias generaciones.

Esa experiencia ha convertido a Valdebebas en el principal mercado del nuevo Fulham. Arbeloa no necesita largos informes para evaluar a esos jugadores: conoce su carácter, sus condiciones, su capacidad para soportar la presión y las posiciones en las que pueden ofrecer su mejor rendimiento.

La operación principal ha sido la incorporación de Gonzalo García, destinado a convertirse en la referencia ofensiva del proyecto. El Fulham habría pagado entre 40 y 42 millones de euros por aproximadamente el 70% de sus derechos, mientras el Madrid mantiene una participación sobre una futura venta y una posición preferente ante un posible regreso.

Junto a él aparece César Palacios, uno de los talentos más destacados del Castilla y otro futbolista que creció bajo la supervisión directa de Arbeloa. Su operación se sitúa alrededor de los ocho o diez millones, nuevamente con el Real Madrid conservando cerca del 30% de una futura venta.

El técnico también exploró las situaciones de Franco Mastantuono y otros jóvenes con pasado madridista, aunque no todas las opciones avanzaron. La idea, en cualquier caso, resulta evidente: incorporar talento joven, técnicamente preparado y con margen de crecimiento antes de que alcance un precio inaccesible para un club de la dimensión del Fulham.

El modelo beneficia a todas las partes. Arbeloa recibe jugadores en los que confía; los canteranos encuentran los minutos que difícilmente tendrían en el Bernabéu; el Fulham incorpora talento con potencial de revalorización, y el Real Madrid obtiene ingresos sin romper completamente el vínculo con sus futbolistas.

Súmate a El Plural

Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos.

hazte socio

 

Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora