Desde su implantación, el VAR se ha convertido en uno de los elementos más discutidos del fútbol moderno. La tecnología llegó con un objetivo aparentemente sencillo: ayudar a los árbitros a corregir errores claros en acciones decisivas, como goles, penaltis, tarjetas rojas directas o posibles casos de identidad equivocada.
Sobre el papel, los datos apuntan a que ha conseguido parte de ese propósito. En la Premier League, por ejemplo, el panel independiente que analiza las decisiones arbitrales determinó que durante la temporada 2024/25 los árbitros acertaron en el 86% de las acciones clave antes de la intervención del VAR, porcentaje que ascendió hasta el 97% una vez utilizada la tecnología. Además, los errores atribuidos al propio VAR bajaron de 31 a 18 respecto a la temporada anterior.
Sin embargo, más aciertos no necesariamente significan una mejor experiencia para el aficionado. Las largas esperas para celebrar un gol, los fueras de juego decididos por márgenes mínimos o la diferente interpretación de jugadas similares han alimentado las críticas. Uno de los principales reproches es que, pese a disponer de numerosas cámaras y repeticiones, muchas decisiones continúan dependiendo del criterio humano.
Las competiciones han tratado de corregir algunos de estos problemas. La Premier League, por ejemplo, ha incorporado la tecnología semiautomática para detectar el fuera de juego, que permitió reducir en unos 27 segundos el tiempo empleado en estas revisiones, y ha introducido anuncios de los árbitros dentro de los estadios para explicar determinadas decisiones después de consultar el VAR.
El sistema, además, continúa evolucionando. La IFAB sigue modificando y aclarando el protocolo del VAR, y durante el Mundial de 2026 ha probado nuevas situaciones en las que puede intervenir, con el objetivo de estudiar posteriormente si se incorporan de manera permanente a las reglas del juego.
Casi una década después de que comenzara a extenderse por las grandes competiciones, el debate sigue abierto. Para algunos aficionados, el VAR ha hecho el fútbol más justo y ha reducido errores que antes podían decidir campeonatos. Para otros, ha restado espontaneidad, no ha acabado con las polémicas arbitrales y ha transformado incluso algo tan básico como la celebración de un gol.
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