Cada temporada, el calendario de clubes se detiene varias veces para dejar paso a las selecciones nacionales. Durante esos días desaparecen las grandes ligas, muchos equipos pierden a buena parte de sus futbolistas y los entrenadores cruzan los dedos para que todos regresen sin lesiones. La discusión no es nueva, pero vuelve a cobrar fuerza cada vez que llega una ventana internacional: ¿hay demasiados parones de selecciones durante el curso?
El calendario de 2026 introduce precisamente un cambio importante en ese sentido. FIFA ha sustituido las tradicionales ventanas separadas de septiembre y octubre por un único periodo de 16 días entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, durante el que cada selección puede disputar hasta cuatro partidos. Después habrá otra ventana, del 9 al 17 de noviembre, con un máximo de dos encuentros. En marzo y junio también están contemplados periodos de nueve días para disputar dos partidos.
La medida reduce el número de interrupciones, pero no necesariamente la cantidad de fútbol internacional. En Europa, por ejemplo, las cuatro primeras jornadas de la Nations League se disputarán entre el 24 de septiembre y el 6 de octubre. La diferencia está en cómo se reparte esa carga. En lugar de detener las competiciones de clubes en septiembre y volver a hacerlo pocas semanas después en octubre, ahora se concentra buena parte de la actividad internacional en un solo bloque.
Ese modelo abre otra discusión. ¿Es preferible tener menos parones aunque sean más largos? Para los clubes supone evitar interrupciones continuas cuando la temporada apenas está tomando velocidad, pero también significa perder durante más de dos semanas a buena parte de sus plantillas. Para los jugadores internacionales, además, puede implicar disputar hasta cuatro encuentros con su selección en un periodo relativamente corto antes de regresar inmediatamente a sus compromisos con el club.
El problema forma parte de una cuestión mucho más amplia. El calendario futbolístico ha crecido durante los últimos años con nuevas competiciones, formatos ampliados y un número cada vez mayor de partidos. En ese contexto, los encuentros de selecciones compiten por encontrar su espacio sin reducir el peso de las ligas nacionales y los torneos europeos.
También existe el argumento contrario. Las selecciones necesitan ventanas suficientemente amplias para disputar clasificatorios y competiciones como la Nations League, y reducir demasiado esos periodos podría obligar a concentrar todavía más partidos o dificultar la preparación de grandes torneos.
FIFA ya ha optado por agrupar septiembre y octubre en una única ventana a partir de 2026, pero el debate permanece abierto. Quizá la cuestión ya no sea únicamente cuántos partidos de selecciones deben jugarse, sino cuántas veces debe detenerse la temporada para disputarlos. Y tú, qué opinas? ¿Debería reducirse todavía más el número de parones internacionales durante la temporada?

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