Las preguntas sobre Gianni Infantino ya han atravesado las puertas de FIFA. El problema es que, según denuncia Dinamarca, tampoco dentro de la organización están encontrando respuesta. El presidente de la Federación Danesa de Fútbol (DBU), Jesper Møller, acudió la pasada semana a una reunión del Comité Legal con la intención de obtener explicaciones sobre FIFA Forward Enterprise (FFE), el polémico proyecto impulsado durante la presidencia de Infantino para crear una nueva sociedad comercial y abrir parte del negocio de la organización a inversores privados.

El dirigente danés salió del encuentro prácticamente como había entrado. Según su relato, FFE ni siquiera aparecía inicialmente en el orden del día, por lo que fue él mismo quien llevó el asunto hasta la reunión y planteó varias cuestiones sobre un proceso que Copenhague considera todavía sin esclarecer. “Naturalmente, aproveché la reunión para plantear una serie de preguntas críticas sobre el proceso, que sigo considerando profundamente criticable”, explicó después. Møller aseguró además que resultó “imposible obtener respuestas” y que las cuestiones han terminado remitidas a la próxima reunión del Consejo de FIFA, prevista para octubre.

El episodio introduce un nuevo elemento en una crisis que lleva semanas creciendo alrededor de Infantino. Hasta ahora, buena parte del debate se había centrado en por qué FIFA Forward Enterprise llegó tan lejos antes de ser retirado y en la oposición de varias federaciones europeas. Ahora emerge otra pregunta: qué ocurre cuando quienes exigen explicaciones intentan buscarlas dentro de las propias estructuras de FIFA.

Las preguntas que FIFA Forward Enterprise dejó abiertas

FIFA Forward Enterprise pretendía cambiar de forma sustancial la explotación comercial de algunos de los principales activos de la organización. La propuesta contemplaba la entrada de capital privado mediante una nueva estructura empresarial y provocó una reacción especialmente dura en Europa, donde las 55 federaciones de UEFA terminaron mostrando su rechazo al proyecto.

Dinamarca se situó desde el principio entre las voces más críticas. Møller llegó a advertir a finales de julio de que introducir inversores privados en esa estructura suponía entrar “en el corazón de FIFA”. La presión terminó obligando a Infantino a retirar la propuesta el 1 de agosto, pero la decisión no cerró el conflicto.

Solo cinco días después, el presidente de la DBU reclamó a FIFA una explicación completa del proceso y toda la documentación relevante relacionada con FFE. Dinamarca quería saber hasta dónde había avanzado el proyecto, quién había participado en su diseño y qué órganos de la organización habían sido informados antes de que la propuesta desembocara en una rebelión interna. Las disculpas posteriores de FIFA tampoco cambiaron su posición.

La tensión dio otro salto el 21 de agosto. La dirección de la federación danesa acordó por unanimidad que Infantino debía abandonar la presidencia, al considerar que la retirada de Forward Enterprise no bastaba para reparar la pérdida de confianza. Desde entonces, Møller ha mantenido abierta una ofensiva política que no se limita ya al proyecto empresarial, sino que apunta directamente a la forma en la que se toman las decisiones en la cúspide del fútbol mundial.

La reunión del Comité Legal aparecía, por tanto, como una oportunidad para obtener parte de esas explicaciones. De ahí que Møller haya puesto el foco también en que el asunto no estuviera inicialmente previsto en el encuentro. El dirigente sostiene que un proyecto con semejantes implicaciones jurídicas debería haber pasado por este órgano, aunque conviene mantener una cautela importante: es Dinamarca quien plantea esa interpretación y FIFA no ha detallado públicamente hasta qué punto intervino el Comité Legal durante la elaboración de FFE.

El laberinto interno para pedir cuentas a Infantino

La siguiente parada será en octubre y conduce directamente al núcleo político de FIFA. Las preguntas de Dinamarca han sido trasladadas al Consejo de FIFA, el principal órgano de decisión de la organización entre congresos y una estructura integrada por 37 miembros: el presidente, ocho vicepresidentes y otros 28 representantes.

El detalle que inevitablemente acompaña a esta historia es que ese Consejo está presidido por el propio Infantino. Eso no significa que el dirigente pueda decidir unilateralmente qué respuestas recibe Dinamarca ni que controle individualmente el voto de sus integrantes, pero sí retrata la peculiar arquitectura de una organización en la que las dudas sobre una iniciativa promovida bajo una presidencia terminan desembocando en un órgano encabezado por ese mismo presidente.

Por eso conviene distinguir las diferentes estructuras internas. El conflicto abierto por la DBU no equivale, al menos por ahora, a una investigación de la Comisión de Ética. Este organismo forma parte de los órganos judiciales independientes de FIFA y tiene competencias específicas para estudiar posibles infracciones del Código Ético. El Consejo, el Comité Legal o la secretaría general ocupan espacios distintos dentro del funcionamiento de la organización.

Lo que Dinamarca está planteando es, antes que nada, una cuestión de gobernanza y transparencia. Quiere conocer quién conocía FFE, qué controles atravesó, qué órganos fueron consultados y cómo una propuesta de semejante alcance pudo avanzar hasta provocar el rechazo frontal de buena parte del fútbol europeo. Más de un mes después de su retirada, esas preguntas siguen formando parte del enfrentamiento con la presidencia.

El propio relato de Møller añade además otro problema. Si un dirigente integrado en las estructuras de FIFA asegura que no consigue obtener respuestas dentro de uno de sus comités, la discusión deja de centrarse únicamente en Forward Enterprise y empieza a afectar a la capacidad real de los mecanismos internos para esclarecer las decisiones de la dirección.

La rebelión europea contra Infantino gana aliados

La ofensiva danesa tampoco se desarrolla ya en solitario. El pasado 10 de septiembre, la Federación Francesa de Fútbol (FFF) retiró por unanimidad su apoyo a la reelección de Infantino y reclamó una “reforma fundamental” de la gobernanza de FIFA. El movimiento tuvo un peso especial porque Francia había respaldado anteriormente la continuidad del presidente.

La elección está prevista para el 18 de marzo de 2027 en Rabat y diferentes federaciones europeas han comenzado a tantear la posibilidad de levantar una candidatura alternativa. Dinamarca ya ha anunciado que trabajará para encontrar un rival capaz de disputar la presidencia al dirigente italo-suizo.

Sin embargo, el crecimiento de la oposición europea no significa que Infantino esté cerca de perder el cargo. Las informaciones conocidas hasta ahora apuntan a que mantiene una amplia red de apoyos fuera de Europa, especialmente entre federaciones africanas, sudamericanas, oceánicas y asociaciones de menor peso internacional. La dificultad para construir una mayoría alternativa está llevando incluso a algunos de sus adversarios a mirar más allá de las elecciones.

Ahí aparece otra batalla con recorrido: no solo quién ocupa la presidencia de FIFA, sino cuánto poder debe concentrar ese puesto y qué contrapesos existen para fiscalizar sus decisiones. El caso Forward Enterprise ha proporcionado a sus críticos un argumento para abrir esa discusión y la reunión del Comité Legal no parece haberla cerrado.

Møller llegó buscando respuestas y salió con una nueva cita en el calendario. En octubre será el Consejo de FIFA quien tenga que abordar las cuestiones que Dinamarca considera pendientes. Para entonces, la crisis ya estará mirando de frente a las elecciones de 2027 y la organización tendrá que responder a algo más amplio que el futuro de un proyecto empresarial: cómo se adoptan las grandes decisiones en FIFA y quién puede exigir explicaciones cuando esas decisiones parten de su propia cúpula.

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