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El Regate

Donovan Mitchell y un 'prime' que necesita de un anillo para consolidarse en la historia del baloncesto

El escolta de los Cavaliers, de excelsas capacidades anotadoras, tiene que hacerse con un título de campeón de la NBA para dar a su nombre la relevencia que merece en el deporte de la canasta

El jugador de los Cleveland Cavaliers, Donovan Mitchell, durante un partido de la pasada temporada

El jugador de los Cleveland Cavaliers, Donovan Mitchell, durante un partido de la pasada temporada

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Escasos son los jugadores que pueden hacer 60 puntos sobre una cancha de baloncesto, menos aún los llamados a superar los 70 y dejando, de camino, hasta 11 asistencias. Desde que fuera drafteado por los Utah Jazz, Donovan Mitchell ha demostrado unas capacidades anotadoras que rápidamente lo llevaron a estar especialemente bien considerado en la NBA. Un juego que el suyo que combina la efectividad del tiro exterior con la valentía de lanzarse a canasta penetrando sin temor a las rocosas torres que protegen los aros de esta competición baloncestística. Todo ello, unido a unas capacidades atléticas que le permiten no solo superar los 65 partidos en casi todas las temporadas que ha disputado en la liga estadounidense y llegar a los play-offs en buena forma, sino también marcar la diferencia por la fuerza con la que es capaz de impactar contra sus rivales y los saltos que le elevan por encima del aro dejando cada curso sendos posters que quedan para una galería nada desdeñable. 

Las dos primeras temporadas de Mitchell en la NBA ya dejaron ver las cualidades que este escolta tenía para desplegar. Un año de rookie en el que ya promedió más de 20 puntos por partido y un curso, recordando a los All-Star de hace más de una década, el de sophomore en el que ya se plantó en casi 24. A partir de ahí, los registros anotadores del de Elmsford no dejaron de ascender, llegando a hacer una media por encuentro superior a los 28 puntos y posicionándose como uno de los mejores talentos de la competición.

Vivió años de bonanza en Utah, donde compartió plantilla con Ricky Rubio y Rudy Gobert, conformando un trío que sería capaz de hacer un gran papel en los play-offs hallando descomunales versiones de Mitchel en las eliminatorias, aunque no pudiendo emular los tiempos de Malone y Stockon. 

Donovan defendió intensamente los colores de los Jazz durante cinco temporadas, siendo su principal espada. Ahora bien, en esta NBA de extrañas decisiones y movimientos improbables que finalmente tienen lugar, Mitchell no terminó saliendo de Utah como agente libre, sino por un traspaso en el que, eso sí, saldría ganando al llegar a un equipo que le otorgaría mayores oportunidades competitivas que su anterior franquicia.

El escolta viene hallando desde el 2022 su mejor versión en los Cleveland Cavaliers, coincidiendo con el prime que, por edad, suele darse entre los 25 y los 30 años. La escalada que ha experimentado Donovan Mitchell en su juego ha sido constante, liderando un proyecto, tras el vacío que dejó Lebron James con su marcha, que ha tenido la capacidad de volver a ser competitivo y que, a día de hoy, es un rodillo en temporada regular y en el curso pasado se plantó en Finales de Conferencia. 

En estos últimos años en los Cavaliers, Mitchell ha alcanzado su mejor versión dejando actuaciones para el recuerdo, como los 71 puntos que endosó a los Chicago Bulls, y metiéndose en más de una ocasión en la carrera por el MVP. Sin embargo, ante el enorme talento que atesora la liga, por muy buenas que fueran sus temporadas, la superioridad de Gilgeous-Alexander, Jokic o Doncic le hacían ver lejos este trofeo que le definiría como el mejor jugador del mundo. 

Es por ello que, a sus 30 años, el escolta llega a un punto clave de su carrera. A nivel histórico, su nombre se encuentra, podría decirse, en una especie de incómodo punto intermedio por el cual será recordado en la historia del baloncesto, pero quedando a la sombra de los grandes nombres concebidos como talentos generacionales que se sitúan en la cima de este deporte. El MVP sigue siendo, a día de hoy, salvo una explosión absoluta en este curso que lleve su juego a un nivel todavía superior, un título que se le seguirá escapando de las manos. De ahí que hacerse con un anillo de la NBA se torne clave para ser recordado, al menos, a un nivel cercano al de su compañero de equipo, James Harden, a quien no disponer de un campeonato en su vitrina no evitará que su nombre ocupe capítulos destacados en la historia del baloncesto. 

La oportunidad se presenta para Mitchell. Los Cavaliers disponen de una plantilla más que apta para hacerse con el anillo. La llegada de Harden la pasada temporada ya marcó un punto de inflexión al que ahora se suma la incorporación de un talento en ciernes como el de Peyton Watson. Si hay un momento para escalar en el recuerdo colectivo es este. Alcanzar la treintena es un punto clave para la carrera de los jugadores. La trayectoria todavía puede extenderse unos años, pero el final, salvo casos como el de LeBron o Durant, habitualmente comienza a verse más cerca que lejos, además de que el nivel suele haber llegado a su punto máximo y la caída, más rápida o más lenta, suele comenzar a partir de ahí.  

Como se viene pudiendo ver a lo largo de estos años, Mitchell tiene el nivel para alcanzar el anillo si dispone de un equipo que le ayude a ello. La mala suerte para él ha sido coincidir en el tiempo con los jugadores a los que enfrenta en las rondas eliminatorias, siendo algunos de los mejores de la historia del baloncesto. En otro tiempo, el escolta habría logrado probablemente al menos un MVP, pero vive en la época actual en la cual, si desea que su nombre quede marcado, ha de jugar un papel de líder en los Cavaliers y ser determinante en la obtención de un anillo, el cual agrandaría más su legado al ser solo el segundo con el que se harían en Cleveland en toda su historia tras el logrado por LeBron, Irving y Love en el 2016.

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